'Cohousing': una nueva manera de compartir vivienda

Proliferan las iniciativas de personas con intereses comunes que se organizan en cooperativas para vivir juntos

Lo llaman covivienda pero también se ha dado a conocer con la palabra anglosajona cohousing. Se trata de personas que tienen una visión similar de la vida y se ponen de acuerdo y se asocian en cooperativa para vivir juntas manteniendo al mismo tiempo los rasgos básicos de la privacidad. Gente joven, de mediana edad o bien que encara las últimas etapas de la vida. Y todo ello, prescindiendo del modelo tradicional inmobiliario que pone la iniciativa y el control en manos de promotores que generalmente actúan con criterios especulativos. "En cambio, la covivienda pone el énfasis en la economía del bien común, como valor básico, y en los principios de la sostenibilidad respetuosa con el medio ambiente", explica Juli Carbó, impulsor de la cooperativa Cohousing Barcelona, que acaba de nacer. La covivienda de base cooperativa se va extiendiendo paulatinamente y se asoma por ángulos diversos de la sociedad.

Quizás es lo que tenía que pasar en un país especialmente castigado por el estallido de burbujas inmobiliarias, que, a base de tropezar con la misma piedra, ha acabado fijándose en experiencias que desde hace más de cincuenta años funcionan bastante bien en varios rincones de Europa y de América del Norte. Los primeros núcleos de covivienda se desarrollaron en Dinamarca y luego avanzaron por toda el área escandinava, los Países Bajos, Alemania, Suiza, Canadá y EEUU. "Socialmente estamos ante una experiencia que se nutre de la idea de compartir la vida con otras personas. Esto te permite crecer como ser humano colaborando con los demás, ayudándoles. Y tomando por la vía del consenso todas las decisiones que afectan a la colectividad", añade Juli Carbón, que asegura: "Los que se asocian en cooperativa con el objetivo de vivir juntos participan activamente en la creación y el diseño de su vivienda, en los servicios que se necesitan y en el entorno. Y esto genera una satisfacción que incrementa la calidad de vida".

Lejos de la miseria

El nuevo cooperativismo con el objetivo de cohabitar deja atrás la normativa de miseria de "las casas baratas", de hace casi cien años, basada más en la caridad que en la justicia. También deja atrás los movimientos de los años 60, cuando hubo un boom de construcción de bloques con pretensiones de cooperativismo pero que culminaron en grandes estafas. Miles de trabajadores perdieron sus ahorros y las esperanzas de futuro. Con todo, se consolidaron algunas cooperativas, como las de Sant Boi y El Prat del Llobregat. "Pero aquellos fraudes y fracasos generaron y fortalecieron la idea de profesionalizar los proyectos introduciendo la figura de la empresa gestora de cooperativas, como está funcionando actualmente", puntualiza Juli Carbó.

La profesionalización y el rigor empresarial que ampara la covivienda necesita, sin embargo, tener el apoyo de unas administraciones sensibles a la economía social. Es necesario disponer de suelo a precio asequible para garantizar las mejores condiciones para los usuarios. A lo largo de las últimas décadas el Instituto Catalán del Suelo ha puesto terrenos a disposición de las cooperativas, y ahora el Ayuntamiento de Barcelona está preparando la cesión de uso de suelo a 75 años para construir vivienda cooperativa. Este modelo, llamado Andel, se basa en que la cooperativa mantiene la titularidad de la propiedad de los inmuebles y, al mismo tiempo, sus socios se benefician de un uso indefinido y transferible, a cambio de una entrada inicial retornable y una cuota mensual razonable: y queda claro que la propiedad del suelo nunca dejará de ser pública.

Consenso de los residentes

"La covivienda es, pues, un nuevo modelo de vivir que implica una forma de vida gestionada por los residentes siempre a través del consenso", insiste Carlos Torra, uno de los principales impulsores de Sostre Cívic, una de las cooperativas de covivienda con más estructura y en plena expansión. Hace cinco años que funciona. Las cuotas son bastante asequibles y ya han llegado a los 400 socios. Se han estructurado en grupos que organizan charlas sobre cómo y dónde quieren vivir los socios, los futuros usuarios: en Barcelona, en la periferia o en áreas de montaña. O bien en el litoral, junto al mar. Y de los encuentros y los debates acaban surgiendo grupos de personas con afinidades que comienzan a organizarse. A la calle de la Princesa, en el distrito de Ciutat Vella, en un edificio vacío a la espera de ser rehabilitado, que ya luce el rótulo de Sostre Cívic, probablemente irán a vivir personas con recursos limitados. La realidad de la covivienda empieza a ser visible y Carles Torra, satisfecho, no puede evitar evocar y repetir una frase que un día se encontró escrita: "La covivienda aporta posibilidades de sostenibilidad económica, emocional y medioambiental a nuestras vidas".

Los impulsores de Sostre Cívic también han pensado en una etapa de la vida especialmente sensible: la de la prejubilación y la jubilación, la de hacerse mayor y no querer vivir los últimos años aparcado en un residencia. Para ello se ha puesto en marcha una sección llamada covivienda senior, de la que Carlos Torra es miembro. "Procuramos estar atentos a los cambios de la sociedad y hemos impulsado un equipo coordinador que llamamos Llavor de Llavors (Semilla de Semillas), que promueve la creación de nuevos proyectos y que se ha organizado en tres grupos: comunicación, formación y patrimonio, con el objetivo de impulsar más talleres y más encuentros", añade Carles Torra.

Una covivienda LGTBI

Los miembros de la comunidad LGTBI también se plantean fórmulas de covivienda porque tampoco están dispuestos a vivir la última etapa de la vida en residencias. Y menos aún disimular su condición de gay o de lesbiana y tener que volver al armario si el entorno no es muy tolerante. Joan Andreu Bajet y Josep Maria Raduà, de la Fundació Enllaç, dejan claro de entrada que viven el momento de ponerlo todo encima de la mesa. "Vivimos una especie de proceso constituyente de nuestro proyecto de viviendas con servicios", puntualizan. La idea es que Barcelona tenga un equipamiento de pisos con servicios equiparables a los que ya funcionan en Berlín, Viena o Amsterdam. "Descartamos la vía exclusivamente privada -avisan Bajet y Raduà- porque creemos que las administraciones tienen que implicarse y tienen que garantizar la vejez de los LGTBI más desfavorecidos. Pero eso no quiere decir ni mucho menos que los LGTBI con recursos tengan que quedar fuera del proyecto. Precisamente la mayoría de acosos económicos y emocionales se dan en sectores de gente gay con recursos: viven solos, los reflejos disminuyen y son más vulnerables a abusos y engaños", explican Bajet y Raduà.

El proyecto de la Fundació Enllaç no es diferente del de las otras iniciativas de covivienda: garantizar la privacidad, el espacio vital necesario y a la vez disfrutar de zonas confortables compartidas de donde surgen la compañía y la amistad. Y también, en cuanto sea necesario, garantizar la salud de los usuarios con servicios de control médico y sanitario. Joan Andreu Bajet y Josep Maria Raduà tienen en mente sacar adelante una especie de prueba piloto que visualice la realidad: "Tenemos en mente un número: el 30. Una primera tanda de 30 pisos. Sería el mejor monumento que se podría hacer a la gente que ha sido maltratada por ser gay, lesbiana, bisexual, transexual o intersexual: será reparador". Se prevé que las conversaciones entre el movimiento LGTBI, la Fundació Enllaç y las administraciones serán, en los próximos tiempos, mucho más que intensas.

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