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ANÀLISI

Marchena, de tripas corazón

El presidente de la sala segunda del Tribunal Supremo ha fracassado buscando la doble condena para Homs

Hay dos cosas que Manuel Marchena, presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, presidente del tribunal enjuiciador y ponente de la sentencia, buscaba: por un lado, la condena por los delitos de desobediencia y prevaricación y, por la otra, si no la unanimidad de los siete magistrados del tribunal al menos la mayoría. Un presidente de sala no puede formar parte de la minoría y presentar voto particular como sí puede hacer un magistrado de a pie.

Y los dos objetivos juntos demostraron ser, tras varias deliberaciones que comenzaron la tarde misma en que el caso quedó visto para sentencia, incompatibles.

Una condena por los dos delitos, el “concurso ideal” que solicitaba el fiscal Jaime Moreno, colega de Marchena desde los tiempos de la secretaría técnica del fiscal general del Estado Jesús Cardenal, resultó una misión imposible. El talento de Marchena no le sirvió en este caso, como había ocurrido en otros, para persuadir a una sala que no quería la prevaricación desde el inicio y cada vez menos.

Cuando el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, Jesús Maria Barrientos, decidió no esperar a Marchena y dictó la sentencia de Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau, entró como elefante en cacharrería, la del tribunal de Homs, al que Marchena no lograba persuadir. Ya las cosas estaban encaminadas. Había que abandonar la prevaricación aunque ello supondría condenar a Homs a una inhabilitación menor que la de sus tres colegas. Porque el fiscal había puesto toda la carne en el asador de la condena por los dos delitos.

La ya famosa carta del 6 de noviembre de 2014, dirigida por Homs a la empresa T-Systems, requiriéndo la continuación de sus trabajos para el acto de participación ciudadana del 9-N suspendido por el Tribunal Constitucional el día 4, es algo así como el comodín de Marchena.

En la sentencia explica que “es cierto” que dicha misiva fue “una acción positiva claramente individualizada en el relato de hechos probados”. Según el fiscal se trata de  la prueba de cargo de la resolución prevaricadora. Pero Marchena señala que si la carta “fuese tildada como resolución injusta lo sería porque mediante su contenido se desobedece lo resuelto por el TC”. Y añade: “Pero eso es lo que ha servido a la sala de presupuesto…que permite la condena de Homs por desobediencia”.

Si hubiera conseguido la mayoría este 'comodín' hubiera sido presentado como el 'smoking gun', la pistola humeante, para unir a la desobediencia el delito de prevaricación.

Marchena ha hecho de tripas corazón enfrentándose a una situación que no le apetecía nada hacer pero ha tenido más remedio que hacer. Esta sentencia le permite perfilar una unidad de la justicia, entre el TSJC y el Supremo, cosa que hubiera estallado por los aires con una condena por dos delitos.

Ahora, Mas, Ortega y Rigau ya saben a que atenerse. Porque el Supremo ha fallado en diferido, por así decir, sobre sus respectivos recursos de casación contra la sentencia del TSJC, aunque será una sala de cinco magistrados la que deberá examinarlos. Y la Fiscalía del TSJC que ha recurrido en busca de la prevaricación sabe también que probablemente tenga que desistir de su recurso.

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