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Madrigal fue apartada al negarse a nombrar a Moix, el fiscal 'del gobierno español'

Ignacio González y Zaplana comentaron a final de 2016 que el actual fiscal jefe anticorrupción era el hombre adecuado

El ministro Rafael Catalá informó a Consuelo Madrigal, tras la investidura de Mariano Rajoy, que sería nombrada fiscal General del Estado por cuatro años. Pero si el miércoles 9 de noviembre de 2016 estaba confirmada, a la mañana siguiente, jueves 10 de noviembre, el gobierno de Rajoy decidió dejarla tirada. ¿Qué pasó? El ministro Catalá quería hacer cambios en la  mayoría de las fiscalías. Pero dos eran las relevantes: Anticorrupción y Audiencia Nacional.

En Anticorrupción no se trataba de quitar a nadie. En el verano de 2016, el hombre que había sido fiscal jefe, Antonio Salinas, anunció que a finales de noviembre se acogía, al cumplir los 70 años, a su jubilación. Era una situación ideal. Porque una cosa es quitar o no renovar, al vencimiento de su  mandato, a un fiscal, y otra cubrir una vacante. En la Audiencia Nacional era diferente. Al vencer su mandato, Javier Zaragoza volvía a optar para continuar.

Fuentes consultadas por ARA señalan que Madrigal mantuvo varias reuniones con Catalá sobre los nombramientos. Alejandro Luzón, su número dos en la secretaría técnica y miembro de Anticorrupción, sería su candidato para cubrir la vacante de Salinas. El ministro consideró a Luzón un fiscal “inquisitivo” y sugirió al fiscal Manuel Moix, una persona más “moderada”. Cuando abordaron el tema de la Audiencia Nacional, Madrigal dijo que Zaragoza había hecho muy bien su trabajo y que nadie podía competir con él. Catalá dijo que prefería renovarle. Madrigal replicó que no podía justificar ante la carrera impedir que Zaragoza accediera a un nuevo mandato.

La doble exigencia no dejó margen a Madrigal. Nombrar a Moix no suponía quitar a nadie sino renunciar a Luzón, pero en cambio se le pedía que pusiera fin a la carrera de Zaragoza. No podía pasar por el aro. Catalá, pues, optó, a sugerencia del presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, Manuel Marchena, por el magistrado José Manuel Maza. Ahora sí: el ticket era Maza-Moix

En el diálogo del que ha informado ARA, interceptado al tener los teléfonos pinchados por la Guardia Civil, Ignacio González y Eduardo Zaplana comentan, en los últimos meses de 2016, el próximo desembarco de Moix en Anticorrupción, una opción que González ya había intentado sin éxito en 2014 al vencer el mandato de Salinas. González coincidió aquí con Luis Bárcenas, quien le propuso a Mariano Rajoy, a través del diputado Alfredo Prada, no renovar a Salinas. Pero ni el ministro Alberto Ruiz-Galardón ni el fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce aceptaron.

Pero, atención, en las fechas de la grabación González-Zaplana, últimos del 2016, el nombre de Moix era un secreto. Pero, González, muy preocupado por sus problemas penales, tenía información del gobierno de Rajoy, según la cual Moix sería el hombre.

La relación entre el expresidente de la Comunidad de Madrid y Moix era excelente, ya que éste último ha desarrollado la mayor parte de su actividad en la Fiscalía de Madrid y llegó a ser fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia Madrid, cargo que le permitió institucionalmente una relación estrecha con González y con Esperanza Aguirre. Fue Moix, jefe de la fiscalía del TSJCM, el que propuso a la Fiscalía de Madrid intentar “salvar” a Aguirre en el incidente de la Gran Vía madrileña, en abril de 2014, instruyéndolo como juicio de faltas, cosa que al plantearlo un juez amigo, Carlos Valle, la Audiencia de Madrid inadmitió, aunque luego terminó por archivarse.

Ignacio González se agarró al nombramiento como su tabla de salvación. Había logrado bloquear la investigación de su ático en Marbella desde el ministerio de Interior con Jorge Fernández Díaz y el director general de la Policía, Ignacio Cosidó, pero finamente sigue adelante.  Ahora con Moix, pensaba, sería distinto.

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