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ENTREVISTA

Xavier Serra: "La filosofía no sirve para nada pero es muy necesaria"

Estudió filosofía porque "quería cambiar el mundo" y esto sólo se hace "si eres profesor o si eres periodista". Y ahora coordina, junto con Anna Sarsanedas, la revista 'Filosofía, ara!'

Este profesor de 54 años del Instituto Salvador Espriu de Salt (Girona) forma parte de un grupo de docentes que, "preocupados por la visibilidad de la filosofía", a finales de 2015 lanzaron Filosofía, ara!, Una "revista divulgativa con seriedad académica pero comprensible" para estudiantes de secundaria, universitarios y profesores de secundaria. Es una publicación cuatrimestral que se inspira en el modelo de la francesa Philosophie Magazine y que ya consta en registros como Dialnet y tiene número ISSN. Han publicado cuatro números y están preparando el quinto.

¿Y todo el mundo trabaja gratis, o sea por amor a la filosofía?

Sí. Somos unas diez personas en el equipo de edición, 80 autores y 25 revisores, expertos que validan cada artículo candidato a ser publicado. Incluso estos expertos trabajan de manera altruista. Y lo hacen muy bien, no sé si por dinero lo harían tan bien.

Publican incluso artículos de estudiantes. No se les debe poder exigir lo mismo que a otros autores...

Hasta los 18 años, el artículo debe estar supervisado y avalado por un profesor. Y si es de un estudiante universitario, avisamos al revisor, pero estos ya son bastante de fiar. A veces se les desprecia, pero un universitario tiene inquietudes intelectuales.

La filosofía es como el latín, siempre luchando por mantenerse en los planes de estudios.

Porque piensan que el eje es el inglés o las matemáticas. Son importantes, pero el sentido crítico, tener la cabeza bien estructurada, ¿dónde se aprende? ¿Dónde se reflexiona sobre el método científico? ¿Cuándo se busca el fundamento de las matemáticas? ¡En clase de filosofía! La filosofía debería ser el eje en secundaria, el análisis y el pensamiento filosófico iluminan otras especialidades.

¿Qué puede hacer la filosofía para superar aquella etiqueta de los estudiantes del "no sirve para nada"?

Sintiéndolo mucho, la filosofía es inútil, quiero decir que no sirve para nada práctico, no tiene ninguna utilidad concreta, pero es muy necesaria e incluso imprescindible. Esta digamos inutilidad es su grandeza, porque ayuda a pensar mejor. Por eso debe estar presente con dignidad en el sistema educativo.

¿Y eso qué implica?

Preservarla como asignatura troncal en los dos cursos de bachillerato, con dos horas o tres horas a la semana. La Lomce la reduce a una asignatura de primero que se llamaría filosofía y emprendeduría. El enfoque sería diferente y sólo tendría dos horas. Y en segundo sería sólo para los alumnos de humanidades. Ya hubo una época en que se suprimió en segundo, no podemos volver a eso.

¿Un profesor de filosofía necesita ser un showman como Merlí para atraer la atención de los alumnos?

Yo soy del sector de profesores críticos con Merlí y su agenda oculta, el trasfondo. La serie ha ayudado a dar a conocer la filosofía pero el trasfondo no nos ayuda mucho, porque da una imagen de ficción de lo que es un instituto, de las relaciones entre docentes y con las familias, y de lo que es una clase, que dura 20 segundos o 60 segundos y durante este minuto todos los alumnos están extremadamente atentos. Esto es un guión, están actuando, están sobreactuando...

Hombre, es ficción...

Esto es lo que dicen los pro-Merlí, en debates en los que he participado. Dicen que la serie hace que la gente tenga una inquietud por la filosofía pero que no deja de ser ficción. ¡Pero es que la gente puede pensar que es la realidad! Bueno, me preguntabas si debemos ser showman o no, ¿verdad?

Exacto...

El profesor de filosofía debe ser auténtico, debe querer que los alumnos piensen por sí mismos, pero no debe hacer merlinadas. Una merlinada es llegar a clase y verter un cubo de basura sobre la mesa, o meterse en la vida privada de los alumnos y decirles cómo deben pensar. Los profesores debemos ser motivadores, convincentes, auténticos, pero no hacer merlinadas ni ser payasos.

Pues dicen que a raíz de la serie hay más alumnos que se matriculan en las facultades de filosofía.

Sí, y confío en que no hagan merlinadas si terminan siendo profesores...

¿No confía en la capacidad de los jóvenes de diferenciar ficción de realidad?

[Ríe.] Sí, sí confío. Pero las series de televisión marcan estilos de vida. Entrevisté a 200 jóvenes para preparar un debate. Les pregunté si la serie influía en sus ideas. Y la mayoría contestaban que no, que ellos son críticos, pero que a los otros compañeros sí les influye.

Pero, ¿cuál es la agenda oculta que ve en la serie?

La idea de que hay que subvertir el orden establecido. Merlí deconstruye la familia, el instituto, las relaciones chico-chica. El creador de la serie es un tipo muy inteligente, Merlí no es Física o química. Deconstruye la realidad y propone a los adolescentes reconstruirla. Ha creado un modelo de profesor que en lugar de transmitir ideas las revienta.

¿Cómo se lleva hacia la reflexión y el pensamiento a adolescentes enganchados a las redes sociales, acostumbrados a impactos breves y superfluos?

Los alumnos son mejores de lo que pensamos. En cada clase hay estudiantes que manifiestan interés por la materia. Procuro que estos alumnos intervengan en clase y así se arrastra a los demás. Los alumnos se ayudan, eso sí que es verdad. Si en una clase de 30 alumnos y pico tienes siete u ocho que están a la altura y son activos, pueden contagiar su interés a los demás. Se crea ambiente de clase y la gente participa. Es la manera de cerrar la brecha.

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