España, la monarquía postfranquista

El proceso político catalán desveló todos los velos que cubrían el estado con los melifluos relatos de “somos un país moderno y democrático” y reveló su verdad, el estado franquista parcheado y repintado al que cuando se le desafía democráticamente le sale “¡A por ellos!”, “Más dura será la caída”, “¡Puigdemont a prisión!”, “¡Arriba España!”.

No fueron los catalanes quienes transformaron a España en lo que vemos, España ya era esto, un estado autoritario. Esa ficción grimosa quiso ocultar que es una monarquía postfranquista. Su violencia la vio el mundo hace un mes y sólo lo ignora la población española porque viven bajo un régimen que niega la libertad de información y expresión.

El tratamiento dado por los medios madrileños y sus intelectuales, opinadores “progres”, sus insultos, burlas e ironías, fue la última gota en el vaso del asco que nos administran. Los y las equidistantes que culpan a los dirigentes de su propio país en un pulso democrático frente a un estado autoritario; todas esas bajezas. Y no es cosa de un fiscal y de una jueza, es el gobierno Rajoy a través del ministro Catalá y el fiscal quienes persiguen a los demócratas. Los dirigentes democráticos catalanes, los Jordis y los gobernantes y miembros de la mesa son presos políticos. Sólo cabe pedir amnistía y ruptura con el régimen. Puigdemont –y su gobierno– es el único presidente de los catalanes y un dirigente para todos los demócratas bajo este estado.