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Emmanuel y Brigitte, un tándem perfecto que se lleva 24 años

El nuevo presidente de la República Francesa y su mujer, 24 años mayor que él, han sabido capitalizar su particular historia de amor para llegar al Elíseo. Su relación ha sido una carrera de obstáculos que comenzó cuando él era alumno de ella en un instituto jesuita de Amiens, una ciudad del norte de Francia

Que en campaña la imagen juega un papel tan importante como las propuestas programáticas, a estas alturas lo hemos aceptado todos irremediablemente. Quizá por eso Emmanuel Macron, el flamante nuevo presidente de la V República Francesa, tuvo claro desde el principio que en su carrera hacia el Elíseo debía ser perfecto en este sentido y que, por ello, no podía ser ortodoxo. Era un contrasentido que un político reformista hiciera lo mismo que habían hecho todos lo demás antes que él. Y así ha sido. Uno de los ejemplos más claros: la presentación pública de su vida privada.

Y es que Macron, que cumplirá 40 años en diciembre, tenía una historia personal susceptible de ser interpretada por el gran público como un fuerte elemento de credibilidad respecto de sus ganas de cambiar las viejas inercias del país galo: su esposa, Brigitte. Una mujer 24 años mayor que él que fue su profesora y con la que se terminó casando, después de que ella se deshiciera de su matrimonio con un hombre con quien tiene tres hijos y él se deshiciera de la oposición de sus padres a la relación. La historia de un amor prohibido por el que él luchó siempre y que es una buena muestra de que el ya presidente es un hombre con determinación y que no se detiene cuando sabe que el objetivo es lícito. Tan claro vieron el resultado de la ecuación, que la pareja nunca se ha negado a hablar de su relación con los medios, que sabían que adorarían esta novela.

Quiere institucionalizar el papel de la primera dama

Lejos de la gran mayoría de candidatos hombres en elecciones presidenciales, Macron no ha hecho campaña solo. El líder de En marcha ha hecho la campaña con su mujer al lado y no detrás, como él ha explicado cuando se le ha preguntado. "Tendrá un papel, ni detrás ni escondida, sino a mi lado, donde siempre ha estado", decía el político en campaña en relación a su mujer, que ha generado tanta expectación en Francia que ya ha sido portada de 'Paris Match' hasta cinco veces. Una decisión firme que rompe con lo visto hasta ahora, donde las esposas de los candidatos tenían un papel residual. Un hecho que Macron ha cambiado 'de facto' durante la campaña y que se ha comprometido a cambiar aún más una vez en el poder.

En una reciente entrevista en la cadena TF1, dejó claro que si ganaba daría "una función pública" a la primera dama francesa -lo que no tiene previsto su Constitución- porque quiere "salir de la hipocresía francesa". "Ella podrá elegir qué quiere ser. [...] Cuando uno es elegido presidente de la República y vive con alguien, cede sus días y sus noches, cede su vida privada. Por lo tanto, es imprescindible que la persona que vive con nosotros pueda tener un papel y que sea reconocida por este papel", explicó. Buena muestra que la consideración por su mujer es mayúscula y, por eso mismo, resulta bastante diferente de casos como el de EEUU, donde Melania Trump ni siquiera vive en la Casa Blanca. Y parece que no tiene ninguna gana.

En la foto y preparando la foto a la vez

Y es que el peso de Brigitte en la campaña de Macron ha sido muy grande. No sólo ha estado a su lado, y no dos pasos por detrás, sino que ha estado permanentemente atenta a todo lo que sucedía. Con el ordenador abierto, tomando notas y ayudándole a estar siempre al máximo nivel. A enseñar su mejor perfil. Brigitte ha estado en la foto y gestando la foto simultáneamente. Así lo explican a 'Le Monde' en un artículo titulado 'Brigitte, la acompañante presidencial': "[Ella] es el medio de transmisión, consejera, supervisora de la agenda, del horario... 'Emmanuel, vamos ', le dice al final de los mítines, cuando él se entretiene demasiado. Durante todo el día apunta en su portátil lo que siente, sus ideas y sus sugerencias. Y cada noche, es un ritual, ambos hacen un 'debriefing'". Un poderoso papel de jefa de gabinete que confirma en cierto modo unas palabras de la madre del ya presidente a la periodista Anne Fulda para su libro 'Emmanuel Macron, un jeune homme si parfait' [Emmanuel Macron, un joven tan perfecto]: "Laetitia Casta podría desnudarse delante de él, que no le importaría. Entre Emmanuel y Brigitte hay un amor completamente fusional".

Un extremo expresado gráficamente por la madre de Macron que se adivina acertado si se analiza su historia conjunta, embargada por una fascinación mutua que ha vencido todos los obstáculos. O al menos así de épicamente lo han conseguido presentar en campaña. Macron tenía 16 años y Brigitte, de 40, le hacía de profesora de lengua francesa en el Liceo jesuita de Amiens donde iba aquel estudiante brillante. Ella, proveniente de una familia rica dedicada a la exportación de chocolate a nivel mundial, quedó admirada por la inteligencia del joven, al que -explican los compañeros de clase- siempre ponía como ejemplo a seguir ante el resto. Él también quedó admirado de ella, de su pasión por la docencia y de su cultura.

París tenía que disolver ese amor prohibido

No pasó mucho tiempo hasta que la admiración pasó a ser amor, un amor frustrado porque ella era su profesora y porque estaba casada y tenía tres hijos. Sin embargo, él lo tenía todo decidido. "Algún día volveré y me casaré con usted", dice la leyenda que le soltó el joven, que se fue a estudiar a París por algún motivo que nunca ha sido aclarado. Algunos dicen que ir a estudiar a París fue instigado por ella, que quería verle triunfar en la mejor escuela de la capital, y otros dicen que fue obligado por sus padres, que utilizaron esta carta para ver si se frustraba un amor que les incomodaba mucho en aquel pequeño pueblo del norte de Francia.

En cualquier caso, Macron volvió a cumplir su promesa y ella aceptó como pareja a aquel joven licenciado en filosofía que terminaría trabajando de banquero en la banca Rothschild. Más tarde se separó del hombre del que aún lleva el apellido -Trogneux- y explicó a sus tres hijos que tendría una pareja que tenía la misma edad que su hija mediana. Un hecho que parece que no les traumatizó mucho, si tenemos en cuenta el gran apoyo que le han dado en esta campaña, y que los siete nietos de Brigitte lo consideran su abuelo, tal como él explicó. En 2007 se casaban, después de años de relación, ante un grupo de amigos en la mansión de la familia de ella, donde muchos años atrás se había casado con el padre de sus hijos, juez de profesión.

Capitalizar una historia de amor atípica

De momento, una historia que algún político habría temido que le pudiera hacer perder votos por demasiado atrevida o demasiado polémica, ellos la han sabido capitalizar. Habrá que ver cómo funciona ahora su unión una vez alcanzado el poder. Sin embargo, hay que recordar que a ellos las turbulencias no les hacen mucho daño, vengan en forma de prejuicio social -que quizás no habría existido si su diferencia de edad hubiera sido la misma pero la joven hubiera sido la mujer y el más maduro el hombre- o de rumor nunca confirmado sobre la posible homosexualidad de Macron y su relación con el presidente de Radio France, Mathieu Gallet. Macron lo desmintió en un mitin y, obviamente, incluyó a Brigitte en sus palabras. "Esto es ofensivo para Brigitte", dijo.

Parece, por tanto, que la unión no se ha disuelto en ningún momento a lo largo de los 24 años que llevan juntos. De hecho, se ha hecho más fuerte desde que ella en 2015 dejó su pasión, la docencia, para dedicarse completamente a la carrera de él. ¿Quería terminar de gestar la obra que había comenzado hace 24 años? Puede ser. O tal vez durante los próximos cinco años descubriremos que las ambiciones conjuntas de la pareja son aún más elevadas. Lo que está claro es que Brigitte es mucho más que la esposa del presidente de Francia. Qué es exactamente, estamos a punto de descubrirlo.

Una modelo internacional 'al rescate' de un presidente divorciado en el Elíseo

Emmanuel Macron y su mujer, Brigitte, tienen detrás una historia atípica que los hace muy diferentes a lo que la mayoría de la gente asocia como mayoritario o estándar. Sin embargo, entre los últimos jefes de estado franceses no ha sido el modelo familiar más ortodoxo lo que ha triunfado. Al contrario, el Elíseo siempre ha sido un espacio que ha dado mucho de sí en cuanto a las vidas amorosas de sus huéspedes.

En 2007 llegaba Nicolas Sarkozy de la mano del partido de Los Republicanos. Tenía 52 años y una mujer desde hacía once años, la ex modelo Cécilia Ciganer Albeniz, que sólo estuvo en el citado palacio unos meses. Llegó en mayo y en octubre presentaban los papeles del divorcio. Se resolvía así un contrato a nivel legal, y al tiempo mediático. Los últimos tiempos se habían sido infieles y eso no desaparecía firmando los papeles del divorcio. Sarkozy lo sabía a ciencia cierta, porque ya se había separado una vez. Pero no por ello adoptó un perfil discreto.

Dos meses después de cerrar su segundo matrimonio, el entonces presidente de la República era pillado en un parque de atracciones próximo a París con la modelo internacional Carla Bruni -entonces de 39 años-, una noticia que traspasó las fronteras francesas. Dos meses más tarde Sarkozy y Bruni se casaban en el mismo Palacio del Elíseo. El matrimonio tuvo una hija, Giulia, tres años después de casarse y antes de que acabara el mandato de él como presidente.

Pero aunque los pasos que hacía Sarkozy parece que querían calmar las aguas de cara la galería, la prensa seguía su propio curso. Haberse casado y querer ser padres no eclipsaba otras historias que supuestamente tenían lugar en la pareja. El 'Daily Telegraph' publicó una historia en la que al presidente se le adjudicaba un romance con Chantal Jouanno, secretaria de estado de Ecología. Al mismo tiempo se publicaba también que Bruni se veía con el cantante Benjamin Biolay.

Las supuestas infidelidades parecían lógicas para los que veían en el matrimonio exprés de Sarkozy una tapadera para tener una imagen pública de acuerdo con su 'target' conservador. En cualquier caso, la pareja sigue todavía la relación. No se puede descartar el amor ni tampoco que Sarkozy aún tenga alguna pretensión política. A pesar de sus escándalos, nunca ha superado la doble familia de François Mitterrand, dos mujeres con sus respectivos hijos que se encontraron cara a cara el día de su entierro.

Las tres mujeres de Hollande: una socialista, una periodista y una actriz

La socialista Ségolène Royal se enfrentaba a Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales de 2007 mientras su matrimonio con el padre de sus cuatro hijos hacía aguas. Llegó el día de los comicios y al mismo tiempo que los perdía desaparecía el único motivo que le quedaba para sostener su matrimonio. Un mes después de que Sarkozy se instalara en el Elíseo, ella y François Hollande se separaban.

Tras meses de especulaciones, llegaba a la escena pública Valérie Trierweiler, una periodista por la que Hollande habría dejado a Royal. Era madre de tres hijos con dos maridos y Hollande era su tercer gran amor. Mientras Royal desaparecía de escena -después de publicar un libro al respecto...-, Trierweiler consolidaba poco a poco su relación. Llegaron juntos al 2012 y el político decidió presentarse a las elecciones presidenciales contra Sarkozy, que quería revalidar el cargo. Hollande ganó y Trierweiler y él se trasladaron al Elíseo. No se habían casado -tampoco con Royal durante los 30 años que compartieron y eso causó que algunas voces se preguntaran si técnicamente se la podía considerar primera dama.

En cualquier caso, este no sería el principal problema de Trierweiler. A principios de 2014 Hollande le confesaba que se estaba viendo con la actriz Julie Gayet, de 41 años entonces. Trierweiler sufrió un ataque de ansiedad que la llevó más de 10 días al hospital. Hollande le avisó porque sabía que la revista 'Closer' sacaría un reportaje de él encontrándose con Gayet en un apartamento de París. 'Closer' multiplicó por 700 las visitas a su web aquellos días.

A partir de entonces estalló un escándalo político mayúsculo porque no había ninguna certeza de quién era la primera dama de Francia. Tanto fue así que en el Parlamento francés un diputado de la oposición planteó si Trierweiler tenía derecho o no a seguir disponiendo de fondos públicos, personal a su servicio y un despacho en el Elíseo, ya que el presidente mantenía otras relaciones.

Finalmente, y no sin algunos ataques de furia relatados en los medios, Trierweiler salió del palacio presidencial. En su lugar, sin embargo, no entró nadie más. Gayet nunca ha sido primera dama ni nunca ha ejercido como tal. De hecho, informaciones recientes apuntan que la relación con Hollande ya se habría acabado.

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