Eva Millet: "Prefiero que mi hijo diga buenos días y gracias que no que sepa tocar el piano a los 5 años"

La autora profundiza en las consecuencias de la hiperpaternidad

Tras el éxito de su anterior libro, Hiperpaternidad, la periodista especializada en educación Eva Millet se dio cuenta de que el tema daba para mucho más y se preguntó cuál es el resultado de este tipo de crianza sobreprotectora. En Hiperniños: ¿hijos perfectos o hiponiños? (Plataforma Editorial) nos resuelve la duda. Su blog, www.educa2.info, ha recibido miles de visitas y comentarios sobre el fenómeno de la hiperpaternidad.

¿Cómo son estos "hiperniños"?

En la adolescencia son como cisnes: perfectos, preciosos y con vidas glamorosas en Instagram pero solo en apariencia. Son muy narcisos pero muy inseguros. Necesitan a un adulto que les solucione las cosas. Por eso hablo de "hipohijos". Les falta autonomía y les da miedo equivocarse y no ser perfectos. Y la ansiedad se está normalizando en la adolescencia. Hay tantas expectativas puestas en ellos, están tan formados, siempre se les ha dicho que son los "reyes de la casa" y se ha invertido tanto en ellos, que no se les permite fallar. Y tienen baja tolerancia a la frustración.

¿Pero esto es real o es el argumento comodín de los padres?

Por un lado, es una frase hecha de los padres para justificar los hijos. Una de las características de la hiperpaternidad es la constante justificación del hijo: él nunca se equivoca. Siempre es que tiene un mal día, que se ha cruzado o que tiene baja tolerancia a la frustración, como si fuera una enfermedad crónica. Pero si tú la justificas y no la entrenas, ¡claro que tendrá! Es un rasgo de esta generación.

Lo dices en el libro. Este fenómeno también se ha colado en las universidades.

En Estados Unidos se detectó con los padres de la primera generación Millennial, cuando estos jóvenes llegaron a la universidad. Fue cuando se empezó a detectar universitarios menos autónomos, que pasan más tiempo buscando la ayuda de un adulto que resolviendo el problema. Y ahora ya hay padres que acompañan a sus hijos a la selectividad. Los hijos son hoy en día un signo de estatus y tienes que demostrar que eres mejor padre o madre: es mucha presión. La hiperpaternidad no da la felicidad. Según un estudio de la Universidad Queen Mary de Londres, las madres que practican la maternidad intensiva tienden a ser más infelices porque nunca se sienten lo suficientemente buenas. Debemos ser unos padres razonablemente buenos, no perfectos.

¿Hay una especie de competición para ver quién es más madre?

Es una competencia insana y se da en todas las maternidades y paternidades: la alternativa y la normal. Necesitamos un poco de solidaridad y rebajar las expectativas. Hay una idealización de la maternidad, que es fantástica pero la hemos estado ejerciendo miles de años. Es algo natural y ahora parece que todo tiene que ser consciente: el embarazo, el parto... ¿Dónde está la espontaneidad?

Hablemos de la crianza natural o intensiva, a la que dedicas un capítulo. ¿Qué opinas?

Es una crianza alternativa que, en teoría, está fuera del sistema, pero que reproduce lo mismo que el sistema competitivo capitalista: el niño es un producto y será mejor que otro porque le daré los inputs para que lo sea. Y estos inputs son: el colecho, el porteo, la lactancia sine die... Es una modalidad de hiperpaternidad. Y las mismas madres que lo hacen no son conscientes de que es una ideología. Esto hace que muchas mujeres se sientan culpables. No saldrá mejor un niño criado de esta manera que uno criado con biberón y que duerma en su cuna. Puedes criar con vínculo y con amor dando el biberón. Yo también llevé a mis hijos en la mochila pero hemos llegado al punto de que parece que el cochecito sea una especie de maltrato.

Es un tema polémico. Hay quien dice que va en contra de los derechos conseguidos por las mujeres.

Es un regreso al pasado: no lo digo yo, lo dicen muchas feministas. En tiempos de crisis conviene que la mujer se quede en casa. ¿Y qué hacemos? Montamos una ideología. Los hijos no te querrán más porque estés todo el día pegada a ellos, literalmente. El vínculo se puede conseguir sin esta intensidad física. Te querrán independientemente de las horas que los hayas porteado, amamantado y dormido con ellos. El vínculo es algo espontáneo y cuantificarlo me parece perverso. Lo importante es que sepan que sus padres los quieren, pero este amor no es un reflejo de un determinado método de nacimiento, de las horas que lo han cargado o de si han dormido con ellos. La filósofa feminista Élisabeth Badinter dice que es una nueva forma de esclavitud. Tampoco nos pasemos, pero sí hay un punto de sumisión total al hijo que no creo que sea sano ni para la madre ni para el hijo. Ni para el marido.

También dices que se ha normalizado el estrés en la infancia.

Sí, es normal que los niños tengan extraescolares desde P-3. Hay niños que tienen todas las tardes ocupadas. Pero hay una corriente que está reivindicando el aburrimiento en los niños porque es de donde sale la tan deseada creatividad.

Y defiendes que no se debe hacer los deberes con los hijos.

Ayudarles de vez en cuando si lo necesitan, sí, pero sistemáticamente, no. Porque les envías el mensaje que no pueden hacer los deberes sin ti. ¡Y hacer los deberes por ellos ya me parece perverso!

¿Cómo podemos revertir esta tendencia hiper?

Relajándonos todos un poco. Tu hijo es capaz de muchas cosas sin que lo asistas en todo. Educar es soltar, y debemos educar a los hijos para ser autónomos. La educación no es sólo la adquisición de conocimientos. También se ha de educar el carácter. Hay una parte que es innata y otra, adquirida. Ser valiente, ser empático, ser constante, ser tolerante a la frustración... Nos estamos olvidando de educar todo esto. Y poner límites. El neurólogo Álvaro Bilbao decía en una entrevista en ARA que tan importante es el afecto como los límites. No se trata de decir que no a todo pero hay que decir que no. El miedo de los padres es que se traumaticen o se frustren si les dices que no. No eres un facha por poner límites. La familia no debe ser una dictadura, pero debe haber una jerarquía, y arriba están los padres. Es mejor ser padre o madre de tus hijos -no hay nada más bonito- que colega. Tus hijos ya tienen amigos. Lo que quieren son padres.

¿Qué tipo de madre eres?

Soy una madre imperfecta y hago lo que puedo. Yo, para mis hijos, quiero que tengan salud y sean educados: que digan buenos días y gracias. Los niños ya no lo dicen. Prefiero que mi hijo diga buenos días y gracias que no que sepa tocar el piano a los 5 años.

Más contenidos de