L’EDITORIAL

2021, un año para recomenzar

En 2020 hemos tocado fondo en muchos sentidos. La pandemia ha sido un zarandeo global y profundo, una crisis sanitaria y económica que nos ha obligado a reaccionar, aunque sea de manera improvisada y torpe. Todavía estamos en estado de shock. Pero la vida continúa, imperativa, y con el inicio de año, que ha coincidido con la llegada de las primeras vacunas anticovid, toca hacer más que nunca la lista de propósitos, que esta vez querrá decir empezar de nuevo muchas cosas, replanteándonos nuestra vida colectiva a fondo.

Hay muchos recomienzos sobre la mesa. El primero y más evidente tiene que ver con la lucha contra el virus: primero, vencer al azote; segundo, hacerlo sin dejarse a nadie por el camino (con patentes privadas de vacunas difícilmente se conseguirá); tercero, reimpulsar la economía, lo que pide un keynesianismo sostenido en el tiempo y efectivo; y cuarto, acompañar a las víctimas sociales de esta nueva crisis, que no son pocas. Los retos son inmensos.

A nivel global, vemos la caída de Trump, que supone una oportunidad para recoser las relaciones internacionales desde la imprescindible multilateralidad tejida sin ingenuidades y con tantos esfuerzos desde el final de la Guerra Fría. El objetivo tiene que ser frenar tanto los autoritarismos populistas como las desigualdades crecientes y buscar un contrapeso democrático occidental en la puja económica y geopolítica de la China dictatorial. En Europa tenemos, además, el reto de hacer más fuerte, real y viable la unidad continental, ahora ya sin el Reino Unido. ¿Quién cogerá el relevo moral de Merkel? Y todavía a nivel global sobresalen dos objetivos inaplazables: la crisis migratoria -¿cuándo encontraremos el punto medio entre la hipocresía buenista de unos y la demagogia de otros, mientras vemos como las ONG trabajan?- y la crisis climática. Respecto a la segunda, la cumbre de Glasgow tendría que marcar hitos ambiciosos si realmente queremos salvar el planeta Tierra. Suena muy gordo, dicho así, pero es así.

A nivel nacional, las elecciones del 14-F tendrían que abrir una nueva etapa de trabajo y gobierno sin renuncias, con la noble ambición de pensar el país en toda su dimensión. Las urnas catalanas también interpelarán a España, donde la coalición PSOE-Podemos con apoyo soberanista tendría que dar pasos valientes para llegar a una solución política de acuerdo con la plurinacionalidad real del Estado. Con presos políticos y exiliados no habrá salida posible.

Y todavía más temas: después de tocar fondo, el Barça necesita una directiva seria y fiable. En el mundo educativo, el primer curso pandémico ha empezado bien y tendría que seguir mejor, cogiendo el toro de la innovación y la inclusión por los cuernos. Y en el campo cultural, el trabajo de reconstrucción tiene que ser transversal y prioritario.

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