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EL APUNTE

Familia busca negocio respetable

Marine Le Pen no es impetuosa como el padre, es directa y de soluciones expeditivas, pero se distancia del FN, plagia palabras de la derecha moderada e intenta seducir con piel de cordero

Cuando llegabas al castillo de Montretout, en las afueras de París, un gran muro de piedra y una puerta de hierro te separaban del jardín asilvestrado de un chateau decadente que un día perteneció a Napoleón III. La guardia de corps permitía el acceso del periodista para entrevistar al patriarca, que llegaba acompañado de unos perros con cara de skinhead atravesando la sala de aquella magnífica herencia de un empresario afecto al Frente Nacional.

Entrevistar Jean-Marie Le Pen consistía en darle cuerda. Intentaba medir las palabras pero era exuberante, irradiaba su machismo, su homofobia, el antisemitismo y el odio a los inmigrantes. Consideraba que Pétain no era un traidor, que las cámaras de gas eran un "detalle" de la Segunda Guerra Mundial y calificaba a los gitanos de "presencia irritante y maloliente". Las palabras del Menhir, como lo llamaban en el partido, inspiraron primero e incomodaron después a su heredera, Marine.

Ella bebe del ideario de extrema derecha pero intenta a la vez seducir a los gaullistas que quieren hacer carrera y a los obreros herederos del Partido Comunista francés que ya comenzaron a acercarse a su padre. La Francia "que se levanta temprano" se dirige a los que tienen miedo. Miedo de los inmigrantes, miedo de la inseguridad, del terrorismo, del paro, de la pérdida de derechos sociales, de la desaparición del mito de la magnitud. Marine no es impetuosa como el padre, es directa y de soluciones expeditivas, pero se distancia del FN, plagia palabras de la derecha moderada e intenta seducir con piel de cordero. Busca respetabilidad.

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