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El inspector Casaus y la 'des-supervisión'

El inspector Casaus se ha convertido desde el 5 de septiembre de 2016, día de su primera declaración, en testigo de cargo contra la cúpula del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores

El ex inspector de cabecera del grupo BFA-Bankia, José Antonio Casaus, fue citado sorpresivamente por el juez Andreu el martes 14 de marzo para comparecer este jueves 16. Pero ni el juez ni el fiscal Alejandro Luzón hicieron preguntas al autor de informes y correos electrónicos sobre la inviabilidad del grupo BFA-Bankia y sus problemas contables y de cuentas de resultados, hechos que la salida a bolsa sólo llevarían al extremo, según el vaticinio razonado de Casaus en abril y mayo de 2011, de la nacionalización de pérdidas. Han sido 22.400 millones de ayudas directas y otros 23.000 millones de apoyos indirectos: en total 45.400 millones.

Casaus explicó que siempre se ha referido al magma BFA-Bankia y no, como los picapleitos han intentado endilgarle, solamente a BFA. Vino a decirlo de manera sencilla: si tienes un gusano dentro de una manzana podrida lo puedes quitar y ponerlo en la cabeza, pero la manzana seguirá como estaba.

A los que le han atacado con el argumentario de que sus correos solo predicen el futuro –lo que, dicho sea de paso, ha sido un acierto pleno que sólo cuestionan los que niegan la realidad y se autoengañan, como el ex gobernador del Banco de España Fernández Ordoñez- ha explicado que él hablaba del futuro, del pasado y del presente. Por algo su análisis se basaba en la cuenta de resultados del primer trimestre de 2011, el que serviría para salir a bolsa. Y ha subrayado nuevamente, con más vehemencia si cabe, que había 20.000 millones de euros de crédito promotor que no estaban clasificados como era menester. Según explicó, como no podían pagar los intereses se les refinanciaba el préstamo, lo que permitía no ponerles en la columna de dudosos y al tiempo apuntar los intereses como ingresos en la cuenta de resultados. No había promotores buenos, señaló, estaban todos quebrados. Los beneficios, por tanto, vino a decir Casaus, eran ficticios.

El abogado de los imputados del Banco de España pretendió tenderle una trampa. ¿Está diciendo que las cuentas eran falsas? Casaus señaló que no entraría en temas contables. ¿Es acaso fiscal Casaus? ¿No basta con que haya denunciado en abril y mayo de 2011 que sacaban a bolsa un grupo muerto –“nadie me discutió mi diagnóstico de que todo el grupo estaba muerto”, explicó ayer- y que anunciara la socialización de pérdidas que finalmente tuvo lugar?

Nadie excepto su superior, Pedro Comín, leyó sus correos. Pero después de su primer correo con el vaticinio de la nacionalización, el 8 de abril de 2011, sus superiores se apresuraron a aprobar el plan de recapitalización. Los otros tres correos son posteriores. A nadie le interesó lo que estimaba el equipo de Casaus sobre la cuenta de resultados del primer trimestre de 2011 conocida en mayo. Aprobaron antes la operación. Es lo que podríamos llamar la des-supervisión practicada por la cúpula del Banco de España.

No quisieron saber por qué, porque se trataba de una operación ya resuelta. Las opiniones de Casaus, dicen ahora, eran “personales”. Casaus explicó ayer que era el análisis de su equipo.

El inspector Casaus se ha convertido desde el 5 de septiembre de 2016, día de su primera declaración, en testigo de cargo contra la cúpula del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). ¿Por qué? Lo dijo: “Soy un funcionario, un servidor público y el decreto del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) dice que hay que ser eficiente con el uso de los recursos públicos”. Casaus se une a otros dos funcionarios que han dicho la verdad: los peritos inspectores Antonio Busquets y Víctor Sánchez. Los tres han desafiado el pensamiento grupal de camarilla que llevó a la colosal expansión crediticia en los años 2000 y a la crisis resultante a partir de 2007/2008.

¿Qué hará el fiscal Luzón? Ha estado físicamente presente esta semana en la sala, pero ausente al no formular preguntas.

La sala tercera de lo Penal de la Audiencia Nacional ha provocado la imputación de las cúpulas. Ahora el juez Andreu tendrá que resolver si en su auto de conclusión va sólo contra los 35 administradores y la auditora Deloitte, ya imputados, o si suma a ellos a los altos cargos de la CNMV y el Banco de España.

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