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ABANS D’ARA

El equívoco de la “crítica”

De María Luz Morales (la Corunya, 1898 - Barcelona, 1980) a Films Selectos (1932). Publicitat i gabinets de premsa esperonaren la crítica de cinema.

De pocas cosas podemos las gentes modernas hablar, diciendo, con conocimiento de causa: “En un principio…” Pero sí podemos decirlo al referirnos al cine, que nació en nuestro tiempo […] La crítica cinematográfica hubo de improvisarse en todos los aspectos. Para juzgar el hecho nuevo y raro, faltaba el precedente, la preparación, la cultura dada que existe cuando se trata de las otras artes. La mezcla de mecánica y de industria que traía consigo la nueva materia artística, era más elemento de desorientación que no de juicio. Un ciego desdén por la que entonces era considerada diversión de barraca de feria (alumbramiento, sin embargo, de un arte popular universal), impedía que la nueva modalidad espectacular fuera estudiada, analizada, por los únicos para ello capacitados: artistas e intelectuales. Así, en la Historia del Cine, faltan, ¡faltarán siempre! unas cuantas páginas iniciales que hubieran sido en verdad interesantes: las del espectador avisado, las del crítico precursor, capaz de ver toda la trascendencia del balbuceo que todos, encogiéndonos de hombros, escuchábamos. Y resultó que, no ya de las rudimentarias manifestaciones de ese balbuceo, sino de acontecimientos en su día verdaderamente interesantes -“El asesinato del duque de Guisa” [1908], las primeras actuaciones de Charlot, “Quo Vadis” [1912]- no se ocupó nadie de hacer crítica, juicio ni comentario… Fue, ¿a qué negarlo? la misma industria la que impulsó la existencia de la crítica. Las poderosas organizaciones comerciales que en torno a la cinematografía se crearon, incluyeron en su complicado engranaje la ruedecilla de los departamentos de publicidad. […] La prensa se vio invadida por esos “juicios” tan interesados como poco amenos, ya que en ellos se hilvanaban, sin orden ni concierto, los más elogiosos y halagüeños adjetivos […]. Más he aquí que cuando creíamos haber llegado a un período de equilibrio nos hallamos ante el súbito desarrollo de la crítica absoluta y estúpidamente negativa […]. Como aquella primitiva crítica monótonamente elogiosa, esta otra pseudocrítica peca de igual monotonía; carece también de claroscuro; si en aquella todo era bueno, en ésta todo es malo […].

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