ERC y el riesgo de "la política contraria al propio interés"

La historiadora Barbara Tuchman ha alertado contra las políticas autodestructivas

En su columna del pasado sábado, día 23, Andreu Mas-Colell señalaba respecto de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) lo siguiente: “Creo que sus dirigentes saben que abstenerse y abrir una etapa de gobierno PSOE-Podemos es ahora lo que conviene a Cataluña, y a la misma ERC si aspira a ir aumentando su presencia en zonas tradicionalmente socialistas”. 

Y, sin embargo, ni él ni nadie, incluyendo a los principales negociadores, tiene idea de lo que va a ocurrir. “Toquemos madera”, concluye para conjurar el peligro de un no a la investidura de Pedro Sánchez.

La historiadora norteamericana Barbara W. Tuchman dedicó en 1984 una obra precisamente a lo que llama “la búsqueda de una política contraria al propio interés” (La marcha de la locura. De Troya a Vietnam”, RBA Editores, 2013). 

El libro no se anda con ambage desde su primer párrafo. 

Empieza así: “Un fenómeno notable a lo largo de la historia, independientemente del lugar o tiempo, es la búsqueda, por parte de los gobiernos, de políticas contrarias a sus propios intereses. Parece que la humanidad se comporta peor a nivel de gobiernos que en cualquier otra actividad humana”, señala.

Y se hace varias preguntas que constituyen un test. “¿Por qué en esta esfera, la sabiduría, que puede definirse como el ejercicio del razonamiento en base a la experiencia. sentido común e información disponible, es menos eficaz y más frustrante de lo que debería ser. ¿Por qué los responsables de altos cargos a menudo actúan en contra de lo que sugieren la razón y el interés propio? ¿Por qué el proceso mental inteligente parece tan a menudo inoperante?”.

Se dirá: ¿y cómo sabe uno desde fuera, por ejemplo, cuál es el interés conveniente para ERC y para Cataluña en el tema de la investidura?

La respuesta a esta pregunta exigiría una evaluación de lo que pasó en aquellos días de octubre de 2017 -el 25, 26 y 27-, pero esto es tabú. Cada uno hace lo que debe hacer en el momento en que lo ha hecho. Y punto.

Tanto el 10 de octubre como el 27 de octubre de 2017, los partidos independentistas impulsaron una declaración unilateral de independencia que según explicaron con posterioridad ante el magistrado Pablo Llarena era, desde su concepción, puramente simbólica, sin consecuencias jurídicas. La primera vez, esa DUI se suspendió en busca de una negociación. Y aunque la segunda se mantuvo, sus consecuencias fueron inexistentes.

Y mira por dónde, esta forma de proceder, probablemente sin que sus protagonistas y simpatizantes sean conscientes de ello, tiene, retrospectivamente, una fuente: el Tribunal Constitucional.

Sí, tal como lo están leyendo, porque en su sentencia sobre el Estatut, el TC mantuvo la afirmación del preámbulo según el cual “el Parlamento de Cataluña recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña ha definido de forma ampliamente mayoritaria a [Cataluña como nación]”. 

Pero añadió una llamada a pie de página en la que se afirma: “Esta referencia del preámbulo del Estatuto no tiene eficacia jurídica interpretativa de conformidad con el Fundamento Jurídico 12 de la Sentencia del Tribunal Constitucional 31/2010 d, de 28 de junio”.

Pero después de las explicaciones que dieron en sede judicial varios dirigentes que declararon la independencia no ha habido una apreciación crítica, una verdadera revisión.

Ahora, ERC está ante una disyuntiva: ¿qué hacer? Su Plenari se celebra el 21 de diciembre. No habrá valoración crítica. Su curso es obtener una mesa de diálogo con “cuatro patas” quizá para contrarrestar lo que sabe puede ser la táctica de Carles Puigdemont de devolver a ERC esas 155 monedas de planta que le echaron el 26 de octubre.

Barbara W., Tuchman advierte: “Pero no importa cuán iguales puedan parecer dos altenativas, siempre hay libertad de elección para cambiar o desistir de un curso contraproducente si el político tiene el coraje moral para acometerlo. No es una criatura destinada a estallar por el capricho de los dioses homéricos. Sin embargo, reconocer el error, reducir las pérdidas, alterar el rumbo, es la opción más repugnante del gobierno”.