L’AUGE DEL CÀNNABIS

Catalunya, polo de atracción del cultivo de marihuana en Europa

Los Mossos intervienen cada día más de una plantación y avisan de “un problema grave de seguridad”

Una plantación interior de marihuana que los Mossos han intervenido este octubre en Martorell. / JOSEP LAGO / AFP

Cuatro de cada diez catalanes responden que han consumido cannabis alguna vez en la vida. La proporción es la misma entre los estudiantes de educación secundaria. Pero cuando se pregunta si el consumo ha sido el último año, el porcentaje baja al 14,5% entre la población general y se mantiene al 33,2% entre los jóvenes de 14 a 18 años. Son datos al alza, a pesar de que no difieren mucho de los resultados de principio del 2000. En cambio, donde sí ha habido un crecimiento que no se había visto antes es en el inicio de tratamientos por consumo de cannabis, que ya suponen el 14,1% de los tratamientos por drogas en Catalunya. Entre los menores, el cannabis monopoliza los inicios de tratamiento y también es la droga mayoritaria entre los jóvenes de 18 a 25 años.

Crecen las urgencias por consumo de cannabis

En todas las encuestas, el cannabis se sitúa como la tercera droga más consumida, después del alcohol y el tabaco, pero es la primera ilegal. Desde el 2010 el precio de la marihuana se ha mantenido estable en Catalunya, mientras que al resto de Europa ha subido, según los Mossos d'Esquadra, que dibujan un escenario en la producción, la distribución y la venta de esta sustancia muy diferente del que había a principios de siglo. “Hay un problema grave de seguridad pública por la marihuana”, asegura el jefe de la Comisaría General de Investigación Criminal de los Mossos, el comisario Rafel Comes. La policía ha visto como en los últimos dos años Catalunya ha pasado de cultivar marihuana para el consumo interno a convertirse en el primer productor de Europa.

La transformación ha sido doble. Han aumentado las plantaciones interiores - indoor - en detrimento de las exteriores, y los grupos que se dedican son locales y extranjeros -o mixtos-, porque las organizaciones criminales europeas han descubierto que pueden hacer negocio aquí. La producción se ha perfeccionado para cultivar marihuana “de alta calidad”, modificada genéticamente, a bajo coste.

Repartidas en todo el país

“Con las plantaciones exteriores se hace una cosecha al año, como mucho dos. Con las indoor se llegan a hacer cuatro cosechas al año con menos agua y algunas plantas no tienen tierra -utilizan el cultivo hidropónico-. Ya están innovando para disminuir, que no eliminar, el olor”, describe Comes. Cada vez quedan más atrás aquellas plantaciones escondidas en terrazas, jardines, huertos, bosques y otras extensiones. Según la policía, todavía resisten en el Alt Empordà y en las Tierras del Ebro, mientras que en el resto de Catalunya proliferan las interiores, que facilitan tener la marihuana cuidada y controlada. Las indoor, que también han optimizado el consumo eléctrico -el 70% tienen la luz pinchada-, acostumbran a ser en casas ocupadas en urbanizaciones aisladas o en naves industriales. En casi todas hay vigilantes armados y sistemas de videograbación.

“Cada día intervenimos plantaciones de 100 plantas de marihuana”, asegura el comisario de los Mossos, que admite que desde el 2017 se ha vivido un aumento “importante” de las actuaciones en este ámbito. El año pasado se intervinieron 368 plantaciones y 64.000 plantas -una media de 174 plantas por plantación- y se detuvo a 2.729 personas, una cifra que Comes da por hecho que en 2020, a pesar de la pandemia, incrementará. Por eso, desde 2018 la policía ha activado un plan para actuar en plantaciones de marihuana, tanto grandes como pequeñas, y priorizar las investigaciones.

Seis homicidios en dos años

“No se puede banalizar porque alrededor siempre hay violencia”, alerta Comes, que dice que entre 2018 y 2019 ha habido seis homicidios relacionados con la producción de marihuana. “Cada vez es más cotidiano encontrar extorsiones, amenazas, narcoasaltos violentos y algún homicidio. Normalmente es entre ellos, a pesar de que esto se acaba extendiendo”, avisa el comisario de los Mossos, que pronostica: “Ojalá me equivoque, pero irá a más”.

Según la policía, Catalunya es un “polo de atracción” para las mafias especializadas porque pueden hacer una producción intensiva que se puede distribuir en Europa con el transporte de mercancías, el envío de paquetes o mulas (personas que traen la droga). Han encontrado marihuana cultivada aquí en Francia -el primer mercado de exportación-, Suiza, Suecia, Finlandia y Polonia, entre otros países. Se han instalado grupos del centro y el norte de Europa y de los Balcanes que primero importaban la marihuana de Catalunya y ahora tienen sus plantaciones: “Hay un pensamiento industrial”.

“Barcelona es una ciudad atractiva”, reconoce Comes, que añade que una parte de este boom se atribuye al hecho de que desde 2015 hay jurisprudencia del Tribunal Supremo que “da herramientas a los que se dedican a producir para camuflarse como clubes cannábicos”. Hasta 2009 había menos de veinte asociaciones cannábicas inscritas y ahora son 960, de las cuales los Mossos saben que 400 están activas. “Hay una ausencia de regulación, como con los grow shops ”, asegura Comes, que considera que “ de facto todo es legal” porque la penalidad por el cultivo y el tráfico de marihuana “es muy baja”. El 46% de los detenidos el 2019 no tenían antecedentes y la capacidad de regeneración “es tremenda porque se hacen dinero fácilmente con poco riesgo”.

La pandemia favorece el blanqueo de un negocio millonario

En Barcelona un kilo de marihuana se vende a 1.500 o 2.000 euros, pero en el centro de Europa se llegan a pagar 6.000. Según explica el jefe de la Comisaría General de Investigación Criminal de los Mossos, el comisario Rafel Comes, con una inversión de 6.000 euros para cultivar marihuana se pueden obtener 30.000 euros. Esto hace que sea un negocio que ha irrumpido globalmente: “Todas las organizaciones criminales que actúan en Catalunya, de manera directa o indirecta, tienen relación con la marihuana. Se ha extendido por la gran capacidad de obtener beneficios”.

Un ejemplo son los grupos que se dedican a los robos en domicilios o establecimientos, que después deciden destinar los botines que han ganado a montar plantaciones. “Es muy lucrativo”, remarca Comes. Entre los centenares de plantaciones y los miles de plantas que intervinieron en 2018 y 2019, los Mossos sumaron 13.000 kilos de marihuana. Es fácil calcular que el valor es de millones de euros.

La policía vigila que la crisis económica de la pandemia no favorezca el blanqueo de dinero con la compra de comercios, establecimientos de restauración y empresas que hayan quebrado. A pesar de que los narcotraficantes pierden dinero en la adquisición inicial, después el negocio se utiliza para blanquear los ingresos de la marihuana. “El reto de la investigación pasa por la delincuencia económica”, admite Comes, que explica que centran el esfuerzo en esta vía: “Es la única en la que les haremos daño de verdad”. La policía también detecta plantaciones con alertas de las compañías eléctricas, porque el control informal -avisos de la población- “no existe porque socialmente está aceptado” el cannabis, “excepto que sea una molestia horrorosa”.

Finalmente, Comes explica que de las diferentes etapas del crimen organizado, en la marihuana ya se ha superado la predatoria y se empieza a entrar en la parasitaria, que supone “la posibilidad de corromper determinados ámbitos de la administración; hay riesgos porque se mueven mucho dinero”. Sin ir más lejos, un juzgado investiga cinco mossos de escuadra de la comisaría de Santa Coloma de Farners por su presunta implicación en una trama de tráfico de marihuana.

El + vist

El + comentat