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La burbuja de las aplicaciones móviles se desinfla

La tendencia a pasar de las aplicaciones móviles a la web universal tiene sentido por diversos motivos

El Ayuntamiento de Barcelona tiene publicadas a su nombre 48 aplicaciones móviles en la App Store, para dispositivos Apple, y 47 en la Play Store, para terminales con sistema Android. En cambio, el Ayuntamiento de Nueva York ofrece sólo 18 títulos. El de Boston, seis. San Francisco, a pesar de ser la gran ciudad de referencia de Silicon Valley, tiene dos aplicaciones móviles propias. Chicago y Londres, ninguna. ¿Puede ser que todas estas aglomeraciones urbanas atiendan peor por móvil a sus residentes y visitantes que la capital catalana? En absoluto. Lo que pasa es que no lo hacen con aplicaciones privativas que hay que descargar e instalar en el teléfono, sino mediante servicios accesibles con el navegador web de cualquier aparato, ya sea un smartphone, una tableta, un ordenador, una videoconsola o un televisor conectado.

Las administraciones públicas citadas, como muchas otras, han ido descubriendo que crear aplicaciones móviles específicas para un sistema operativo es mucho más costoso que adaptar sus servicios digitales para que se pueda interactuar con ellos igual que con cualquier otra página web, utilizando una única aplicación, el navegador, que todos los dispositivos llevan incorporada de serie. Ben Terrett, el anterior jefe del servicio digital del gobierno del Reino Unido, declaró el verano pasado que "las aplicaciones son muy caras de producir y aún más de mantener, porque hay que actualizarlas cada vez que hay algún cambio". Por eso el manual digital de aquel gobierno prohibe a los organismos oficiales destinar recursos a aplicaciones móviles sin justificarlas y sobre todo si antes no han garantizado el acceso web a los servicios. Y la mejora se ha notado en las arcas públicas: el Tesoro británico calcula que el gobierno ha ahorrado 4.700 millones de euros en un período de cuatro años dando la prioridad al uso de páginas web flexibles sobre las aplicaciones específicas.

El consistorio barcelonés ha decidido optar también por esta vía, y el miércoles próximo presentará en el Mobile World Congress su nueva estrategia para los canales móviles. Según Cristina Ribas, directora de comunicación digital del Ayuntamiento, el volumen actual de aplicaciones municipales ha acabado dispersando los objetivos, difuminando la imagen de marca y disparando los costes de creación y mantenimiento. Por ello, el plan institucional de transformación digital prevé ir despublincado las aplicaciones existentes para Android e iOS y sustituirlas por aplicaciones web que cumplan las mismas funciones. La primera iniciativa del Instituto Municipal de Informática (IMI) ha sido el desarrollo de una aplicación web de la concejalía de Empresa y Turismo que muestra puntos de interés de la ciudad y ya se puede consultar en la dirección http://webapp.barcelona.cat/pics. Se trata de un caso representativo, porque hace uso de funciones como la geolocalización, que antes sólo podían ofrecer las aplicaciones privativas pero que ahora también están disponibles en el navegador web. Pasa lo mismo con los gráficos en 3D, la descarga de datos para acceder sin conexión o el acceso a las cámaras del teléfono. Por otra parte, Barcelona se desvinculará del portal Apps4bcn, creado y gestionado desde 2012 por la empresa Dotopen, y ha abierto un directorio propio -ya disponible en la dirección http://barcelona.cat/apps- que recoge exclusivamente las aplicaciones de titularidad municipal.

Igualmente, el plan digital municipal quiere dar prioridad al desarrollo de programario libre, favoreciendo la reutilización del código y la compartición de éste con terceros. También prevé otros ámbitos que hagan más eficiente y sostenible el acceso a la información: según Ribas, se potenciará el uso de los datos abiertos; se crearán mecanismos -las llamadas API- para acceder desde aplicaciones y servicios de terceros; se implantará en todas las aplicaciones web del Ayuntamiento el mecanismo Do Not Track, que evita el rastreo del usuario; introducirá un procedimiento para que el usuario pueda reclamar la eliminación retroactiva de sus datos; y se creará un programa de recompensas a los investigadores independientes que encuentren agujeros de seguridad en las aplicaciones municipales.

Esta apuesta del Ayuntamiento de Barcelona por las aplicaciones web compatibles con todos los dispositivos parece aún más decidida que la del gobierno de la Generalitat, que va incorporando progresivamente la responsividad en las webs corporativas de sus departamentos y organismos dependientes, pero que no ha manifestado que tenga intención de ir retirando sus aplicaciones móviles privativas para Android e iOS.

En cualquier caso, la tendencia a pasar de las aplicaciones móviles a la web universal tiene sentido por varios motivos. Es verdad que la cantidad de títulos disponibles en los grandes catálogos de descarga no para de crecer, pero también que la gran mayoría acaban siendo invisibles. Por otra parte, los usuarios van concentrando su atención: se estima que más de tres cuartas partes de las aplicaciones que se descargan no se vuelven a abrir más allá del tercer día. El informe AppDate referido al año 2015 recogía que, de las 30 aplicaciones que el usuario español tiene instaladas de promedio en su smartphone, sólo usa 14. Y según Sensor Tower, los usuarios de iPhone en EEUU descargaron el año pasado una media de 33 aplicaciones, menos que las 35 del 2015. El tiempo de permanencia se concentra en las redes sociales, pero Gartner estima que dentro de dos años estas habrán sido superadas por las aplicaciones de chat, que permitirán hacer muchas operaciones que actualmente requieren una aplicación separada. El avance de los asistentes de voz, incluidos en los sistemas operativos, es otro factor que afectará el uso de las aplicaciones.

Y sin ir tan lejos, las aplicaciones web tienen una ventaja que se puede disfrutar desde ahora mismo: no ocupan espacio en la memoria del teléfono, un recurso que siempre acaba siendo escaso. Para ser exactos, sólo ocupan los pocos bytes de los iconos de acceso directo en el menú del aparato. Un ejemplo práctico: en mi Android tengo configurados accesos web a 63 medios de comunicación, 18 de los cuales no ofrecen aplicación móvil propia. Si instalara las de los otros 45 que sí la tienen, ocuparían casi 400 megabytes que puedo dedicar a otras aplicaciones, selfies y vídeos de gatitos.

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