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CRÍTICA TV

Las trampas de Ana Pastor

La periodista continuó haciendo sus interrupciones habituales con la risita de creerse la más implacable de Europa

El invitado de El Objetivo de este domingo en La Sexta era Artur Mas. Ana Pastor le agradecía su presencia porque "no es habitual verle en los platós, al menos en Madrid". Una indirecta sutil de la presentadora, obsesionada en dar a entender que en Cataluña vivimos hipnotizados ante una tele pública pervertida que adoctrina poniendo a Mas a todas horas. Era un día oportuno para tenerlo en el programa. Como es lógico, arrancó con toda la trama de financiación irregular de CiU que ese mismo fin de semana acaparaba las portadas de algunos diarios. Apretó a Mas. Era un tema en el que había que hurgar y, según qué pase, sus respuestas le pueden dejar retratado. Casi todo giró en torno a la filtración del secreto de sumario. En cambio, el juicio al que fue sometido por el 9-N quedó bastante eclipsado. La entrevista no fue nada del otro mundo: la periodista continuó haciendo sus interrupciones habituales con la risita de creerse la más implacable de Europa. Hablar sobre las respuestas del entrevistado (quien sea) se ha convertido en el arma para parecer incisiva. Pero su capacidad de incisión no tiene el valor del ingenio y el argumento definitivo, de la estocada genial al invitado. Tiene la chulería de la autoridad televisiva, la repelencia de la interrupción y la insistencia agotadora de quien acapara.

Pero la entrevista a Artur Mas delataba, una vez más, una estrategia periodística muy poco elegante. Una forma de preguntar que evidencia que, ante un invitado, a Ana Pastor le interesa más noquearlo al precio que sea y lucirse ella que obtener una información relevante para los espectadores. Desarrolla una táctica que deja entrever poca nobleza. Consiste en poner trampas intrascendentes al entrevistado para que caiga, aunque el motivo tenga poco que ver con su discurso o con el tema que le ha llevado al programa. Por ejemplo, le puso a Mas unas imágenes en las que una diputada de ERC comparaba la actitud del Gobierno respecto al proceso con la antigua trama de los GAL y el terrorismo de estado. Pastor insistía a Mas para que se posicionara sobre el desacierto de aquella reflexión. Una vez el expresidente manifestó que la comparativa con los GAL no era la más afortunada aunque sí que le daba la razón con el juego sucio que denunciaba la diputada, una Ana Pastor orgullosa de la jugada que había tramado pretendió retratarlo. Con una sonrisa y mirada de autosuficiencia le puso entonces unas declaraciones de Puigdemont en las que también utilizaba la comparación con los GAL. Mas insistió: estaba de acuerdo con la denuncia pero no con la utilización de los GAL como referente. Y Pastor, victoriosa, le remarcaba su desacuerdo público con el actual presidente. ¡Uy sí! ¡Qué cosa tan impactante! La estocada definitiva al independentismo que no ha conseguido nadie en la historia del periodismo. Mira por donde. Suerte tenemos de Ana Pastor que es capaz de hurgar, investigar y escrutar los temas más trascendentes...

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