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Antoni Vila Casas: “Catalunya no tiene futuro con España“

Antoni Vila Casas cumplirá 90 años esta semana, y este 2020 su fundación, dedicada a promover el arte catalán contemporáneo y a la divulgación de la investigación científica en el ámbito de la salud, ha celebrado los 20 años. Es el gran mecenas de la cultura catalana y el último burgués a la antigua: emprendedor, catalanista y generoso.

Antoni Vila Casas “Catalunya no tiene futuro con España“ / FRANCESC MELCION

Antoni Vila Casas (Barcelona, 1930) llega cada día a las diez y media a la fundación, que tiene la sede en la Casa Felip, un edificio modernista esplendoroso en los bajos del cual se encuentra una de las salas de exposición que tiene en la ciudad, el espacio Volart. También ha hecho construir un museo en el Poblenou, Can Framis, donde tiene la colección de pintura, y tiene dos más, uno en Torroella de Montgrí dedicado a la fotografía y otro en Palafrugell dedicado a la escultura. Y ha llegado a acuerdos para hacer exposiciones itinerantes de la colección en Tarragona y pronto en Olot. Pero recorrer todo lo que hace la Fundació Vila Casas o él mismo personalmente por la cultura y la investigación es complicado. En los últimos años, por ejemplo, ha dado dos millones de euros al Hospital de la Vall d'Hebron para adecuar espacios dedicados a los enfermos de leucemia, una enfermedad que él sufrió hace 17 años. Y colabora con medios de comunicación - La maleta de Portbou, Catorze, el ARA -, festivales -Ibercàmara, Temporada Alta-, entidades -Fundació Miró, Elisava- y universidades -Pompeu Fabra, UB-. Y debe de haber más cosas todavía porque no es de explicarlo mucho y trata de centrar la conversación en su propia fundación, que tiene una rama artística y otra dedicada a la divulgación de la ciencia y la salud. Hablar con él es un placer por la cantidad de historias que va enlazando del mundo de la empresa, la farmacia, el arte, la política, la familia... Los 90 años lo cogen preocupado por la situación pandémica, por la economía y por el país, pero el tiempo no le ha hecho perder inteligencia ni una mirada pícara. Hijo de una familia de empresarios del textil, escogió estudiar farmacia un poco por casualidad, pero inventando y copiando medicamentos llegó a tener, con sus socios, un imperio con los laboratorios Prodesfarma. Cuando se vendió su parte de la fusión con Almirall, cerca de los 70 años, dedicó su energía al mecenazgo, y su preocupación ahora es asegurar que la Fundació Vila Casas sobreviva cuando él no esté.

Muchas felicidades. Hacemos esta entrevista con la excusa de que usted está a punto de cumplir los 90 años.

Sí, el día 27.

Esta edad es una atalaya privilegiada. ¿Cómo se ven las cosas desde ahí?

Se ven, y por eso me da tristeza. Me da tristeza porque en la vida se tienen que tener ilusiones, y las ilusiones las tienes que proyectar con un cierto tiempo, y necesitas un tiempo para hacerlas. Ayer fui al médico y le dije que me dijera cómo lo veía, porque tengo un proyecto y necesito tres años. Me dijo: “Hombre, no te preocupes, estás muy bien”. Pero bueno, después salen problemas, con los ayuntamientos, con las licencias, todo se atrasa... Pero todavía lo tengo en la cabeza, veremos si...

¿Cuál es este proyecto?

Eso no te lo puedo decir.

Pero tiene que ver con recuperación de patrimonio, eso seguro.

Sí, claro, eso también. Antes lo quería hacer con el patrimonio que no era mío, que tenía que comprar, y ahora lo quiero hacer con un patrimonio que es mío y estoy esperando que se vaya el inquilino, y no sé cómo acabaré haciéndolo.

Segur que lo veremos.

Espero.

Estamos viviendo tiempos interesantes y a la vez terribles. ¿Cómo los vive una persona que se ha dedicado al mundo de la salud?

Es horroroso, porque de esta pandemia no se sabe nada. Cuando es una pandemia de una enfermedad conocida tienes muchos remedios, pero cuando no se sabe nada, pero absolutamente nada... Ni los médicos ni los investigadores, aunque dicen que sí. No se sabe si los anticuerpos duran seis meses, u ocho meses, o un año, o se van. Es un drama hablar de esto, los científicos se quedan paralizados, y solo hay que ver que los políticos están igual porque, además, esto arruina o pone en situaciones muy difíciles a empresarios, inversores... A mí también. Por ejemplo, cuando creé la fundación la doté de un patrimonio, pero era un patrimonio que en parte era financiero, en parte eran alquileres y en parte era a partir de la compra de locales. Y ahora mira, hay locales que según cómo no te pagan, otros piden rebajas... Es decir, si tenía una cantidad destinada a hacer las actividades de la fundación me encuentro que tengo mucho menos dinero, y entonces me tengo que vender patrimonio para llegar, ¿no? Y si te vendes patrimonio, entonces generas plusvalía y pagas mucho más a la renta. Oye, es un verdadero desastre.

De tota manera usted tiene un plan para que la fundación lo sobreviva bien.

Sí, claro, un plan para mis últimos años y para que mi mujer pueda vivir bien, también. Pero a la larga, cuando mi mujer desaparezca, lo dejo todo a la fundación. Pero claro, si me están recortando los ingresos, oye, no sé si sobrevivirá todo lo bien que pensaba.

En este momento debe de haber miles de farmacéuticos y de científicos en el mundo, algunos de ellos con su ayuda, que intentan encontrar medicamentos y una vacuna contra el covid. Usted, que innovó en el sector, ¿qué les recomienda?

Antes era muy diferente: lo que yo sabía era un poco de química y de farmacología, pero de enfermedades conocidas. Ahora es una cosa desconocida. Suerte, les desearía suerte. Además, una vacuna es difícil porque si quieres que te aprueben un producto primero tienes que demostrar que tiene una actividad; después, y esta es una fase importantísima, tienes que encontrar la dosis apropiada para que tenga el efecto que tú has pensado que podía tener; después tienes que hacer un ensayo con lo que se llama fase 2, para demostrar que no tiene ninguna intolerancia, y después, una vez has demostrado todo esto, que tarda la tira de tiempo, entonces tienes que hacer un ensayo importante, con unos tres mil pacientes, para ver si verdaderamente responde y es eficaz con la enfermedad que has pensado que podías curar. Y después de eso te dan la progresión, y después tienes que encontrar el precio, porque fuera los precios son libres pero aquí hace falta que te den el precio apropiado para que puedas comercializarlo. Claro, es muy largo, o sea que si una vacuna tiene que tener la fase 1, la fase 2 y la fase 3, ahora saldrán al mercado con fase 2, no con fase 3. O sea, no sabremos de verdad si tienen una tolerancia perfecta o no, o tienen una actividad perfecta o no. La fase 3 se hará con los que se quieran vacunar antes de cumplir todos los parámetros que suelen cumplir los medicamentos completos. Y aquí hay un poco de riesgo también, pero en fin, mucha gente se vacunará porque alguna seguridad sí tendrán.

A un joven investigador sobre el covid le diría “Suerte”, porque esta enfermedad es completamente desconocida

¿Usted se vacunaría?

Sí, por supuesto, yo seré el primero que me vacunaré, porque además soy un enfermo verdaderamente de riesgo. A los que tenemos 90 años nos vacunarán a la fuerza. Sí, claro, eso es seguro: si no te mueres de la vacuna, te morirás del covid. Eso me da mucho miedo, pero todo se tiene que superar.

Probablemente si hay una vacuna cambiará el clima del momento actual, que, como usted decía, es pesado, triste.

Sí, claro, si hay una vacuna la gente al menos llevará una vida más normal, no esto de ahora...

¿Qué es lo que más echa de menos?

No poder hacer muchas cosas. La libertad de ir y venir. Mi vida siempre ha sido trabajar mucho y pasármelo bien los fines de semana. Desde los 35 años voy a Pals cada verano, y no he dejado de ir ningún fin de semana. Cuando viajaba con la empresa, volvía siempre los viernes para irme a Pals hasta el domingo. Ahí tenemos una casa que empezó siendo una casita que nos costó 40.000 pesetas y que con el tiempo hemos agrandado con un trozo de aquí, un trozo de allá... Fui comprando las casas traseras, con los jardines, y las arreglé.

¿Es ahí donde tiene una farmacia antigua?

Me hizo gracia guardar algunas cosas que tenía de mi vida de farmacéutico y me llevé todos los medicamentos que había fabricado. Llegué a tener cuatro laboratorios, e hicimos muchos. Y después, con la fusión con Almirall, también hicimos más. En total son más de doscientos productos.

Además de los medicamentos, usted hacía carteles inspirados en cuadros y eslóganes. ¿Cómo se inventaba los nombres de los medicamentos?

Uy, al principio todos eran prodes, el nombre de la empresa, y algo más, pero después... Fíjate, muchos los inventaba con nombres relacionados con los Juegos Olímpicos. Por ejemplo, registré el Citius, el Altius y el Fortius. Claro, al principio yo lo que sabía era copiar. Entonces se podían copiar los productos. Eso me fue muy bien porque cuando veía que un producto tenía buena pinta, pues lo registraba. Entonces era muy fácil hacerlo, no hacía falta ninguna fórmula ni hacer ninguna instancia, solo te analizaban el producto y con eso ya bastaba; por eso registré muchos. Cuando entraron los socialistas y muchos laboratorios se asustaron y vendieron, yo compré cinco de golpe y nos pusimos a hacer productos nuevos. Las ventas se multiplicaron y en cuatro años nos pusimos al frente del sector, facturábamos mucho. Y entonces me puse a hacer investigación, y descubrimos el Airtal, un analgésico y antiinflamatorio. El núcleo provenía de otro producto, pero yo añadí un elemento que fue bien, no para lo que pensaba inicialmente, pero funcionó.

¿Qué papel juega el azar en su vida?

Yo creo que se tiene que tener suerte. Y bueno, tener datos y ser un poco creativo ayuda. Si haces una cosa que te gusta y la vives intensamente te vienen las ideas.

En este momento usted ayuda a la sanidad pública: ya ha invertido dos millones de euros en el Vall d'Hebron.

A ver, yo ayudo a la sanidad pública porque cogí un cáncer, un linfoma, y el médico me daba dos años de vida, pero gracias a un tratamiento experimental ya han pasado 17 años. El médico que me lleva en el Vall d'Hebron me dijo un día: “Mira, a ti te ponen la quimio en una butaca, y en cambio en el Vall d'Hebron la ponemos en una silla más incómoda. Si te apetece poner el dinero que hace falta para hacer un departamento donde tratar a los enfermos externos con más comodidad, iría muy bien”. Y le dije que sí, que claro, que si lo pedía él ningún problema. Y después, ahora hace dos años, vimos que para curar la leucemia hay un tratamiento especial del cual hay veinte franquicias en el mundo, y una nos la daban a nosotros, al Vall d'Hebron. Para hacerlo se tenía que tener una sala totalmente esterilizada y adaptada para poder hacer los tratamientos de médula ósea. Y bueno, también ayudé a hacer posible esa sala.

Y ayuda también en investigación.

Sí, un poco por curiosidad, porque me gusta seguir lo que se hace en investigación. Algunos proyectos funcionan y otros no tanto. Por ejemplo, he invertido en una chica que trabaja en Boston en un producto para el melanoma ocular, y en eso continuamos. Hace quizás ocho o nuevo años que trabaja en ello, y ahora se atrasará todavía dos años más antes de que lo podamos sacar, porque hacen falta más pruebas. Ya no lo veré, quizás, pero es bastante importante. Al menos de momento, parece que permite parar el melanoma. Hay algunas farmacéuticas en los Estados Unidos que lo quieren comprar, y no sé qué pasará. La última fase ahora cuesta mucho, y no sé si los inversores lo acabarán vendiendo o no. También hay otra investigación en curso con el Clínic... Me gusta implicarme en estas cosas porque ves el desarrollo del producto y te hace sentir un poco cerca de tu profesión y de su parte más bonita, que es la investigación.

¿Y esto lo hace sentir útil?

Bueno, útil no lo sé. Lo hago más para seguir las cosas que se hacen, y aquí en España hay investigadores que lo hacen muy bien.

Su vida profesional empieza con una farmacia, pasa por un gran laboratorio y acaba con la conflictiva salida de la fusión con Almirall. ¿Aquí empezó su segunda época?

Bueno, mi segunda época empezó con Aquilea, que había comprado un poco para distraerme porque me gustaba. Yo fui quien introdujo todos estos productos que ahora se venden en las farmacias.

Usted es el responsable del boom de la parafarmacia.

Sí, yo puse de moda la parafarmacia. El laboratorio que compré vendía entonces 10 millones de pesetas anuales y en dos años pasamos a facturar 3.000. Y entonces se lo vendí a Uriach, con quien somos amigos, y ahora a él le va mejor con Aquilea que con su marca.

Entonces usted decide que este dinero que ha ganado con la industria lo pone al servicio del arte, de la cultura catalana.

Sí, sí, con esto hago cosas. Cuando veo que hay una cosa que respira barretina, pues si puedo lo ayudo.

¿Respirar barretina? ¿A todo lo que respira barretina?

Hombre, a todo lo que me gusta y me hace gracia. Hay cosas...

Tenemos un amigo común que dice, si me lo permite, que usted es el último burgués. ¿Usted se reconoce en esa definición?

Sí, por supuesto. Quizás sí lo soy. Mi tatarabuelo hacía cintas negras para los curas, y después para los cardenales, y después de todos colores. Vendió muchas y ganó dinero, y entonces mi abuelo, que vivía en Manresa, puso una fábrica de tejidos en Sant Joan de Vilatorrada, el pueblo donde están ahora los presos, en Lledoners. Teníamos muchos telares, en Manresa y en Badalona. Con los años la fábrica fue mal y la vendieron, pero habían ganado dinero.

Quizás sí soy el último burgués. Mi tatarabuelo hacía cintas negras para los curas y después de todos los colores. Vendieron muchas y ganaron dinero

Ha citado a los presos. ¿Se habría imaginado que hoy, en la España contemporánea, habría políticos independentistas presos?

Hombre, no... pero viene de lejos. En Catalunya teníamos, de muy antiguo, una política orientada más hacia Europa y hacia la Mediterránea, y en Castilla una política totalmente diferente. Ese casamiento del Rey Católico fue un mal pacto, una mala fusión... Como nosotros con Almirall.

Esa mala fusión, ¿cómo se puede superar políticamente?

Políticamente no lo sé. Lo que está claro es que no tenemos nada que hacer mientras estemos en España. Catalunya no tiene ningún futuro con España, ninguno, seguro. Es que no nos dejarán nunca hacer nada, nunca.

¿Y cómo se tiene que salir de esto, entonces? ¿El resultado del Procés es el que usted esperaba?

No, no. Porque Esquerra sí es independentista, pero lo que quiere es volver a ser la primera fuerza de Catalunya. Companys sí lo tenía claro, pero ahora no lo tienen tan claro. Y Puigdemont también, pero ¿qué quieres hacerle? No tenemos ninguna fuerza. Lo veo mal, este tema lo veo mal, no sé qué se podría hacer. Yo creo que no hay partido.

¿Hay negociación posible con el estado español?

Imposible. Bueno, ¿tú crees que es posible? Yo creo que no. Pujol tenía otra política: continuamos en España pero tratamos de tener el peix al cove. Esta política sí dio buenos resultados, fueron los mejores años que ha tenido Catalunya. El gobierno de Pujol permitió que Catalunya subiera, pero era a base de pactos de este tipo, siempre dependiente de Madrid. Y ahora ya lo ves, ahora el catalán... y a Puigdemont lo echan. Pero yo lo volveré a votar, ya convivo con esta frustración. Es una pena, pero no lo conseguiremos.

Usted es muy amigo del president Pujol.

Siempre lo he respetado mucho, y ahora somos muy amigos, pero cuando él era potente no le hacía caso a nadie.

¿Iba a la suya?

Sí, siempre lo ha hecho. Ahora me telefonea cada quince días, y lo he ayudado. Es un buen tío, creo que las cosas de las que lo acusan no son verdad porque, oye, él no tiene ni un duro. Josep ganó un poco de dinero cuando se vendió Europraxis, pero el que quizás sí ha hecho duros es Jordi. Pero ahora lo tienen todo embargado.

Si hace balance, ¿ha tenido la vida que quería tener?

Yo me lo he pasado bien. Haciendo lo que he hecho, con problemas, pero de una manera u otra lo he ido logrando. Y ahora tengo un proyecto que me hace mucha ilusión, pero me pedían mucho dinero por el piso que quería comprar y ahora estoy mirando si recupero uno que ya tenía para poder hacer este proyecto. He estado trabajando en ello seis o siete meses, este año. A mí me gustaban mucho los toros y pienso que esto será una cosa original, pero no sé si saldrá o no saldrá.

¿Una cosa relacionada con los toros?

Sí, sí. A ver, Catalunya, en la época de Felipe IV, era el lugar de España donde se hacían más corridas, y en Olot se hizo la primera plaza de toros del Estado. A mí me gustaban mucho los toros y ya iba de pequeño con los amigos, cuando valía dos pesetas. Después fui muy amigo de Balañá y conocí a muchos toreros.

Es especialmente fan de José Tomás.

Sí, hombre, hice una sala de tauromaquia en el museo de Can Framis para José Tomás, y tengo las fotos del Madueño, unas fotos muy bonitas. Él tenía que venir a inaugurar la sala, pero después lo cogieron y ya no ha venido más.

¿Este nuevo proyecto, por lo tanto, tiene relación con la tradición del toreo en Catalunya?

Sí, es una tradición. Los de mi época recordamos con pena que nos han quitado los toros. A la gente joven les dará igual, pero quiero dejar patente que los toros fueron también una tradición catalana. Hay un artista que lo trabajó mucho, eso, y le quiero rendir homenaje. Con los cuadros y las fotografías que tengo quería hacer un espacio dedicado al tema. Estoy a punto de ver si recupero un edificio para poderlo hacer realidad, pero no es momento tampoco de gastar dinero alegremente por un capricho.

Los de mi época recordamos con pena que nos han quitado los toros, que también es una tradición muy catalana. Ahora quiero abrir un nuevo espacio dedicado al tema

¿Y de permitirse un capricho a los 90 años?

Sí, eso sí, pero quizás podría poner en peligro el funcionamiento de la fundación, que ahora lleva una marcha muy bonita.

Usted decía que si hubiera querido hacerse rico habría hecho una colección con obras de Picasso y Miró, y en cambio ha hecho una colección que refleja su época.

He hecho una colección para proteger a los artistas de aquí y recuperar la trayectoria de los pintores catalanes que han sido grandes y a veces no se conocen. Hago lo que puedo.

¿Le preocupa lo que piensen de usted?

No, eso sí que no.

Incluso cita siempre unos versos de Papasseit que le gustan.

No m’interessa gens, no m’interessa el que pensin de mi, no m’interessa gens ...  No, no, oye, puede haber quien diga que lo he hecho bien y quien diga que lo he hecho mal, ya estás acostumbrado, a eso. La mitad de los amigos dicen que soy independentista, los que son pijos, y por eso he perdido a esa mitad. La otra mitad, los que piensan como yo, todos tienen carrera. Y los otros, ¡qué le vamos a hacer...! Pero no me preocupa, no. A veces cuando pienso en esto me emociono porque pienso que me queda poco, pero bueno, ¡qué le vamos a hacer! No me escaparé.

No nos escapamos nadie. Pero es una vida muy aprovechada.

Años muy aprovechados, sí, sí. Lo único que puedo hacer ahora es que mi mujer viva bien el tiempo que le quede, y que aquí [en la fundación] me administren bien, que ya es difícil, eso. Ya me pasaba en el laboratorio, pero ahí lo controlaba más porque era mío, pero aquí es diferente porque hay egos que son más difíciles.

¿Cuando uno es muy meticuloso es difícil delegar?

Claro, aquí ahora hay un comité de compra. Antes no, hasta ahora había comprado solo yo y siempre he comprado lo que me gusta, algunas cosas más y otros menos, pero de todas siempre hay anécdotas que te hacen ver esa pieza con más cariño. Pero bueno, ahora he hecho un comité de compras y ya les he dicho: “Cuando no me aprobéis la compra pero a mí la pieza me guste la compraré igual y la pagaré yo”. Y seguiré haciendo lo que quiera. Es que si lo pagas todo y no puedes hacer lo que quieres... Lo único que te queda cuando te haces mayor son estas pequeñas cosas.

He leído en un libro que tiene afuera, ilustrado por Miquel Barceló, el Àurea Dicta, una cita de Séneca que dice que también se tiene que sembrar después de una mala cosecha. Quizás es el momento en Catalunya de entender eso, que tiene que seguir sembrando después de una mala cosecha.

¿Sabes qué pasa? Que la gente de aquí es muy tacaña. Para mí el mejor pintor catalán es Miró, y cuando oí que la Fundació Miró pasaba dificultados por una mala gestión -y eso me da miedo, porque las fundaciones...- hablé con Sara Puig, la presidenta, y quedamos que yo iría haciendo donaciones porque la gente que tiene más o menos posibles también lo hará y ayudará. Pues, oye, no lo ha hecho nadie. Bueno, sí, lo hacen algunos, pero si yo doy cien mil euros cada año y después hago una exposición, pues nada, tú, otro da veinticinco mil al año durante tres años, pero poca cosa más. Eso no lo entiendo, antes no pasaba. En la época del Liceu la gente que tenía dinero lo ponía y estaba contenta de hacerlo.

¿Han dejado de creer en Catalunya? ¿O es que ya no hay burgueses?

No, sí hay. Lo que pasa es que ahora se han vuelto burgueses los médicos, pero a pesar de que se ganan bien la vida dinero no tienen mucho. 

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