Cómo ganar el "dividendo de la oposición"

El diputado socialista Pedro Saura y el ex ministro Valeriano Gómez intentan un ensayo general de lo que pueden ser las relaciones del PSOE y el Partido Popular

Si uno pudiese mirar por el ojo de la cerradura de la sala del Ministerio  de Hacienda, en la madrileña calle de Alcalá, durante alguna de las  cinco sesiones en las que seis negociadores han pactado el objetivo del 3,1% de déficit en 2017, ¿qué se encontraría? Dos personas –el diputado socialista Pedro Saura y el ex ministro Valeriano Gómez- que intentan un ensayo general de lo que pueden ser las relaciones del PSOE y el Partido Popular en la flamante etapa parlamentaria que acaba de empezar.

“Tenemos dos vías teóricas posibles. Ejercer una oposición sin buscar acuerdos. Ello supone observar cómo un gobierno de mayoría débil encuentra dificultades para salir adelante, proceso que desemboca en elecciones anticipadas cuando la disposición a aguantar haya terminado. La otra es usar nuestros escaños para conseguir lo que en otras circunstancias, de mayoría absoluta, no sería posible”, dice uno de los interlocutores del pacto a ARA.

Las reuniones comenzaron al tiempo que tenía lugar la mesa que ha abierto  el “diálogo social” gobierno- sindicatos, el pasado 24 de noviembre, en la que Mariano Rajoy obtuvo la foto sin comprometerse a nada. Los dos negociadores del PSOE apuntados fueron informados de las vaguedades intercambiadas entre los líderes sindicales, el presidente de la CEOE, Rajoy y la ministra Fátima Bañez.

Fue entonces cuando los negociadores del PSOE se dijeron que era necesario hacer de broker para lograr algo que no estaba planteado y que en difícilmente saldría en la mesa de diálogo:  la subida del salario mínimo como una condición prioritaria dentro de las demás si el Gobierno quería contar con el apoyo de los 85 escaños socialistas al objetivo de déficit. 

"Las demás" eran que el ajuste para llegar al déficit del 3,1% del PIB en 2017 se hiciera vía ingresos y no gastos, esto es, recortes, y que esa vía de los ingresos excluyera, como había prometido públicamente el Gobierno, subidas del IRPF y el IVA, aumentando otros impuestos (tabaco, alcohol y gravamen para las bebidas gaseosas) y dando un respiro a las Comunidades Autónomas.

La reunión del equipo gubernamental (Cristóbal Montoro, Luis de Guindos, Fátima Bañéz, Álvaro Nadal) con Saura y Gómez contaba con  algo relevante para facilitar el pacto: la existencia de un punto de vista compartido, a saber, que la subida del Impuesto de Sociedades mediante la eliminación de deducciones debía ser el motor.

Si se respeta la letra y el espíritu de lo pactado, el ajuste para alcanzar el compromiso con Bruselas del 3,1% en 2017 no tendría que suponer nuevos recortes sociales. Sería, pues, el primer ajuste sin recortes. Demasiado bueno para creer.

El PSOE estaba interesado en hacer de este acuerdo una experiencia “piloto” inmediata por una razón. Porqué sabe que el PP puede alcanzar acuerdos con el Partido Nacionalista Vasco (PNV) para lograr los apoyos –no se necesita mayoría absoluta- que permitan aprobar, allá por el mes de marzo, los presupuestos generales del Estado. Por tanto, buscó anticipar a ese pacto, el suyo propio como principal partido de oposición.

El PP, por su parte, ya tiene el 3,1% para enseñar a Bruselas como evidencia de su “responsabilidad”.

La operación ha supuesto un pequeño terremoto político. Porque el principal socio del PP, Ciudadanos, fue dejado de lado, y por la reacción simétrica de Podemos y la CEOE, la primera al considerar la subida del salario mínimo como “migajas” (una subida de 52,4 euros mensuales o 1,7 euros diarios) y la segunda por estimar que se “han pasado”, por el efecto alcista que ello tendrá sobre la negociación de todos los salarios.

¿Se repetirá esta experiencia “piloto”? En el PSOE estiman que así será. Ahora, todos a la espera de los sondeos para ver cómo se ha recibido el pacto. El gobierno busca confirmar la percepción de los ciudadanos de que la recuperación por fin es un goteo que se “filtra” a los más desfavorecidos – la célebre trickle-down economics de Ronald Reagan-. 

Y el PSOE a la caza del "dividendo de la oposición".

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