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TELECOMUNICACIONES

La trampa de la televisión de pago

Las operadoras de telefonía baten récords de abonados a los contenidos audiovisuales pero no aumentan ingresos. ¿Un error de estrategia o una táctica para pasar por encima de los nuevos rivales como Netflix?

Km 0, plaza del Sol de Madrid, uno de los puntos más concurridos de la capital del Estado. Allí se despliega desde hace un mes una pancarta gigante que promociona Las chicas del cable, la primera producción española de la plataforma estadounidense Netflix. Los esfuerzos publicitarios que el gigante de las series ha dedicado a esta historia sobre cuatro operadoras de la compañía nacional de telefonía a finales de los años 20 da una idea de la guerra que se libra en el mundo de los contenidos audiovisuales.

La fuerza de Netflix es innegable y las tradicionales del sector -bajo el liderazgo de una de las compañías que forma precisamente el km 0 del empresariado español, Telefónica- han puesto toda la carne en el asador para tratar de detenerlo. Han pagado cientos de millones por derechos del fútbol, de series y películas y ofrecen infinitos canales temáticos, todo empaquetado con teléfono e internet para poder colarse en casa de los consumidores. Es así como la televisión de pago ha conseguido superar por primera vez en la historia los seis millones de abonados en España. Eso sí, lo ha hecho a costa de perder rentabilidad por usuario abonado: de momento, los ingresos que les aporta la televisión de pago evolucionan mucho más lentamente.

La televisión de pago no ha sido nunca un gran negocio en España. Si se compara con otros países del mundo, los españoles están poco acostumbrados (o dispuestos) a pagar por ver la televisión, por lo que llegar a los seis millones de abonados es un hito remarcable. En países como Francia o el Reino Unido son más del 50% de los hogares los que pagan algún tipo de cuota o suscripción para ver la tele, una proporción que se eleva hasta el 70% en los países nórdicos y que todavía es más alta en el caso de los Estados Unidos. En el Estado, en cambio, ahora que bate récords, roza el 40%. Los últimos datos disponibles sobre este mercado los proporciona la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que la semana pasada revelaba que el tercer trimestre de 2016 se superaron los seis millones de abonados, un 50% más de los que tenía el 2007. Por el contrario, los ingresos aportados por este negocio apenas igualan los niveles de entonces, y rozan los 1.400 millones en los tres primeros trimestres de 2016. Esto quiere decir que si hace diez años las operadoras o los distribuidores de tele de pago ingresaban 505 euros por cada abonado, el tercer trimestre de 2016 sólo ingresa 229.

¿Qué explica esta pérdida de ingresos por usuario? ¿Es más barata ahora que antes la televisión de pago? No es que sea más asequible para los usuarios, es que es absolutamente diferente. Así lo explica Pablo Romero, miembro del equipo fundador de Canal + y ex director de contenidos de Yomvi. "Hace diez años no había el mercado de la banda ancha y eso es determinante: la categoría del ocio en el hogar se ha desplazado desde el mundo de la tele de pago hacia el mundo de las comunicaciones y, por tanto, lo que entra en las casas es la banda ancha", apunta. Para Romero, que los ingresos que ahora tiene la televisión de pago por sí sola no crezcan no quiere decir que el negocio no sea rentable. "De entrada la tele ha conseguido encarecer la factura que pagamos a fin de mes", apunta.

De hecho, si nos fijamos a costa de qué se ha alcanzado el récord de abonados a los contenidos audiovisuales, la respuesta es en el empaquetado. El mismo informe de la CNMC constata que más del 84% de los abonados a la televisión de pago en el tercer trimestre del 2016 tienen contratada una modalidad empaquetada. "La televisión está siendo la impulsora de la penetración de la banda ancha", insiste Romero. Por ello, asegura que no hay que fijarse sólo en los ingresos que aporta este concepto sino que debe verse cómo les permite recuperar ingresos en todo lo demás gracias a los paquetes.

¿Es, pues, rentable el negocio de la tele de pago en España? Para una plataforma como Netflix o Wuaki.tv sí lo es, porque es el corazón de su negocio, pero para una operadora de telefonía aún no, por las inversiones que deben hacer en paralelo. "En España se ha hecho un despliegue de fibra óptica sin precedentes, no hay ninguno igual en Europa, lo que ha costado mucho dinero", explica José Antonio Morán, profesor de ingeniería de telecomunicaciones de la UOC. Este ingeniero pone como ejemplo lo que ya pasó en su momento con los operadores móviles virtuales (OMV): "Al principio había muchos y los usuarios comenzaron a marcharse de los grandes operadores para ir hacia otros que, al fin y al cabo, utilizaban la red que los primeros habían desplegado". La respuesta de Telefónica, Vodafone y Orange (siempre lideradas por la primera) fue hacer ofertas agresivas, regalar o financiar terminales y tener sus propios negocios low cost, recuerda Morán. A estas alturas, la mayoría de OMV han sido absorbidos o han desaparecido. Pasa algo similar con Netflix, la HBO o Amazon. "El vídeo es el que más consume de la red, por lo que han desplegado la fibra, y las plataformas se llevan gran parte del tráfico sin pagar nada a cambio", dice Morán. Poco después de aterrizar en España, Netflix publicó un ranking de velocidad de los operadores en que Telefónica era la más lenta, y denunció el intento de la operadora de obstruir el servicio.

¿Recuerdan el buscador Terra? Lo que ocurre con las plataformas de contenidos es un conflicto que las grandes telecos han mantenido ya con los gigantes de internet como Google o Facebook. "En su inicio Telefónica ya intentó comprar su propio buscador (Terra) y ahora intentan hacer lo mismo", apunta el profesor de la UOC. Por eso compró Canal + y se ha lanzado con mucha fuerza a la producción de contenidos audiovisuales propios. En una comida con periodistas, Luis Miguel Gilpérez, presidente de esta operadora en España, explicaba que la compañía aspira ahora a convertirse en "hub de creación de contenidos audiovisuales hispanos" y que ya trabaja en la producción de seis series propias para lanzar una cada mes, por lo que invertirá hasta 100 millones de euros anuales. "Si a nivel legislativo Movistar pudiera cobrar a Netflix por el uso que hacen de la red no habrían entrado tan agresivamente en este negocio", apunta Morán.

En Estados Unidos, Netflix ya paga a Verizon o Comcast y eso es lo que Telefónica busca en España, pero mientras no lo consigue contraataca, aunque le salga caro. "La rentabilidad de ofrecer contenidos audiovisuales ahora mismo es muy baja porque lo que están haciendo es ganar clientela, se está reestructurando el mercado y están intentando ganar la posición mayoritaria", reitera este profesor de la UOC. Con esta estrategia, se puede optar por hacer como Movistar, comprar Canal +, producir series propias y obtener los derechos del fútbol y los de las series más destacadas de Netflix y HBO en español, como House of cards o Juego de tronos; o hacer como Vodafone u Orange, que han integrado estas series a su oferta.

Pero la producción de contenidos es muy cara, al igual que los derechos del fútbol o el de las series. Y lo que están dispuestos a pagar los usuarios a fin de mes es una "barrera psicológica", explica el ex director de Yomvi. Netflix, la HBO o Wuaki.tv acaban ofreciendo suscripciones por un máximo de unos 10 euros que, además, se pueden compartir. Los paquetes que ofrezcan Movistar, Orange o Vodafone, pues, deben ser lo suficientemente baratos para poder competir. Por eso, por ahora, a pesar de que han disparado el número de abonados, las operadoras no ingresan más. El objetivo es acaparar el máximo de usuarios y fidelizarlos. Según la CNMC, las nuevas plataformas aún no tienen más de un 4% de los usuarios de tele por internet, pero para las operadoras son una amenaza futura que gana dinero a través de la infraestructura que ellas pagan.

Además, los precios empiezan a subir. Romero recuerda los últimos encarecimientos unilaterales de tarifas: "El negocio de las telecos es incrementar el coste de sus productos a través de fórmulas diversas como subir el precio del paquete a todos y pagar así el fútbol", explica. Una estrategia que ya les está pasando factura. La encuesta de hogares de la CNMC revela que se ha disparado la insatisfacción por el precio de la tele de pago: el 41% de las familias ya lo considera demasiado caro, un porcentaje superior a los que se quejan de la banda ancha por primera vez.

Si en la época de Las chicas del cable era imposible imaginar que su trabajo de conectar cables para establecer llamadas desaparecería, ahora parece difícil vislumbrar cómo acabará estructurándose un mercado en el que las operadoras se han convertido en productoras de cine y donde Netflix, Amazon y HBO presionan con fuerza. El negocio de los contenidos domésticos audiovisuales de pago todavía está en el km 0. Y sus usuarios apenas empiezan a acostumbrarse a pagar.

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