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De la Diada al 1 de octubre

Los pueblos de España tienen que entender que el 1-O es el verdadero desafío al régimen del 78

La Diada conmemora la voluntad de preservar el largo legado de luchas en defensa de las conquistas sociales y de las libertades nacionales de Cataluña. En esta fecha evocamos el coraje de una población que resistió casi dos años el asedio feroz de las tropas borbónicas. Y, de igual manera, se nos hace presente el espíritu de sacrificio en la defensa del régimen constitucional catalán tan admirado por europeos contemporáneos como Voltaire.

Sin embargo, el pueblo catalán, a pesar de la derrota y la ocupación, se ha alzado repetidas veces a lo largo de la historia. Son ejemplo las sentencias "Lo hemos hecho porque somos libres, porque somos catalanes" y "Esta es una acción contra la tiranía que ha usurpado unos terrenos que pertenecían a la gente", pronunciadas por los milicianos barceloneses que en 1841 derrocaron la Ciutadella, fortaleza que encarnaba un símbolo de opresión similar a la Bastilla para los parisinos de 1789.

Nuestro pueblo, cansado de ser humillado por un régimen caduco y corrupto, convertirá las dos fechas en estallidos de dignidad colectiva contra el autoritarismo y el abuso de poder

Uno de los primeros teóricos del catalanismo republicano de izquierdas, Roca i Ferreras, vivió el episodio de 1841 en primera persona. Aquella reacción espontánea del pueblo contra la muralla era -para él- una prueba más de su naturaleza indomable. Y de que la lucha nacional provenía de un pueblo que convertía la lucha social y nacional en una misma causa.

Un siglo y medio después, volvemos a vivir momentos excepcionales como país. La lista de agravios vuelve a ser larga. Desde la Loapa en 1982 hasta la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatut refrendado por la ciudadanía catalana. Desde entonces, la mayoría del país reclama la palabra que le quitaron y ya no para decidir la fórmula de integración en el Reino de España sino para decidir si forma parte de él o no.

Cada Diada se ha convertido en una demostración de fuerza para hender los muros levantados por el régimen del 78. En toda Europa, de hecho, ninguna movilización de masas ha sido capaz de hacer presentes cientos de miles de personas. Y este año, como en el 1841, serán las clases populares que estarán en la calle. Porque la movilización ha sido patrimonio de la sociedad civil: gente trabajadora, sencilla y humilde; gente nacida en Cataluña y gente venida hace años de tierras de España o hace poco de todo el mundo. En definitiva, gente con identidades y orígenes múltiples, convencida de que sólo una ruptura democrática puede permitir construir una República Catalana, independiente o asociada al resto de pueblos del Estado.

Pero no debemos engañarnos. La clave del futuro del país está en la capacidad de entendimiento de las diferentes fuerzas del catalanismo republicano. Por eso, ahora hay que poner en valor todo lo que une a los que reivindicamos la ruptura con el régimen del 78 y el ejercicio del derecho a la autodeterminación. Unidad de acción ante poderosos adversarios, que tienen toda la fuerza de un estado a su servicio. Y que no dudarán, si es necesario, a recurrir a ella. En este sentido, conviene recordar que los mejores momentos del catalanismo han surgido cuando se ha producido este entendimiento. Así fue con la proclamación de la República Catalana del fundador de ERC Francesc Macià en 1931 o con la Asamblea de Cataluña bajo la hegemonía del PSUC en los años 70.

Este 11 de septiembre se abrirá una puerta que nos conducirá directamente al momento excepcional del 1 de octubre. Nuestro pueblo, mayoritariamente indignado y cansado de ser humillado por un régimen caduco y corrupto, pero a la vez ilusionado, convertirá las dos fechas en estallidos de dignidad colectiva contra el autoritarismo y el abuso de poder. Expresiones de radicalidad democrática, sin duda, que nos permitirán avanzar en la conquista de la soberanía nacional plena y de todas las soberanías que necesitamos para poder garantizarnos vidas dignas. Vidas dignas, sí, y solidarias con todos los pueblos ibéricos y del mundo, para que nuestra causa no es otra que la del género humano.

Los pueblos de España tienen que entender que el 1-O es el verdadero desafío al régimen del 78. Lo recordaba recientemente el galleguista Xosé Manuel Beiras. El reto proviene de Cataluña pero quiere ser un estímulo para romper cerraduras en otros lugares. Todas las revueltas catalanas a lo largo de la historia, de hecho, lo han sido. Bajo esta idea de fraternidad, debemos hacernos dignos de la responsabilidad histórica que nos ha tocado vivir y las izquierdas españolas también deben ser conscientes de ella.

Saldremos a la calle y, un año más, haremos que la Diada sea multitudinaria. Una Diada para recordar que los derechos no se regalan. Se conquistan con perseverancia y sin tutelas de nadie. Una Diada de los hombres y mujeres soberanistas que queremos una ruptura democrática como paso previo para crear una República Catalana. Para unos, una República Catalana independiente. Para otros, una República Catalana federada o confederada a la española.

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