Eduard Gratacós: "Un tercio de la inteligencia se determina durante el embarazo"

Cirujano fetal, director de BCNatal (Clínico - San Juan de Dios). Uno de cada mil embarazos requieren una intervención fetal. Gratacós hace 20 años que se dedica a este tipo de cirugías, que no suelen durar más de 20 minutos. Asegura que "son una rebelión contra la selección natural"

El doctor Gratacós y su equipo hacen entre 120 y 150 cirugías fetales al año. Asegura que si la tecnología lo permitiera se podrían hacer más, y es que desde 2005 no se ha evolucionado mucho tecnológicamente. "Hay algunas enfermedades que aún nos cuestan", se lamenta.

¿Cuáles son estas enfermedades que cuestan más de tratar?

En un feto una válvula cardíaca mide dos milímetros. En un adulto, llegamos a la válvula del corazón por el sistema circulatorio con un catéter desde la arteria femoral. Con los fetos, de momento, todavía vamos al corazón con agujas, y esto tiene riesgo de mortalidad. Necesitamos que la tecnología avance.

Ustedes hacen catéteres de 0,3 mm en arterias de un milímetro...

Trabajamos a una escala muy pequeña. Tenemos que llegar a un paciente que está dentro de otro paciente sin hacerle daño al de fuera, que es la madre, y sin que la envoltura se rompa. El bebé está viviendo en una piscina que no podemos romper, porque la necesita para vivir. Es un reto tecnológico.

¿Las cirugías fetales son rápidas?

Sí, son cirugías que se planifican durante mucho tiempo y se hacen en 20 minutos. El cuerpo tiene sistemas de alarma para proteger al feto, pero también a la madre, y si el cuerpo de la madre detecta que hay cualquier problema expulsa al feto. Lo primero que se debe proteger es a la madre, que puede tener más hijos. Cuando nosotros entramos en un útero, estamos entrando en un sistema que está preparado para ponerse en marcha y expulsar al bebé. Sólo podemos hacerle un agujero o dos en el útero y tenemos que tener muy claro qué haremos.

Usted dice que la cirugía fetal es la rebelión contra la selección natural.

La medicina en general ya lo es. Cuando estamos tratando fetos que tienen enfermedades nos estamos rebelando contra la selección natural, pero en este caso, además, radicalmente, porque no sólo estamos curando a un ser vivo, sino que además lo estamos curando cuando está dentro de otro.

¿Cuál es la patología más común?

El 70% son los gemelos. Están conectados a través de la placenta y se pasan sangre el uno al otro. A veces esto se desequilibra y los podría matar. En un 90% de los casos logramos salvarlos a ambos. También hay problemas en la tráquea y los bronquios, que no son tan graves, pero que tienen tiempo de desarrollarse porque el feto no necesita respirar en el útero. Al nacer moriría en pocos minutos. Se detecta con una ecografía bien hecha.

Usted ha dicho que el máximo exponente de las cirugías fetales ha sido entre 1996 y 2005, y que después se ha estancado...

Desde 2005 no hemos hecho un gran salto con nuevos instrumentos. En 1995 la gran innovación fue que pasamos de tener unos endoscopios muy gruesos y cortos a tener unos que eran muy largos y finos. Ahora estamos intentando hacer un salto.

¿Y en qué consiste?

Debemos eliminar el factor humano de la cirugía. Trabajamos con ingenieros, químicos y matemáticos en un proyecto que nos financian la Fundación Cellex y la Obra Social La Caixa y que está dotado con siete millones de euros. El objetivo es desarrollar robots para guiar nuestros brazos y ser mucho más precisos de lo que somos. Deberíamos poder reparar una espina bífida con endoscopia, y el nivel de precisión que necesitamos no lo puede conseguir ni el mejor cirujano del mundo.

¿Y como será este robot?

Estamos desarrollando un sistema de guiado tridimensional, que hará que sepas en todo momento dónde estás. Antes de la cirugía haces una ecografía y una resonancia y hay un ordenador que te las fusiona y te crea un mapa tridimensional. Y hay unos sensores fuera del paciente que hacen de GPS y te guían el endoscopio. Esto será la cirugía del futuro.

¿Cómo convence a las madres para hacer las operaciones?

El componente bioético es muy importante, porque estás haciendo daño a una persona para hacerle bien a otra, y esto no se da en ningún otro caso en la medicina. La proporción de pacientes que aceptan un tratamiento fetal es similar a los porcentajes de éxito que se les dan.

¿El embarazo determina la inteligencia del feto?

Un tercio del funcionamiento del cerebro viene determinado por la vida uterina, que construye muchos circuitos que después se tendrán que llenar con contenidos durante los primeros años de vida. Precisamente los primeros años de vida son el otro tercio de la inteligencia. Y el tercio restante son los genes. Si la naturaleza te ha dado buenos genes, pero las otras dos partes no son buenas, no te servirán de mucho.

¿La enfermedad placentaria es un ejemplo?

Sí, es el retraso en el crecimiento. Si un feto tiene un retraso de crecimiento intrauterino, y debía pesar tres kilos pero su placenta no ha funcionado bien y ha pesado dos, su cerebro no se habrá construido igual. No puedes construir la misma casa con 100 ladrillos que con 80. El ambiente prenatal te predispone, pero tú puedes revertir estos problemas, sobre todo en los primeros años de vida. Hemos demostrado que niños con retraso de crecimiento pueden tener trastornos de aprendizaje, corazones un poco más grandes o ser hipertensos. Las patologías del adulto provienen de disposiciones previas.

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