'Batch cooking', el aliado perfecto del retorno a la rutina

Cocinar un día para toda la semana, una manera de organizarse, comer mejor y más barato

Ahora que ya ha empezado la escuela y hemos entrado en otoño, hemos estrenado una rutina que teníamos muy olvidada después del confinamiento. Suena el despertador y vuelven las obligaciones como llenar la nevera y decidir qué comemos. Pero uno de los hábitos que nos ha dejado el confinamiento –cocinar más que antes– nos puede ayudar. De hecho, cada vez más gente se está sumando al batch cooking, que significa cocinar un día lo que se comerá el resto de la semana. “Ahora existe la manía de poner nombres a todo, y si es en inglés mola más”, dice Pep Nogué, director gastronómico del Culinary Institute of Barcelona. Nogué asegura que el batch cooking se ha hecho toda la vida en los pueblos: ir al mercado y tener una despensa para ir comiendo durante la semana. “Si esta moda hace que se coma más producto fresco, eso que ahora también llaman  real food, y que nos alimentemos mejor con una cocina más saludable, es fantástico. Además, ayuda a tener una economía más ordenada y saneada”, comenta. El profesor Vicent Borràs, del Centro de Estudios Sociales sobre la Vida Cotidiana y el Trabajo de la UAB, coincide en el hecho de que “la práctica del batch cooking siempre ha existido, lo único que han hecho es ponerle un nombre en inglés". "Aprovechar la cocina del fin de semana, reaprovechar, hacer raciones más abundantes o congelar lo que sobra no es un fenómeno nuevo”. Borràs explica que el batch cooking supone adaptar la reorganización tradicional –madres y abuelas que preparan fiambreras para que hijos y nietos se las lleven para comer durante la semana– hacia una nueva realidad, y incorporarle un discurso. Es una gran paradoja: según la última Encuesta de los Usos del Tiempo, las mujeres de más de 45 años dedican a la cocina y la casa 77 minutos más que las que tienen menos de 45, y esto convive con un fenómeno paralelo que es que nunca había existido tanta preocupación por la comida, ni información y entretenimiento relacionados con la cocina.

La gestión del día a día

Para Mar, de 45 años, son poco compatibles los horarios de trabajo, de la escuela y extraescolares de los hijos con la opción de preparar la comida cada día. “Desde que tenemos hijos, resolvemos las comidas el fin de semana. El sábado vamos a comprar y el domingo por la tarde dedico un par de horas a los menús semanales, a las comidas de los grandes y a las cenas de los cuatro, al menos para dejar terminadas las bases (arroz, pasta hervida, patatas, verdura o pechugas a la plancha hechas). Si no puedo dejar preparado todo lo que he planeado porque se echaría a perder, preparo hasta mitad de semana, y el miércoles por la tarde, que acostumbro a tener tiempo, acabo de preparar el resto”. Al principio congelaba lo que cocinaba, pero la textura una vez descongelado no la acababa de convencer, por eso lo deja en la zona cero de la nevera. Con los años ha ido perfeccionando el tipo de recipientes, ahora todos son de cristal: “Me parece que no se traspasan los sabores y es más práctico, puedes ponerlos en el horno o en el microondas para calentar la comida”. En función del menú de la escuela monta el resto de comidas para no repetir e ir combinando. Nunca han consumido muchos alimentos procesados –a excepción de la pizza congelada y los calamares a la romana– e intenta cocinar productos que sean bastante naturales y complicarse poco la vida. Por la noche siempre tienen verdura, en sopa, hervida o dentro de una tortilla, y también comen muchas legumbres.

“La estrategia de guisar dos o tres horas intensivamente para el resto de la semana es no querer dedicar tiempo cotidiano a la cocina. También ha pasado con otros fenómenos: la gente ya compartía trayectos para ir de viaje o intercambiar casas, pero las aplicaciones de consumo colaborativo lo hacen más fácil porque simplifican la gestión y amplían la red. Hay prácticas que pueden ser más o menos minoritarias pero al compartirlas en las redes sociales se hacen más extensibles, y gente que no se lo había planteado, entonces lo hace. Cuando la información circula facilita el intercambio y consigue que lo que parecía una práctica minoritaria no lo sea tanto”, argumenta el profesor. Destaca que es curioso que quieren dedicar menos horas a la cocina pero, por otro lado, dan mucha importancia a lo que comen. Cocinar en cantidades suficientes para el resto de la semana implica tener que organizarte de otro modo, desde la planificación de menús hasta la compra, pasando por tener más recipientes y bastante espacio en la nevera o el congelador para guardarlo. Nogué recuerda que cocinar para toda la semana se tiene que hacer con sentido culinario, se tiene que pensar en la caducidad y la durabilidad, hay cosas que no aguantan 5 días en la nevera y otras que sí y no hay que congelar, o platos que congelados y descongelados en casa no son buenos porque no se tiene un congelador lo suficientemente potente. “Creo que todavía falta cultura culinaria para saber cuáles son los mejores platos que podemos cocinar en formato batch cooking”, concluye, y recomienda que se tengan presentes ideas básicas como que hay que enfriar rápidamente lo que se cocina para que los microorganismos y las bacterias no sean una amenaza, y evitar la contaminación cruzada, que se da cuando diferentes alimentos entran en contacto y las bacterias van de uno a otro, o de una superficie o enser a otro. Por eso es imprescindible lavarse mucho las manos, limpiar cuchillos y maderas de cortar con agua y jabón o utilizar varios distintos.

Una moda con discurso

El batch cooking no es nuevo, lo practica mucha gente, tiene unas claves identificatorias y va acompañado de un discurso. Cuando aparece el discurso público crea identidad aunque puedan ser identidades volátiles. No hay fidelidad en la cocina, pasa como con la moda, la gente se cansa. “Lo que marca la comida no es la necesidad, es el deseo. Somos una sociedad de consumo que vive en el cambio constante. Las personas no necesitan estas identidades para vivir, por eso son tan poco duraderas”, dice el profesor Vicent Borràs. Aún así, ya hace casi tres años que Paula, de 37 años, hace batch cooking. Tenía problemas de alimentación e intolerancias pero no le encontraban qué era. Cada día comía fuera y para cenar llegaba a casa sin nada preparado y con pocas ganas de cocinar: “Tiraba con cualquier cosa, comida poco elaborada o preparada, poco sana en general, y cada día me encontraba peor”, reconoce. Después de descubrir que tenía intolerancia al azúcar, hizo un cambio en la dieta: alimentos reales, sin azúcar, productos frescos, ecológicos y de proximidad que ella misma cocina. Antes lo compraba casi todo en potes, en cambio ahora apenas tiene envases y cuando los compra se fija en el etiquetado e intenta que tengan pocos ingredientes. “La planificación y la organización son fundamentales. Ahora ahorro tiempo y dinero, solo compro lo que necesito y he aprendido a calcular bien las cantidades. El jueves miro lo que tengo congelado y necesito gastar, pienso y organizo bien los menús para toda la semana y hago la lista de la compra. He comprado fiambreras de cristal, que conservan mejor la comida. Día a día vas aprendiendo. El domingo o el lunes cocino, en menos de 3 horas lo tengo todo preparado. ¡Estoy encantada!”, dice. Tiene intención de seguir con el batch cooking porque ahorra tiempo y la ayuda a comer mejor.