Publicitat
Publicitat

LA OBSERVADORA

Una máquina perfectamente ajustada

Donald Trump debe buena parte de su victoria electoral al instinto. A su conexión con la gente cansada y harta de los políticos profesionales, que parecen lejanos

En menos de un mes Donald Trump ha confirmado una sensación de imprevisibilidad peligrosa en su gestión. El estilo de CEO del país sobradamente preparado para la gestión pública se desvanece en cada comparecencia pública. La agresividad y el menosprecio de los interlocutores, en un curioso cóctel psicológico, se expresan con frases rotundas, pero vacías de contenido. Las ruedas de prensa han dejado de ser intimidatorias para los periodistas y provocan estupor. Los tuits acusando a los medios de comunicación críticos de deshonestidad se repiten con fórmulas cada vez más groseras. El presidente de Estados Unidos defiende sus políticas con vaguedades recurrentes como una política "tremenda", "muy buena", "bien hechA", califica su administración como "una maquinaria perfectamente ajustada" y sus capacidades diplomáticas con frases tan tranquilalizadoras como "adoro negociar cosas".

Esta semana Trump ha dejado caer la primera pieza de caza mayor de su ejecutivo. El asesor nacional de seguridad (NSA) es una persona clave en la toma de decisiones. Se requiere una cabeza fría, un cerebro brillante y capacidad de gestión de crisis además de conocimientos en política exterior. Michael Flynn ha sido cesado por mentir y por su deslealtad en las relaciones con Rusia. La nueva crisis es una prueba más de que los tentáculos de Putin están más activos que nunca en la política mundial. El que fuera director del Servicio Federal de Seguridad, sucesor del KGB, ha encontrado una mina en el ciberespionaje, que actúa para intentar manipular administraciones, voluntades y resultados electorales, desde los últimos comicios en EEUU hasta la actual campaña presidencial francesa.

Donald Trump debe buena parte de su victoria electoral al instinto. A su conexión con la gente cansada y harta de los políticos profesionales, que parecen lejanos, cínicos y poco eficientes ante problemas con soluciones aparentemente fáciles. Pero el instinto no es suficiente para sobrevivir en política. Además de la representación del cargo se necesita actuación política, y los resultados de Trump en su primer mes son desconcertantes y erráticos. La llamada a Taiwán ha acabado con una declaración sobre la unidad de China, la aplicación improvisada y pobre de su política migratoria lo ha enfrentado con los tribunales tras provocar el caos en los aeropuertos y una reacción interna, y, mal que le pese, la obsesión contra la prensa está consiguiendo revitalizarla.

Trump es un producto puramente televisivo, telecinquista, berlusconiano, y, como su modelo demostró antes que él, la soltura, el autoritarismo y el elogio de la ignorancia pueden permitir ganar elecciones en momentos de convulsión y desprestigio democrático pero no son buenas herramientas para la gestión de las complejidades.

Autoritarismo democrático

El escenario internacional nos muestra un desorden que se acentúa por el paso de la multilateralidad a la unilateralidad de los actores principales y un estilo de líderes nacionalistas que actúan charlatanamente. Europa parece aún un viejo reducto de la política de cooperación multilateral, pero tenemos la amenaza del Brexit y la posibilidad real de que Marine Le Pen gane las elecciones en Francia. Los países del Este, con Orbán a la cabeza, están tentados por la oscuridad totalitaria y la OTAN se debilita con las comprensibles razones de EEUU de calibrar de nuevo el papel que ha jugado en los últimos años.

No es una situación más difícil que la que se vivió en la Guerra Fría o en el aparente fin de la historia que se tenía que producir con la caída de la URSS, pero es más imprevisible porque el miedo no está en la disuasión del arma atómica sino en el bolsillo de los votantes y en su incertidumbre sobre el futuro que les ofrecen sus gobernantes y una economía en transformación que deja a buena parte de los ciudadanos fuera del mercado laboral y, por tanto, del reparto del crecimiento.

En el núcleo del populismo está la desigualdad, que se expresa en rabia contra el establishment, y los oportunistas saben qué quieren escuchar a los que están hartos. La situación política norteamericana es, en este sentido, generalizable. ¿Preferimos políticos que gestionen un país como una corporación de maneras autoritarias que busca ganancias a corto plazo y que nos digan lo que queremos oír azuzabdo la bestia, o aceptamos que no nos mientan y nos traten como adultos?

Trump ganó por intuición y por comportarse como un subversivo contra el sistema. Las próximas citas contra el populismo serán en Holanda y en Francia. Le Pen se beneficiará de la dimisión socialista en las complejas cuestiones de seguridad, inmigración y terrorismo. También de la corrupción de la derecha. La salud de la democracia liberal empeorará en los próximos tiempos. ¿Antes de mejorar de nuevo?

Más contenidos de