Publicitat
Publicitat

ABANS D'ARA

Erdogan se mide con Atatürk

De Xavier Batalla (Barcelona, 1948-2012) a 'La Vanguardia' (11-VI-2011) en un article profètic sobre la Turquia de fa uns sis anys. En l’evolució que ha seguit aquell país s’han accentuat dos trets negatius, si més no, que assenyalava el periodista: les limitacions a la llibertat d’expressió i als drets dels kurds. Imatge: Erdogan (1954) i Atatürk (1881-1938).

[...]

Turquía vive una guerra cultural entre un bando laico, básicamente urbano, y otro conservador y fuerte en las zonas rurales, donde se alimenta el voto islamista. Y la nación laica, obra de Mustafá Kemal Atatürk, el fundador de la República, vive en el temor de que el laicismo no acabe de conquistar el imaginario social de los turcos. “El conflicto real es económico. Hay una lucha de clases entre dos culturas: por una parte, la vieja clase media kemalista, integrada por los militares, la burocracia y el empresariado afín; y por otra, la clase media emergente, no necesariamente islamista, que procede del campesinado de Anatolia y que ha prosperado con el comercio”, afirmó en una ocasión a este corresponsal Can Paker, presidente de la Fundación Turkish Economic and Social Studies, en una reunión organizada en Estambul por la Comisión Europea. Turquía ha cambiado con Erdogan. Ya no llama con grandes ilusiones a la puerta de Europa, sobre la que parece haber perdido la fe; es la decimosexta economía mundial y la sexta de Europa; la globalización ha facilitado que sea una potencia económica en África, y se ha dado una política exterior independiente que ha enfriado sus relaciones con Israel y que le permite hablar con Irán, Hezbollah y Hamas. Antes de Erdogan, Turquía estaba en la periferia y ahora está en el centro de Oriente Medio, donde su modelo puede ser una fuente de inspiración, según le gustaría a Occidente, para después de las revueltas árabes. No todo, sin embargo, es digno de imitar: en cuanto a libertad de expresión, Turquía apenas va por delante de Rusia, que ya es decir poco, y el trato que da a los kurdos (unos diez millones) tampoco es homologable para los europeos, pese a las reformas introducidas por Erdogan. […] La Constitución de 1982, autoritaria y centralista, debe ser reformada, pero lo preocupante no es el sistema electoral, sino el propósito de reescribirla sin consenso en una sociedad dividida. Erdogan, que dentro de cuatro años no podría ser reelegido primer ministro, según dicen los estatutos de su partido, es partidario de instaurar una república presidencialista; es decir, no le disgustaría ser presidente. Y el problema para los laicos, que antes temían que hiciera de Turquía otro Irán, es que Erdogan pretenda ahora ser otro Vladimir Putin.

Més continguts de

PUBLICITAT

El + vist

El + comentat

PUBLICITAT
PUBLICITAT