Publicitat
Publicitat

LA OBSERVADORA

Las cenizas del Estado

La sucesión de anomalías relacionadas con el funcionamiento de la justicia española pone en evidencia la necesidad de un proceso de regeneración de la política y las instituciones del Estado

España es un estado carcomido institucionalmente. Pero con esa hidalguía que tan a menudo les ha guiado a lo largo de la historia, los representantes del Estado reaccionan a los problemas con más autoritarismo que transformadora capacidad de autocrítica. El alcalde, el boticario y el cura ahora cotizan en bolsa pero son los mismos que saltan como un resorte en la defensa grandilocuente de una España a la que vejan con el desprecio de la corrupción, el abuso de poder y la manipulación de la justicia.

La división de poderes -descanse en paz el pobre Montesquieu- ha tenido una semana horribilis. En Cataluña es difícil olvidar al ministro del Interior hablando de "afinar" la fiscalía y no pensar en las contorsiones de la junta de los fiscales de sala del TSJC para cambiar sus decisiones sobre si había que juzgar el 9-N. Quizá por ello el grado de sorpresa es menor. Pero muchos ciudadanos de buena fe habrán hecho estos últimos días una lista mental de actuaciones judiciales incomprensibles, de denuncias de intervención grosera del poder político sobre la fiscalía y de sentencias de corrupción dignos de la más consolidada república bananera.

Las medidas cautelares decididas sobre el cuñado del rey, Iñaki Urdangarin, que esperará cómodamente en Ginebra que se agoten los procedimientos judiciales, se han podido justificar con una actuación tibia de las acusaciones. Paralelamente, como había adelantado ARA, los relevos de la fiscalía se han convertido en una purga. El fiscal general del Estado, José Manuel Maza, con el apoyo de los fiscales conservadores en el Consejo Fiscal, hizo una treintena de sustituciones. Destacan dos hombres de la máxima confianza de Maza, el nuevo fiscal de Anticorrupción, Manuel Moix, y el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Jesús Alonso. Serán figuras clave en los numerosos temas aún pendientes por presunta corrupción política. La purga se ha hecho coincidiendo con las gravísimas denuncias de intromisión y juego sucio del fiscal de Murcia, que investigaba un asunto de presunta corrupción del presidente de la comunidad autónoma, del PP.

Los ciudadanos perplejos también habrán asistido a la comunicación de la segunda querella contra la mesa del Parlamento y su argumentación, que deja en evidencia los motivos ideológicos que la impulsan. El único miembro de la mesa contra quien no se ha querellado el fiscal, Joan Josep Nuet (CSQP), se ha salvado "porque no pretendía dar impulso [...] ni incumplir los mandatos del TC [...] sino que actuó en la creencia errónea de estar cumpliendo sus funciones de miembro de la mesa del Parlamento" y destaca "la falta de voluntad". Nuet ha salido a defender su salud. La fundamentación jurídica dejando una puerta de salida a CSQP es importante y aún lo es más que Nuet se haya reivindicado en su actuación. Si el objetivo del Estado es debilitar la mayoría que apoya el proceso, el de los independentistas debe ser mantenerse en las mayorías más amplias posibles.

Anomalías

La sucesión de anomalías relacionadas con el funcionamiento de la justicia española pone en evidencia la necesidad de un proceso de regeneración de la política y las instituciones del Estado. Sorprende que, aparte de Podemos, no se haya articulado una demanda ciudadana transversal ideológicamente que reivindique el saneamiento de las instituciones y sea capaz de hacer unos estados generales del siglo XXI que actualicen los usos políticos.

Unidad de las élites

Otra anomalía lo puede explicar. El Mundo publicó el día 20 una interesante entrevista a Juan Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa, hablando de la Guardia Civil, el artículo 155, de suspensión del gobierno de la Generalitat, y un factible encarcelamiento de Artur Mas. Sitúa el "desmoronamiento" del Estado en la cesión del 15% del IRPF a Cataluña y en la reforma del Estatuto de Zapatero. Cebrián en El Mundo es una muestra pura de lo que piensa un ente denominado Estado, formado por instituciones, pero sobre todo por unas élites incapaces de negociar, de entender que el mundo ha cambiado, que el poder está en el Estado, pero su origen es la soberanía popular.

En su libro de memorias Cebrián habla de sus fundamentos familiares franquistas y de su actividad de director de informativos de TVE con Arias Navarro. También explica cómo dejó de publicar información sobre Banca Catalana por lo que él mismo califica de presiones del pujolismo y Fernández Ordóñez. Pero dice que el derrumbe institucional de España fue el 15% del IRPF y la reforma del Estatuto... En los próximos meses veremos rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser, o para los lectores más jóvenes: winter is coming.

Más contenidos de

PUBLICITAT

El + vist

El + comentat

PUBLICITAT
PUBLICITAT