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Juan Carlos I, los chantajistas disparan

Porqué vuelven a aparecer ahora las grabaciones antiguas del rey emérito con sus amantes?

De golpe, historias sobre grabaciones al rey Juan Carlos I, entre otras personalidades, que sacudieron al gobierno de Felipe González en 1995 y 1996, vuelven, 21 años después, a salir a la superficie con la frescura de antaño. Entonces, en junio de 1995, Narcís Serra y Julián García Vargas, renunciaron  a su cargos de vicepresidente del Gobierno y ministro de Defensa, respectivamente. En 1999, el espionaje acabó en juicio, donde fueron condenados el director del Cesid, Emilio Alonso Maglano, el responsable del que dependía el Gabinete de Escuchas, Juan Alberto Perote, y otros cinco agentes.

El Tribunal Constitucional anuló la sentencia y ordenó repetir el juicio, las acusaciones retiraron los cargos contra Alonso Maglano y solo Perote se sentó en el banquillo, siendo condenado por la Audiencia de Madrid a cuatro meses y un día de arresto mayor e inhabilitación absoluta por 6 años por realizar escuchas y grabar conversaciones privadas a políticos, periodistas y empresarios, entre 1983 y 1991 en este Centro.

Ahora el tema renace centrado en la figura del rey emérito, Juan Carlos I, y sus relaciones amorosas,  algunas de cuyas escenas son recogidas en audios grabados en la época, que ha difundido el digital OK Diario.

Uno de los periodistas que firmó algunas de estas historias en 1995 y 1996, Antonio Rubio, ha denunciado el reciclaje como un corta y pega de su trabajo en aquellos años para el diario El Mundo.

¿Por qué ha saltado este asunto a la palestra?

Probablemente, por varias circunstancias, que tienen que ver con el objetivo de los que difunden el material y por aquellos que son proveedores del mismo. Porque ambos son protagonistas –difusores y proveedores- se trata, por así decir, de una trama mediático-policial o policial-mediática, como más guste.

Uno de los primeros cuentos del escritor norteamericano-británico Raymond Chandler fue publicado en 1933 con el titulo de Los chantajistas no disparan.

Un capitán de detectives de la policía de Los Angeles, California comenta:

-Un trabajo fácil y agradable, el chantaje. No tendría por qué convertirse en algo turbulento.

Y Mallory, el primer detective privado de las novelas de Chandler, asiente:

-Sólo un trabajo fácil, jefe. Casi afeminado, si comprende lo que quiero decir.

Erno, uno de los matones, dice en otra parte:

-Los chantajistas no disparan, muñeco. ¿O sí?

Una trama de intereses no tiene por qué funcionar como el mecanismo de un reloj. Hay coincidencias, estímulos, ayudas, sugerencias.

La difusión de material antiguo, amortizado, si se quiere, que desprestigia a Juan Carlos I sugiere  la posible existencia de munición más reciente y quizá de mayor calibre. Por ejemplo: la relación entre el rey emérito y Corinna zu Sayn-Wittgenstein. Una relación que según ciertas informaciones facilitó a su amante ganar importantes sumas de dinero.

Fuentes solventes señalan que detrás de la pantalla de las antiguas amantes del rey emérito se recorta la silueta de Corinna a modo de amenaza. En el centro de la operación, detrás de los bastidores, hay dos personajes. El antiguo comisario José Villarejo y el actual director del Centro Nacional de Inteligencia, Félix Sánz.

Ambos se dedican un odio inconfesable. Y ambos han estado merodeando con Corinna en Londres. El primero para “echarle una mano” –un negocio que suele explotar- y el segundo para controlar los movimientos de la amante, advertencias mediante.

Villarejo tiene un problema judicial – su imputación en el caso del Pequeño Nicolás, donde chocan al menos dos bandas policiales- y puede estar siguiendo el guión de otra novela negra.

En Cosecha Roja, el novelista Dashiell Hammett hace decir a su detective:

-Lo más parecido que tengo a un plan es sacar a relucir cualquier trapo sucio, todos los trapos sucios que puedan inculpar a los demás y utilizarlos plenamente. Puede que ponga un anuncio: 'Se necesita un crimen: macho o hembra...'

Algo de esto hay.

Ahora bien, estos trapos sucios coinciden con el hecho de que acaba de crearse una comisión de investigación precisamente sobre las grabaciones de 2014 en el despacho del entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en las que tramaba sus misiones de guerra sucia contra dirigentes independistas catalanes.

La grabación fue realizada según el comisario Eugenio Pino, ex director adjunto operativo o número dos de la Policía, por los servicios de Interior. Su filtración en junio de 2016, durante la última semana de la campaña electoral del 26-J, fue un ajuste de cuentas que de hecho frustró la posibilidad de que Fernández Díaz volviese a ser ministro o marchara a una misión diplomática en el extranjero.

La difusión de las grabaciones sobre el rey emérito vienen a decir que Rajoy ha hecho lo mismo que los gobiernos anteriores. Descafeinar, pues, la comisión Fernández Díaz.

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