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Geografías de la liberación

No busquemos guías, seamos cartógrafos. Dibujemos nosotros los mapas del tesoro. Para ello necesitaremos brújulas. Referencias compartidas capaces de reimantar el presente

Los que tenemos poco sentido de la orientación necesitamos mapas. Actualmente, sin embargo, es la humanidad entera quien necesita redibujar sus mapas. Hemos visto el globo, azul, desde más allá del cielo. Conocemos cada píxel del planeta desde las pequeñas pantallas de nuestros utensilios tecnológicos. Pero no sabemos dónde vamos. Por ello renacen los líderes y los gurús. Hombres de voz fuerte y cabellos insolentes. Vendedores de recetas. Salvadores de almas, de cuerpos, de pueblos y de planetas. En tiempos de desorientación, imponer un rumbo es muy fácil. Y seguirlo aún más. Como las ratas detrás del flautista, las sociedades vuelven a hacer filas persiguiendo hechizos.

Olvidamos, así, que los mapas se dibujan pisando la tierra y mirando las estrellas. Descubriendo, contrastando, explorando, la tierra se pone en movimiento y nosotros con ella. Cada paso redibuja un mapa inacabado. Reaprender a ver el mundo es hoy la tarea política principal que el sistema político oficial y sus voces mediáticas no sólo ignoran sino que sistemáticamente impiden. No busquemos guías, seamos cartógrafos. Dibujemos nosotros los mapas del tesoro. Para ello necesitaremos brújulas. Referencias compartidas capaces de reimantar el presente.

Nos dicen que puede pasar cualquier cosa, que estamos a las puertas de un futuro inimaginable. Y que nos preparamos, para lo peor o para lo mejor, pero sobre todo para adaptarse a ellos. No es verdad. Son argumentos premeditados para dejarnos en manos de los que saben muy bien donde quieren llevarnos. Pero todos tenemos manos y capacidad para imaginar y definir el sentido de lo que ocurre también. Y para cambiarlo. Lo que cuesta, hoy, es establecer relaciones porque es como si los parámetros de todo lo que conocíamos se hubieran descoyuntado. De aquí las posiciones reaccionarias, que buscan refugio en referentes conocidos e incuestionables. De aquí también los rebrotes autoritarios, animados por aquellos, cada vez más, que buscan una dirección clara. De aquí, finalmente, tantos síntomas de un malestar cada vez mayor, que a menudo se sufre de manera patológica, en silencio y en solitario.

Una de las causas más importantes de nuestra impotencia colectiva es, pues, la dificultad para establecer relaciones: entre lo que hacemos y sus consecuencias, entre lo que sabemos y lo que pensamos, entre la información y la realidad, entre el presente y el futuro, entre el yo y el nosotros, entre el aprendizaje y las capacidades reales, entre la vida privada y la vida pública... el filósofo francés Jean-François Lyotard celebraba, en un libro importante de 1979, La condición posmoderna, que por fin nos estábamos liberando del sentido único que las grandes narraciones históricas imponían a nuestra experiencia posible del mundo. Quince años después, su conciudadano Jacques Derrida comenzaba un libro sobre Marx retomando la frase, ya más angustiosa y fantasmal de Hamlet, "El tiempo está descoyuntado". Entre estos dos libros se inscribe el giro de nuestra actualidad: de la liberación a la desorientación. Quisiera aprender a vivir, dice Derrida en las primeras páginas, y es a la vez imposible y necesario.

Esta nueva serie de artículos mensuales que hoy empiezo propondrán brújulas que nos ayuden a movernos entre este imposible y ese necesario. Las brújulas son unos utensilios fascinantes. Lo que me gusta más es que la certeza con la que apuntan hacia un supuesto norte no borra los irregulares paisajes reales ni el temblor de la aguja, que se mueve con la inestabilidad de nuestro pulso al cogerla. Esta relación entre irregularidad, fragilidad y certeza puede hacer que un territorio amenazador se vuelva transitable y que dos puntos desconectados lleguen a relacionarse de una manera que tendremos que encontrar o inventar. La brújula no da todas las respuestas, sólo una indicación a partir de la cual establecer relaciones posibles entre lo necesario y lo que es imposible.

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