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ARTES ESCÉNICAS

El teatro catalán conquista Madrid

Grandes producciones catalanas triunfan en salas madrileñas y reactivan las temporadas por el Estado

Lluís Homar vive durante siete semanas en un apartamento en Lavapiés, cerca del Teatro Valle-Inclán. Estos días es madrileño por partida doble: actúa cada noche en este teatro la adaptación de Las brujas de Salem pero a la vez también dirige virtualmente Las bodas de Fígaro en el Teatro de la Comedia. Son dos de las grandes producciones catalanas que este mes comparten cartelera en la capital del Estado y que están teniendo un éxito clamoroso, con entradas agotadas. Pero hay más: hay que sumar Panorama desde el puente en los Teatros del Canal, Mujer no reeducable en el Teatro Español, In memoriam. La quinta del biberón en el María Guerrero y Himmelweg, camino del cielo en el Fernán Gómez.

En total, seis producciones de envergadura -tres del Teatre Lliure, dos del Teatre Romea y una de la Sala Atrium- que tras estrenarse en Barcelona hacen temporada en salas públicas y privadas de prestigio de Madrid, siempre en versión castellana. Y a esto aún habría que añadir el espectáculo de danza de los Brodas Bros y textos de autoría catalana pero producción madrileña como las comedias long-runner Burundanga, El test y El credito.

Esta exportación teatral a Madrid es excepcional, después de años en que la crisis había minimizado las giras por el Estado y había cortado la posibilidad de hacer temporada en las dos ciudades. "Estábamos en precario y apenas teníamos para mantener nuestras programaciones", recuerda el director del Teatre Lliure, Lluís Pasqual. Para él, la situación actual supone el retorno a la normalidad: "No es nuevo. La porosidad desde el punto de vista profesional, en teatro y cine, ha sido siempre muy grande". Pero en cierto modo esto también se debería agradecer a la crisis, porque ha hecho que los teatros se esfuercen en buscar coproductores de la otra capital. Un espectáculo con quince actores como Las brujas de Salem no se habría podido levantar si no fuera con la colaboración del festival Grec, el Teatre Romea y el Centro Dramático Nacional (CDN).

El éxito del teatro catalán se explica porque mantiene el aura de ser un teatro riguroso, genuino y comprometido. Aunque las giras del Teatre Lliure comenzaron a finales de los 70, a principios de los 90 causaron un gran impacto Las bodas de Fígaro de Fabià Puigserver que precisamente Homar ahora vuelve a montar. "Actuábamos por primera vez en castellano y el público que hasta entonces no se había sentido invitado nos conoció con un espectáculo muy representativo", recuerda Homar, que entonces interpretaba a Fígaro. "El teatro catalán tiene un nivel de exigencia y calidad grandes. Tenemos un lenguaje que no es exactamente el mismo que en Madrid, cosa que ocurre en todas las colectividades, y nuestra poética la agradecen mucho y se sienten reconfortados ", dice Pasqual. "Te tratan muy bien. Es un público buenísimo, quizás más dado a expresar sus emociones", afirma Homar, sin ánimo de hacer comparaciones odiosas. Cuando los productores madrileños miran hacia Barcelona "buscan productos de una categoría no comercial, cosas más complicadas", asegura Jordi González, jefe de contenidos de Focus, que en Madrid se siente "como en casa".

Un mercado a golpe de puente aéreo

Sobre todo para los actores, hacer temporada en Madrid es un aliciente porque supone abrirse a nuevos públicos, incluso a cazadores de talentos: "Aquí la industria audiovisual es mucho más activa y los directores de cásting van al teatro. Evidentemente, existe la oportunidad de que se fijen en ti y encajes en un proyecto", afirma Lluís Homar, que siempre busca dar "la máxima vida posible" a los espectáculos. "En Barcelona ya nos conocemos todos y aquí te puede venir a ver gente que no te ha visto o te ha visto poquito y te descubren 25 años después. Pero está bien -acepta Míriam Iscla-. Yo no espero nada más de Madrid y si pasan cosas me parecen estupendas, y si no, yo venía a hacer la función". "Marsillach y Espert ya se fueron a Madrid porque la industria tiene más peso. La ventaja que tenemos ahora es que puedes trabajar allí y vivir aquí", añade Pasqual. Las generaciones de actores jóvenes han encontrado grandes oportunidades en el audiovisual español y esto ha contribuido a forjar lazos más intensos entre las dos escenas. También el hecho de que haya directores catalanes al frente de los teatros madrileños: antes Mario Gas, Pere Pinyol, Jordi Tort; ahora Joan Matabosch, Carme Portaceli y Àlex Rigola.

Pero también para los productores es un mercado muy interesante para rentabilizar la inversión de producción, aunque les toque ir a taquilla, como ocurre en la mayoría de casos. "Si va mal tienes más déficit que si estás en tu casa, pero si va bien también tienes más superhábit", confirma Jordi González, de Focus. La empresa que gestiona el Romea, aunque tiene una sala en Madrid, La Latina, este mes exhibe dos textos de Arthur Miller en dos teatros públicos, un hito nada habitual. "La marca Cataluña funciona y el sello Romea, también", justifica. A finales de año aún volverán al CDN con La autora de Las Meninas, que Ernesto Caballero y Carmen Machi primero estrenarán en el Teatro Goya de Barcelona. Otras veces el viaje es a la inversa, claro. "Hace ilusión ir a Madrid, pero tienes que encontrar las mejores condiciones, el teatro adecuado en la época adecuada; si no, cuesta mucho -explica González-. Y es un buen mercado para luego conseguir hacer gira por el Estado". Esto puede suponer de 20 a 50 bolos más.

Desde el Teatre Lliure aportan otra perspectiva: "Nosotros somos una barca grande para salir de gira y no sacamos beneficios. Quizás si eres una pequeña compañía... Pero compensa porque nuestro trabajo no es hacer muchos beneficios sino hacer muchos espectadores", afirma Lluís Pasqual.

Las giras forjan talentos

Míriam Iscla también tiene un piso para este mes que pasará en Madrid. Terminadas las obligaciones de la promoción de Mujer no reeducable, aprovechó el tiempo libre que le brinda estar de viaje para visitar el Prado, el Reina Sofía y el Thyssen. Lluís Homar incluso se ha apuntado al gimnasio, pero también necesita tiempo para preparar el Ricard III que comienza a ensayar en el Teatre Nacional de Catalunya en cuanto vuelva, una obra que previsiblemente hará temporada en Madrid el próximo año. "Lo decíamos con Nuria Espert: cuando sientes el teatro de verdad es cuando vas de gira a Segovia, Sevilla o Lleida. Parece que la gente te agradece el esfuerzo de ir, y eso siempre pasa por encima de la incomodidad de hacer maletas e ir a hoteles. Quizá es el gen del cómico itinerante", explica Luis Homar.

Míriam Iscla había hecho grandes giras por todo el Estado en su época de las T de Teatre y, en cambio, los últimos años de crisis había tocado poco las maletas. "Creo que tiene que haber un término medio entre estar un año y medio fuera de casa y hacer 20 bolos. A nivel personal, es un gran reto. Nosotros somos bilingües, tenemos la suerte de hablar las dos lenguas, pero no tenemos la verdad en las dos lenguas y hacer este esfuerzo es muy chulo. Desde el punto de vista profesional hacer gira es muy enriquecedor, te hace crecer y te hace dúctil, aunque tampoco es happy world", asegura Iscla.

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