Donald Trump: una presidencia a golpe de tuit

Twitter es el principal altavoz del mandatario, pero su tono en la plataforma podría pasarle factura 

A mediados de noviembre de 2016, días después de ganar las elecciones, Donald Trump concedió una entrevista al programa '60 Minutes' de la CBS en la que le preguntaron si tenía intención de seguir utilizando Twitter desde la Casa Blanca. “Voy a ser muy comedido”, respondió. “Si es que lo uso en absoluto”, añadió. Trump contaba en aquel momento con alrededor de 14 millones de seguidores. Cuatro años después, supera los 87 millones y la historia de su presidencia se puede escrutar a través de las decenas de miles de tuits que ha publicado. Ni más ni menos que 23.000 desde que tomara posesión del cargo el 20 de enero de 2017 hasta ayer lunes. El diluvio de tuits desde que ocupa la Casa Blanca es quizá una de sus primeras promesas incumplidas.

Según Richard Perloff, profesor de comunicación en la Universidad Estatal de Cleveland, y autor de The Dynamics of Political Communication, un libro que analiza la relación entre política y medios de comunicación en la era digital, Twitter fue clave para la victoria de Trump en las primarias republicanas de 2016. “Logró una gran base de seguidores que le habría sido muy difícil de conseguir a través del método tradicional de anuncios televisivos”, explica a ARA. El entonces candidato republicano supo aprovecharse de las características que premia esta red social: “Mensajes que agitan, son fuertes y efectivos emocionalmente”, explica Perloff. Una herramienta perfecta para un presidente que se alimenta de la atención que recibe.

Pero la relación de Trump con esta red social no siempre ha sido así. La primera vez que tuiteó fue en 2009, tres años después de la creación de la plataforma. La utilizó para publicitar sus libros o su programa televisivo “The Apprentice”, y en muchos casos los mensajes estaban escritos por sus asistentes. Rara vez publicaba más allá de un puñado de mensajes al mes. Los de contenido político no llegaron hasta la campaña de 2012. Barack Obama se presentaba a la reelección y Trump se dedicó a alimentar la teoría conspirativa de que el primer presidente afroamericano no había nacido en Estados Unidos. También en 2012 fue la primera vez que tuiteó el que en 2016 sería su eslogan de campaña: “Make America Great Again”. Su adicción y su impacto fue creciendo progresivamente. En 2016, al comienzo de las primarias republicanas, los tuits de Trump generaban alrededor de 5.000 retuits y 10.000 likes, según un análisis de Politico. En la actualidad, son cerca de 18.000 en un caso y 65.000 en el otro.

Donald Trump ha anunciado decisiones en Twitter (incluidos despidos en su gabinete), ha agitado las bolsas, ha atacado a los medios de comunicación (el concepto “Fake News” aparece en más de 800 tuits de su presidencia), ha marcado la agenda informativa, ha insultado a rivales y a (los escasos) republicanos que han osado hacerle alguna crítica, ha amenazado a aliados tradicionales de Estados Unidos y elogiado a dirigentes autoritarios. Y, sobre todo, ha mantenido activa su base con un lenguaje que, según el profesor Perloff, “ha legitimado los discursos racistas y despectivos”. Twitter ha sido su principal altavoz, complementado quizá con sus 113 apariciones hasta el 9 de octubre en los canales de Fox, según la contabilidad del periodista Mark Knoller. El siguiente canal en el que más ha participado Trump es NBC, con 8 intervenciones desde que asumió la presidencia.

Pero toda novedad deja de serlo tras un cierto tiempo y los medios de comunicación han aprendido a gestionar la avalancha de tuits de Trump y, sobre todo, a ponerlos en contexto. “Los medios han actuado como una especie de barrera”, explica Richard Perloff. La propia red social ha empezado a tomar medidas con avisos sobre el contenido de determinados mensajes del presidente. Los mensajes ofensivos del presidente son percibidos como prueba de la autenticidad de Trump por parte de sus seguidores pero, según Perloff, “se le están volviendo en contra” por “lo lejos que ha ido” para muchos estadounidenses.

En las antípodas del tono de Trump, su rival Joe Biden. El demócrata, que tiene 75 millones menos de seguidores en Twitter, ha repetido que, en caso de llegar a la Casa Blanca, se compromete a no utilizar la red de forma tan compulsiva. “Será más aburrido y monótono”, anticipa Perloff. Quizá su gran baza en estas elecciones.

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