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LA ENTREVISTA

María Leach: "Se murió la única persona que me podía consolar"

Periodista y escritora. Se casó, tuvo un hijo, perdió al marido. En un año, su vida se hizo añicos. Después de un largo proceso, de la peor experiencia ha salido su sueño, el libro 'No te acabes nunca', donde explica en versos el dolor, el silencio, el duelo... y que la vida continúa

La secuencia de hechos es dolorosa pero necesaria para entender la situación en toda su cruda dimensión: la periodista María Leach se casa en septiembre de 2012, se queda embarazada la noche de bodas y al cabo de siete meses le diagnostican un cáncer de estómago al marido. El hijo nace en pleno tratamiento de quimioterapia y Charlie muere en noviembre de 2013, con 36 años. Dos años después, de este trauma sale una exposición de poemas con obras de Paula Bonet. Y ahora, un año más tarde, se publica No te acabes nunca (Espasa).

¿Cuando te pones a escribir No te acabes nunca?

Siempre he escrito, desde pequeña. Pero cuando le diagnostican el cáncer a Charlie lo dejo del todo y me sumo a su manera de luchar, que era más exterior. No me atrevo a escribir, supongo que porque sería enfrentarme a lo que me estaba pasando, y el cáncer debes combatirlo sin darle muchas vueltas. Semanas antes de que muera me empiezan a venir flashes de imágenes que quiero retener y me las apunto en el móvil. Cuando muere, quiero ser valiente y empezar a hacer terapia de inmediato, pero la psicooncóloga de Oncolliga me dice que no puedo hacerlo hasta después de un mes, porque todavía estoy en shock, y me recomienda que, como me gusta escribir, lo haga cada día.

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Me había trasladado con mi hijo a vivir con mi madre. Después de acostarlo, bajaba a mi piso y escribía lo que sentía. El resto del día era impensable hablar con nadie. Y también aprovechaba para sacar cosas materiales de Charlie. Me quería deshacerse de todo. Tenía que hacer limpieza para poder volver a vivir.

¿Escribir era como reencontrarse con la persona perdida?

Con la publicación del libro me he dado cuenta de que en el fondo es una carta de amor hacia él. Se murió la única persona que me podía consolar de un hecho como ese. Escribir era explicarle qué me iba pasando.

¿No duele más recordar lo vivido?

No, al contrario. Es una manera de gestionar la tristeza. Cuando alguien se muere a destiempo es como si se te borrara el pasado reciente. Con la terapia lo vas recordando, pero me costaba mucho conectar con la parte dolorosa. Mucho. Al principio no podía ni llorar. Me tenía que obligar, porque era muy tentador volver la espalda y pretender que Charlie no había existido, empalmar con mi vida anterior a él y hacer como si no hubiera pasado nada.

Incluso en momentos trascendentes, como la hora de afrontar la muerte, aparece la trivialidad: "En la sala de espera, los juanetes de una señora en camisón de flores".

Fue una de las últimas visitas a urgencias. Pero es que sigues siendo una persona y hacerlo todo trascendente y serio no ayuda. Al editar el libro dejé que entrara el humor, quería que tuviera luz. Porque reíamos mucho juntos. Piensa que yo estaba embarazada y él había perdido quince kilos, y dijimos: "Parecemos Alaska y Mario Vaquerizo", y nos disfrazamos. Él lo veía todo del lado positivo.

¿Hay algún mensaje que consuele?

La gente te propone planes aburridos y ajustados al duelo: un café tranquilo. Y tú necesitas que te traten con normalidad y te inviten a una fiesta, aunque tú no eres normal, estás fuera de la realidad y no quieres entrar porque falta lo más importante para ti. Pero notar el cariño en masa es precioso.

¿Cómo sale una persona de este trance tan duro?

Todavía estoy en proceso de hacerlo. Las rutinas del niño me ayudaron mucho, leer novela, sobre todo cuando te acuestas y aparecen los fantasmas, también buscar ayuda psicológica y tener una pasión que te ayude a expresarte. Escribir me salvó. Durante tres meses escribí cada día e hice un trabajo increíble. Al final, de lo peor que me ha pasado en la vida he cumplido un sueño.

¿Se puede volver alguna vez a la normalidad?

Al principio secretamente piensas que en cualquier momento volverá, porque sueñas y hablas con él. Después todo lo clasificas con antes y después. Y el duelo se cronifica. Hay momentos que estás bien y otros que te hace una visita y despierta la parte más dura. De todos modos, esto te ayuda a no olvidar lo aprendido. Lo decía Alice Munro: "No olvides lo que tanto dolor te ha costado". No vuelvas a conectar con la normalidad de siempre porque no eres la misma. Tengo una visión de la vida muy diferente. Lo primero que cambió es la ambición laboral, con Charlie nos parecía la cosa más absurda del mundo. Aprendes a relativizar, a no hacer planes, a hacer lo que realmente te apetece. Soy más valiente ahora que antes. ¡Qué pena que Charlie no me conozca ahora porque le gustaría más!

¿Un hijo puede dar tanta alegría para vaciar toda la tristeza?

Al principio, como no recordaba nada de antes, pensaba: "¿De dónde ha salido este niño?" Tampoco le habíamos podido hacer mucho caso. Poco a poco reconectas y ayuda mucho por el simple hecho de ser un niño. No quiero que tenga la responsabilidad de mi felicidad, quiero que tenga una infancia libre.

¿Los poemas te hacen ver tu experiencia con distancia?

Conecto mucho con ellos. La exposición me sirvió de funeral. Sentí que era la hora de terminar la carta de amor y decirle adiós. A los dos días me noté más ligera y sentí que podía hacer otro tipo de vida.

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