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CRÍTICA TV

Protegiendo a Marhuenda

Es la pesadilla de todo periodista tener que elegir entre el periodismo y los intereses de la empresa

Todos los medios de comunicación privados tienen un dueño. Si este dueño y su empresa se ven salpicados o implicados en un caso de corrupción, aquel medio tiene un problema grave. El periodismo topa con los intereses de la propiedad y el dilema profesional está servido. Esta vez le ha pasado al grupo Planeta. La operación policial que ha comportado la detención del ex número dos de Esperanza Aguirre y sucesor en la presidencia de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha arrastrado a periodistas y empresarios de este grupo multimedia. Paco Marhuenda y Mauricio Casals, director y presidente del diario La Razón, han sido imputados porque presuntamente habrían coaccionado a Cristina Cifuentes para que no denunciara este caso de corrupción, amenazándola con llevar a cabo una campaña mediática de desprestigio contra ella si lo hacía.

Los informativos de Mediaset, el grupo rival de Atresmedia Corporación, se hacían eco de la noticia, mientras que en Antena3 y La Sexta evitaban mencionar esta parte de la operación policial que comprometía a su grupo.

Sin duda, es la pesadilla de todo periodista tener que elegir entre el periodismo y los intereses de la empresa. Ahora bien, cuando quien se encuentra en este dilema es un periodista que, día tras día, da lecciones al resto sobre el ejercicio de la profesión y presume de su integridad y compromiso con la verdad, se produce un cierto placer voyeurista en el espectador. El deseo de ver cómo el periodista se ve arrastrado indefectiblemente por los intereses de su empresa.

Antonio García Ferreras se convirtió, en la emisión del miércoles de Al rojo vivo, en el foco de atención de la audiencia. Había morbo por ver cómo afrontaba la información que afectaba a Marhuenda, el animador oficial de las tertulias de su programa y de La Sexta. Cuando capitaneas un programa que presume de mirar como ningún otro bajo las alfombras más ilustres, cuando haces sensacionalismo puro del escándalo político más pequeño, cuando te has autoinvestido en abanderado del periodismo de investigación, cuando silabeas "pe-rio-dis-mo" para marcar paquete del trabajo hecho, cuando riñes directamente los políticos mirando a cámara y levantando el índice, cuando dedicas especiales de quince horas a averiguar los detalles más absurdos... y el día que tienes que hacer equilibrios te devoran los intereses de la propiedad y te comes con patatas el periodismo, te conviertes en el blanco de los espectadores. García Ferreras no dijo ni mu de Marhuenda, Casals y compañía ni del lío de Planeta en un programa en directo de cuatro horas dedicado exclusivamente a este nuevo escándalo del PP.

Es el riesgo de flirtear con supuestos periodistas que ejercen de soldados al servicio de un partido. Durante años te sirven de títeres que te garantizan el espectáculo para entretener a la audiencia, hasta el día que el espectáculo te come a ti.

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