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Enfermería: más allá de la cofia y la jeringa

La contribución de la profesión enfermera ha sido percibida como una mera prolongación del servicio que los médicos daban a la población

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Enfermería coincidiendo con la conmemoración del nacimiento de Florence Nightingale.

La enfermería es una profesión que ha sufrido el estereotipo social y una invisibilidad a lo largo de los años que aún perdura en el siglo XXI. A pesar de que en muchos ámbitos sociales y públicos predomina la ignorancia sobre la esencia de esta disciplina, últimamente hemos podido ver cómo se abrían unas rendijas de luz. Por ejemplo, aportaciones como la del director fundador del ARA, Carles Capdevila, que ha vivido en su piel cuál es el verdadero sentido de la profesión de enfermera, están contribuyendo muy positivamente al cambio de estereotipo de la profesión. Su artículo "Cada noche es el Día Mundial de la Enfermería", publicado en este diario el 12 de mayo de 2016, fue galardonado con el premio Investén. En el artículo explica: "Cuando la medicina me trataba a trozos eran ellas las que más y mejor entendían que somos personas enteras"; "Mucho más que curarme, cuidan de mí". Y añade que la medicina tiene el reto de humanizarse y que, "para hacer el cambio, necesitará empoderar más la enfermería". Pienso que todo el colectivo enfermero debemos estar muy agradecidos de tener fans como Carles Capdevila que valoren justamente nuestra profesión.

Hay que admitir que es una profesión que todavía no está reconocida plenamente como un campo competencial propio. Hay una tendencia a considerarla como una profesión inferior, una profesión estrechamente relacionada con las "tareas", tales como los cuidados y los inyectables, o bien de seguimiento de las órdenes de los médicos. Esto es fruto del modelo "técnico" ATS, que es la única imagen de la enfermería que tienen muchas personas.

La enfermería arrastra una doble losa: primero, por el rol femenino-familiar de la profesión, y segundo, por el modelo patriarcal -esposo-mujer, médico-enfermera- que fue impuesto con toda naturalidad. Como se ha desarrollado tradicionalmente junto a profesionales médicos, la contribución de la profesión enfermera ha sido percibida como una mera prolongación del servicio que los médicos daban a la población, una percepción que aún perdura en determinados contextos.

Un problema importante es la persistencia de ciertos estereotipos obsoletos, que se evidencian y se perpetúan en las políticas sanitarias de los gobiernos actuales. El Ministerio de Sanidad, con el loable objetivo de aumentar las tasas de vacunación entre el personal sanitario, ha puesto en marcha una campaña en las redes sociales en las que aparecen varios profesionales sanitarios, uno de los cuales es una enfermera vestida con cofia, falda corta y una jeringa gigante en la mano. Esta campaña, junto con la entrada en vigor del Real Decreto por el que se regula la prescripción enfermera, es el reflejo más claro de cómo nos consideran las máximas autoridades sanitarias de este país. Parece que el ministerio de Sanidad español todavía no es consciente de que la enfermería en España es una profesión universitaria con definición propia y con plena autonomía técnica y científica; que hoy en día es una profesión sanitaria facultativa, sin subordinación, que basa las intervenciones en principios científicos, humanísticos y éticos; que está en un periodo de ampliación y crecimiento de la formación académica, y que prevé un futuro con grandes expectativas y responsabilidades sociales, tal como es el caso de la enfermería en los países más avanzados. De hecho, para constatar la alta valoración que tienen estos países de nuestra enfermería, sólo hay que ver el gran número de enfermeras que han emigrado en los últimos años.

Ahora bien, mi reflexión como colectivo es: ¿qué hacemos nosotros? Somos responsables, en gran parte, de la imagen que proyectamos a la sociedad, y el comportamiento de cada uno de los 55.000 enfermeros y enfermeras de Cataluña -tanto si se basa en las actitudes de sumisión desfasadas del pasado, como si muestra la buena profesionalidad y competitividad del presente- determinará la percepción que tendrá de nosotros la sociedad. (De hecho, no conozco ninguna otra disciplina que haya tenido que justificarse tanto como la enfermería.) Si como profesión y disciplina no somos capaces de reivindicarnos, de actualizarnos y dejar el estereotipo que aún prevalece en determinados círculos, difícilmente la sociedad entenderá nuestra esencia. Como dice el mismo Carles Capdevila, para hacer el cambio debemos empoderarnos, tenemos que encontrar la manera de crear y construir para encontrar el lugar y la valoración que merecemos tener.

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