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Jordi Montero: "Detrás del dolor crónico lo que hay son emociones"

Neurólogo y autor de 'Permiso para quejarse', es un referente en el tratamiento y el estudio del dolor

Después de 40 años de práctica médica, el neurólogo Jordi Montero adquirió un compromiso con sus pacientes, a menudo incomprendidos: escribir un libro para ofrecer desde la neurología una nueva dimensión de un fenómeno tan complejo como es el dolor crónico. Mientras que el tratamiento del dolor agudo con fármacos "es uno de los grandes avances sociales", el dolor crónico, dice, "está mal entendido" y es "una verdadera cruz".

Los hay que piensan que las personas que sufren dolor crónico lo inventan.

Exacto. Una persona con dolor crónico durante años, a quien no se le encuentra el mal o que no tiene pero que, en cambio, tiene dolor, la medicina clásica tiende a desprestigiarla: dicen "no tiene nada", "hace comedia" o le ponen nombres como fibromialgia. Pero ahora hay técnicas que permiten ver la función cerebral, y con la nueva neurobiología del siglo XXI estamos viendo que estas personas tienen realmente dolor. Ni se quejan porque sí ni hacen comedia. Son personas que tienen dolor, pero se genera por una sensibilización especial en el cerebro, en las redes neuronales. Hay una memoria que se graba y notan dolor a partir de un estímulo determinado, de un tacto, de un recuerdo o de una vivencia.

¿Qué hay detrás del dolor crónico?

Emociones. Detrás del ser humano hay emociones y las emociones son las que mandan, son las que deciden quién es tu amigo o tu pareja, y la razón es su servidor. Para el dolor, y sobre todo para el dolor crónico, los factores ambientales son fundamentales y son los más importantes. Las memorias del dolor están ligadas al mundo emocional.

¿Qué hay que hacer? ¿Tratar las emociones o el dolor físico?

Hay que cambiar el chip. Porque la medicina convencional, es decir, el tratamiento con analgésicos, aquí no funciona. También se debe cuidar el tema emocional, y la medicina debe comenzar a cuidar mucho más a los pacientes. La medicina de familia debe tener tiempo. A los médicos se les debe pagar el tiempo para que se pongan en el lugar del paciente. Y, después, hay que desarrollar las técnicas de fisioterapia, de caricias, de masajes y de rehabilitación física. Y también hay una psicoterapia bien entendida ligada a las emociones. El siglo XXI es el de la revolución de las emociones. Las emociones tienen una traducción física en las áreas límbicas del cerebro. Las emociones nos guían.

Está bien que lo diga un médico.

Toda la actividad del cerebro límbico es tan física como la del pulmón y el corazón, y tiene una base cultural y evolutiva. Las emociones son sistemas de defensa en la evolución. El miedo ya existía hace 400 millones de años, cuando los peces veían como otros peces más grandes se comían a sus congéneres. Y eso genera memoria. La memoria se genera en redes que tienen escala emocional. Si no te emociona algo no lo aprendes.

¿Hacen falta médicos más humanistas?

Sí, necesitamos esta figura. Entre los médicos de familia hay grandes profesionales jóvenes y con ganas de hacerlo bien, y a estas personas les tenemos que pagar su tiempo. Imagina un médico que en media hora ve a diez personas con dolor de cabeza, a todos les pide una resonancia, les receta medicación y no cura a ninguno. U otro que en media hora visitaa  un paciente, no le pide pruebas ni le da medicación y lo cura. ¿Quién es el mejor médico? Y con esto no quiero decir que la tecnología sofisticada no sea buena. Pero la medicina no se debe hipertrofiar con pruebas innecesarias ni con medicamentos que no son beneficiosos. Hay medicamentos fantásticos para el dolor agudo pero no para el crónico. Tenemos que cambiar todos el chip.

¿Las mujeres son las más afectadas por el dolor crónico?

Todo el mundo sufre dolor crónico, pero el dolor pélvico crónico es prácticamente exclusivo de las mujeres. A veces no se tiene en cuenta, y es uno de los más frecuentes. Debemos valorar a las personas que tienen dolor crónico como enfermos de verdad. Lo que pasa es que el origen del dolor a veces no está en la mano o en el pie sino en nuestras memorias y en nuestras emociones. Un ejemplo: una mujer violada a quien se le ha hecho daño genital es muy fácil que desarrolle dolor crónico incluso cuando el daño físico ya ha desaparecido, porque le han grabado una emoción terrible con un daño.

¿Cuál es el dolor crónico más habitual entre la población?

El dolor de espalda, por ejemplo, que se va confundiendo con fenómenos de dolor agudo. También está el dolor pélvico y el dolor de cabeza. El dolor crónico respeta el sueño. Un dolor de muelas te despierta, pero si el dolor es de memoria no lo tienes mientras duermes.

El dolor es muy subjetivo y difícil de medir.

La cantidad de dolor que notas no se puede medir porque depende de la atención que pones. Cuanta más atención pones al dolor crónico, cuanto más hables, cuanto más pendiente estés, peor estarás.

No está de acuerdo con el término 'fibromialgia'.

Es un término que inventaron los reumatólogos y que intenta darle cuerpo, como si fuera una enfermedad. Pero, en realidad, estamos ante un dolor crónico más. Son enfermos reales, eminentemente mujeres, que tienen dolor crónico en varias localizaciones y que van de médico en médico sin que se encuentre una solución. Y lo que tienen es dolor crónico.

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