Buenas noticias

Este domingo hemos decidido sublevarnos. La redacción del ARA ha trabajado en un periódico de buenas noticias y, sorprendentemente, nos ha sido más fácil de lo que habíamos previsto.

A menudo los periodistas quedamos atrapados por una visión negativa del mundo. Los hechos, para pasar a la categoría de noticia, necesitan ser nuevos, sorprendentes, impactantes, insólitos, graves, y estas condiciones, que son necesarias para captar nuestro interés y el de nuestros lectores, suelen darse más fácilmente en las noticias negativas. El magnetismo del titular en mayúsculas, de la cifra más alta, del decibelio exagerado y la aceleración de la realidad hacen que los diarios sean, a menudo, un catálogo de la miseria del alma humana con su tristeza, violencia, impotencia y maldad.

Este domingo hemos decidido sublevarnos. La redacción del ARA ha trabajado en un periódico de buenas noticias y, sorprendentemente, nos ha sido más fácil de lo que habíamos previsto.

Cuando nos lo planteamos nos preguntábamos cómo conseguiríamos encontrar buenas noticias en el éxodo de miles de refugiados que han muerto en el mar Mediterráneo, el año de la vergüenza del mundo civilizado en Siria, el año de la elección de Donald Trump, del Brexit, del desprestigio de la política tradicional, de la muerte de algunos de nuestros artistas favoritos. Pues lo hemos hecho.

Este domingo el diario lo hemos abierto con un dossier con 50 buenas noticias de todos los ámbitos. Desde la derrota de la ultraderecha en Austria hasta los goles virtuosos de Messi, desde la reducción del paro hasta los ejemplos de coraje y solidaridad con los refugiados. De los avances científicos en biomedicina al nuevo conocimiento sobre el Universo, de la lucha por una escuela mejor que ayude a concentrarnos en lo que realmente importa -que es la enseñanza y la educación- al crecimiento económico, de las exportaciones catalanas a la denuncia de hombres y mujeres de los comportamientos machistas que rodean muchos más gestos de los que somos conscientes. Para mantener la presencia de nuestra doble personalidad, para movernos entre nuestros Jekyll y Hyde periodísticos, hemos contado con Manel Fontdevila, que pone el contrapunto con un tono de humor. Buenas noticias, sí, pero con una voz que nos recuerda que nuestro esfuerzo tiene un punto deliberadamente ingenuo. Os animo a leer el dossier, y desde el diario procuraremos mantener el espíritu positivo (al menos durante varios días).

Queridos monstruos

El espíritu navideño del diario de buenas noticias es un abrazo a nuestros lectores. Lo aprovecharemos para abrazar también a nuestras familias, a nuestros amigos. Es Navidad y por un momento tendremos derecho a pensar que las cosas pueden salir bien, que tenemos la gran fortuna de ser amados y amar, que tiene sentido luchar por nuestras ilusiones y nuestros sueños, por el futuro.

Los anuncios de cava muestran familias aparentemente maravillosas. Son pocas. La mayoría de familias son algo más feas que en la publicidad y algo más disfuncionales y de geometrías de lo más variadas. ¿Qué es una familia perfecta?

Mi familia perfecta es la que todo el mundo construye a lo largo de los años con las naves y también los restos de este tipo de naufragio en que consiste vivir. Hoy nos encontraremos con nuestra galería particular de maravillas y de monstruos queridos.

Veremos las madres que han hecho y hacen de imán. Las que cocinaron cuando tocaba y las que cocinan ahora, las que llevan semanas preocupadas por la compra, para que los tenedores sean todos iguales y las servilletas de hilo estén bien planchadas. Las mujeres y los hombres que se han impuesto que sea un día hermoso a pesar de las dificultades. Aquellas madres que han ido a la peluquería, que han comprado o han hecho regalos y que aún estarán en la cocina cuando lleguen los primeros invitados.

Veremos a los padres que buscarán sillas y se descontarán veinticinco veces, que bajarán a hacer compras del último minuto. Los padres que hoy lavarán el coche. Pensaremos en los padres ausentes. Algunos verán también a los hombres que se ponen el delantal con naturalidad y aún son la admiración de las mujeres del resto de la familia que no pueden evitar dar algún codazo.

Veremos niños corriendo con regalos que no necesitan y no querremos mirar a los niños sin regalos.

Veremos al primo lejano que llega con cara de perro y sin ganas de hablar porque es oncólogo infantil de un hospital público y muy a menudo no tiene ganas de hablar.

Veremos a la abuela que a los 84 estudia inglés y también a la abuela que tiene miedo porque con el Alzheimer no sabe dónde está ni sabe que vive, pero te abraza dulcemente.

Veremos a los hermanos, los que compiten y los que se complementan. A las hermanas que con una sola mirada lo entienden todo.

Veremos a las nuevas parejas. Veremos a los amigos que hace veinticinco años que se quieren y a los que hace veinticinco años que se odian.

Hoy es también un día de ausencias, de agujeros negros en la memoria. Pero sobre todo será un día de niños. De los que nos inyectan fe en el mundo y llenan las casas de risas y gritos.

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