Forcadell: "No lloré cuando recibí la sentencia, lloré cuando vi la violencia en las calles"

La expresidenta del Parlament cree que el juicio "no ha servido de nada"

"Lo sentimos. Esperamos verla en otras circunstancias". Con estas palabras se despedieron los dos funcionarios del Tribunal Supremo que hace apenas una semana comunicaron la sentencia a la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell. "¿Cuánto me ha caído?", les preguntó, y ellos respondieron: "No lo hemos leído".

Instantes después la expresidenta de la cámara se enteró de que el Tribunal Supremo le condenaba a 11 años y seis meses de prisión por un delito de sedición. "Era incomprensible", recordó Forcadell en una entrevista en El matí de Catalunya Radio, realizada el pasado viernes, en la que admitió que ella calculaba una pena de diez años porque, creía, "era la cifra más dura, el peor escenario".

Es ante esta condena que Forcadell, aunque "no confía" en un resultado favorable, prevé pedir incidente de nulidad, tal como ya avanzaron algunos de los letrados de los presos políticos una vez se conoció la sentencia. "El Supremo ha sido el techo de nuestros derechos fundamentales, y se han vulnerado", reflexionó la expresidenta del Parlament.

Sin embargo, la exlíder de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) ha asegurado: "No lloré cuando recibí la sentencia, lloré cuando vi la violencia en las calles".

Disturbios tras la sentencia

"Esto no somos nosotros, no sé qué pasa", pensó Carmen Forcadell al ver las imágenes de los disturbios que se registraron la semana pasada en Cataluña como respuesta a la sentencia del procés. "Hay que condenar sin paliativos y rápido", indicó la expresidenta del Parlament, que ha avisado: "La gente, piense lo que piense, tiene derecho a salir de casa sin que le quemen el coche".

Forcadell, sin embargo, ha entonado el mea culpa desde la prisión de Mas d'Enric, en El Catllar, y admitió que quizás hicieron "una lectura precipitada" y que no "tuvieron empatía con la gente que no es independentista". "Si hubiéramos hecho una buena lectura no nos habríamos puesto nunca un calendario", opinó, en referencia a las promesas de conseguir la independencia que los dirigentes lanzaron durante el otoño de 2017.

En cualquier caso, Forcadell ha hecho un llamamiento a la calma, ya que estamos "tocados emocionalmente". "Las emociones no dejan razonar bien", expuso la expresidenta de la cámara catalana, que ha insistido en que los presos "no pueden estar en el centro" ni ser "la excusa y moneda de cambio de nadie". "Cuesta mucho pedir a la gente en esta situación que se calme, pero necesitamos pensar racionalmente y políticamente", ha dicho.

El camino del independentismo

Más allá de pedir sosiego, la expresidenta del Parlament admite que hay una "reflexión profunda y diseñar un futuro" dentro del independentismo. En este sentido, Forcadell lamenta las rencillas entre las fuerzas independentistas, especialmente entre los socios de gobierno, y argumenta que le dan "rabia". Sin embargo, cree que "en un momento tan y tan grave" acabarán poniéndose de acuerdo. "No tengo ninguna duda. Sería inaceptable e incomprensible que no fuera así".

Ahora bien, la expresidenta de la cámara opina que desde el exilio y desde la prisión no se puede hacer política y recuerda que ella misma dejó el acta de diputada porque, "a pesar de tener todos los derechos a participar políticamente, no estás en condiciones de tomar las decisiones con suficiente distancia". "Podemos tener un liderazgo ético, moral, pero no podemos ocupar cargos representativos", matiza Forcadell.

Sobre el papel de las entidades soberanistas, asegura que la ANC "no debe hacer política, no debe radicalizarse". "Tiene que volver a los orígenes, que era un espacio donde confluían personas de ideas absolutamente diversas que compartían la defensa del derecho de autodeterminación", recomienda Forcadell, y concluye: "Se ha intentado utilizar políticamente por parte de unos y otros. No lo podemos permitir".

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