Crónica de una "desinvestidura" anunciada

Locos por el relato de la campaña del 10-N

Aunque la semana de campaña electoral del 10-N empezará a primeros de noviembre, el primer acto formal de ella tuvo lugar ayer con ocasión de los contactos entre los partidos y el Rey. 

“Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible”, frase atribuida a Talleyrand, a quien se suele definir como el políticopor antonomasia pese a haber sido primer ministro de Francia apenas tres meses (9 de julio de 1815-26 de septiembre de 1815), es l frase que simboliza el periodo que va desde el fracaso de la primera investidura de Pedro Sánchez el pasado 25 de julio hasta ayer.

Lo que hemos visto en las últimas horas, además, ha sido lo que podríamos titular “locos y desesperados por el relato”: el argumentario que cada uno de los partidos utilizará en los debates que vienen. O la preconstitución de prueba si se prefiere el lenguaje jurídico. 

Albert Rivera ha conseguido lo que Andy Warhol definía como los “quince minutos de fama” que podrá disfrutar todo el mundo alguna vez, en este caso, al sacarse de la manga el as de la abstención fantasmagórica después de jugar o mejor, permanecer, callado durante largos meses. Rivera hizo caso al sacerdote que el día de la boda dice “que hable ahora o calle para siempre”, para disfrazar el fiasco de su pronóstico central en la campaña del 28 de abril y en los días y semanas posteriores: que Sánchez pactaría con Iglesias y con Junqueras para formar su gobierno.  Que eso estaba hecho.  Sus pretendidas condiciones precisamente encubren ese fracaso estrepitoso, dándoles la vuelta, en plan prestidigitador: ahora me dice usted que romperá el pacto con los terroristas en Navarra; ahora me garantiza usted que no indultará a los independentistas después de la sentencia del procésy que aplicará el 155; y me firma usted que no aumentará los impuestos.

Esas condiciones no son más que la bancarrota de toda lo que podemos definir como bravuconería riverista.

Hemos explicado en estas páginas que si bien todo el relato parecía centrarse en Pedro Sánchez y Pablo Iglesias había un asunto no menos relevante: la necesidad de la abstención de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). Y mira por dónde, en el comunicado del PSOE sobre las condiciones de Rivera se dice negro sobre blanco. Se titula precisamente así: “Por un gobierno progresista cuya estabilidad no dependa de las fuerzas independentistas catalanas”. Sánchez lo ha vuelto a repetir anoche.

Esa estabilidad quedó comprometida en febrero pasado cuando ERC se apresuró a presentar la enmienda a la totalidad de los presupuestos generales del Estado y el PSOE lo usó como ariete para convocar elecciones.

Pero Sánchez habla ahora de otra estabilidad.

Es consciente de que en los primeros días de octubre -habrá que ver si el Supremo mantiene su intención de notificar hacia el 10 de octubre la sentencia, que se está peinando precisamente en estos momentos, a la luz de la convocatoria electoral-  en Cataluña va a ver caer una bomba. Habrá que ver de qué potencia, pero bomba al fin. Y, por ello, no considera realista depender de ERC, partido que a su vez depende de la agenda política en Cataluña y de su batalla por el liderazgo.

Sánchez y su estratega de cabecera Iván Redondo creen haber conseguido en las últimas horas la pieza del puzle que les faltaba. Ya consideraban misión cumplida la de haberse centrado alejándose de Unidas Podemos, pero faltaba situar a Ciudadanos a la derecha incluso del PP, cosa que la irrupción de Rivera de última hora les aportó.

Este 10-N Sánchez ganará la quinta elección de 2019 después de las generales del 28 de abril, autonómicas, municipales y europeas del 26 de mayo. Y consolidará más su posición en el PSOE. Lo que pasará el 11 de noviembre ya se verá. Cada día tiene su afán.    

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