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EL APUNTE

El arte de disimular debilita la confianza

El derecho a ser escuchado por los ciudadanos se construye ganándose su confianza, y la credibilidad es un puntal para conseguirlo

La política no se puede hacer en el escaparate. Cualquier negociación necesita generar un mínimo marco de confianza entre las partes y reducir la presión del tiempo y de los focos. En definitiva, el diálogo es más fácil si se reduce el ruido y se consigue construir una cierta lealtad, incluso en el desacuerdo. En las complejas negociaciones de la Unión Europea, si es necesario, se detiene literalmente el reloj, y cuando no hay ningún éxito se concluyen pactando el nivel de desacuerdo. Mantener la mesa de negociación permite tener un canal para dialogar cuando pintan bastos.

Pero la discreción de la negociación no significa quedar atrapado en el arte de disimular ni en el del eufemismo. El riesgo de mentir es el riesgo del descrédito en política. El presidente Puigdemont ha estado tirando balones fuera sobre su reunión en la Moncloa el día 11, y la portavoz del gobierno, Neus Munté, ha negado la mayor sin sonrojarse. La comunicación política permite no decir toda la verdad, dilatar, dar publicidad a una información porque conviene en una negociación, pero no justifica mentir si se quiere que los ciudadanos mantengan la confianza en sus representantes. Si un político de primera fila piensa que una reunión en la Moncloa se puede mantener en secreto mucho tiempo, en vez de adelantarse y pinchar el globo él mismo, es que va despistado. El derecho a ser escuchado por los ciudadanos se construye ganándose su confianza, y la credibilidad es un puntal para conseguirlo. Se podía haber hablado con Rajoy con luces y taquígrafos.

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