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ENTREVISTA

Simona Levi: "O nos independizamos o aceptamos la prepotencia de Madrid y callamos"

Entrevista a la fundadora del Partido X y experta en participación

Simona Levi (Turín, 1966) es artista y activista de los movimientos sociales. Vive en Barcelona desde 1990 y es una voz autorizada en la lucha contra la corrupción. Es fundadora del Partido X y miembro del colectivo 15MpaRato, que ha sido clave para la reciente condena por las tarjetas black. Es también una gran defensora de la libre circulación del conocimiento a través de la red. Es de tradición libertaria y, según revela por primera vez en esta entrevista, también es independentista.

Ha participado en la comisión de las medidas para la lucha contra la corrupción del Parlamento. ¿Se están corrigiendo todas estas carencias?

Hay mucha gente con muy buena voluntad. Pero creo que estamos utilizando una metodología inadecuada. Todo ya existe. No hay que empezar de cero. Hay que aprovechar lo que ya ha hecho la sociedad civil y transformarlo en legislación. Y luego la sociedad civil debería poderlo corregir.

¿Los juicios servirán para encarcelar a quienes han robado, o también para establecer un cortafuegos que evite que se vuelvan a repetir estos casos de corrupción?

Primero tenemos que ver si entran en prisión. Es fundamental que haya una presencia fuerte de la sociedad civil, como en el caso Palau, en el que está la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona. El 80% de los casos de corrupción salen a la luz por la acción de los ciudadanos. Pero además de ponerlos en prisión, hay que desmontar la estructura actual de partidos. Los partidos deben ejecutar el trabajo que está haciendo la sociedad civil. Es lo que proponemos desde el Partido X.

¿Pero sin partidos como se gestiona la sociedad?

Ahora los partidos están sustituyendo a la sociedad civil. Algunas de estas opciones realmente escuchan a la sociedad civil. El Parlamento y el Ayuntamiento de Barcelona viven un momento muy abierto y muy dulce, ya que una parte de los representantes quiere escuchar a la sociedad civil.

¿El proceso independentista forma parte de este momento?

El vuelco que ha habido de la situación de Convergencia tiene mucho que ver con ello. La ciudadanía ha arrastrado a los partidos más reticentes.

¿A usted también?

Sí. Me he acercado un poco tarde, porque a mí las fronteras no me han gustado nunca, pero las décadas que llevo viviendo aquí me demuestran que soportar el centralismo de Madrid nos impide desarrollar las aspiraciones que tenemos. Hay muchas propuestas de la sociedad civil que Madrid frena. Municipios que proponen cosas con sus habitantes y que luego quedan paradas por la ley Montoro. Soy independentista porque veo que el trabajo que se está haciendo desde aquí es muy bueno y que con Madrid no podemos salir adelante. La frontera, en Cataluña, sería un mal menor.

¿Qué políticas quedan ahora frenadas y en un país independiente podrían prosperar?

Hago mucho lobismo ciudadano en temas de corrupción y de legislación de internet y también hablo con muchos diputados del Parlamento Europeo. Y veo que cuando hablo con el Ayuntamiento, independientemente del color, o con el Parlamento catalán y el europeo, los esfuerzos valen la pena. Algo se mueve. Pero cuando vas a Madrid... La misma estructura del Congreso es de otro tiempo. Anacrónica. No he conseguido nunca unos resultados tangibles.

¿Puede haber un gobierno en Madrid que cambie esta manera de hacer?

Mi militancia siempre ha sido a nivel estatal. Pero en los últimos años es demasiado evidente que no hay diálogo posible. Incluso para una persona tan terca como yo. No hay más opciones que seguir como estamos y aceptar la prepotencia de Madrid y callar o la independencia...

¿Le ha costado dar este paso?

No, con lo que está pasando en Cataluña hay espacio para muchas sensibilidades. Yo estoy aquí porque siempre me he sentido acogida. Lo que siempre me ha gustado de Cataluña, a diferencia de otros lugares del Estado, es que incluso cuando hay diferentes opiniones entre las partes, hay mucha tolerancia, gracias a la tradición libertaria.

¿Lo que quiere hacer Cataluña es una pequeña revolución?

Yo hablo de keynesianismo de la democracia. Creo que hay que hacer del desarrollo de la democracia el punto central del crecimiento económico. Pero, desde el respeto al trabajo que se está haciendo, creo que no podemos hacer primero el referéndum y después hablar de la República. Tenemos que hablar de cómo será la vida futura. Hay una parte que no está convencida y no les damos suficiente información para decidir. Preferirán quedarse como están.

¿Habla de definir qué estado queremos?

En Xnet hace muchos años que hablamos de participación. Lo que se propone ahora es empezar de cero, pero la creación de una democracia y de la legislación de un estado debe hacerse enmendando lo que tenemos, no empezando de cero.

¿Enmendando la Constitución actual?

Yo empezaría enmendando la Constitución española, las propuestas de remodelación que hay y el Estatuto. Y que el Gobierno en estos cinco meses dé recursos para pedir propuestas de textos y de personas expertas que puedan elaborar un único texto. Hay que explicar cómo será la nueva Constitución, los sueldos, el IVA, como se pagarán los impuestos... En cinco meses no acabaremos, pero sí podemos despertar el interés de gente que no se siente llamada por la República Catalana pero que sí está interesada en participar en el diseño del futuro.

¿Esto puede dividir al independentismo?

Esta es la razón por la que no se hace. Pero yo creo que tenemos las mismas opciones de perder el referéndum dividiendo a los independentistas que si no involucramos al 20% de gente que todavía no se ha decidido. Es un poco irresponsable no hacerlo. La caverna españolista quiere que sigamos debatiendo referéndum sí o no. La narrativa debe ser que el referéndum ya no se discute. Tenemos que hablar de contenido.

Pasar la pantalla del referéndum y hablar del estado que se quiere hacer...

Sí. Y decir que el referéndum se hará, pero que estamos trabajando por una democracia más funcional... Esto puede interesar incluso a Castilla. Si diseñamos una vida futura deseable, la hostilidad hacia el proceso disminuirá.

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