La guerra entre Paco González y Emilio Ybarra

Documentos reservados prueban que Ybarra prefirió no usar contra González en la lucha interna los créditos del Grupo Rato mal contabilizados 

La reciente muerte de Emilio de Ybarra ha entreabierto una rendija en la caja de Pandora que fue la dura batalla que culminó a finales de 2001 con el control total del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) por parte de Francisco González. La muerte de Ybarra coincide con la caida en desgracia de la figura de González a raíz de sus prácticas de espionaje con el entonces comisario Pepe Villarejo durante largos años.
Tanto en su victoria que logró cargarse a Ybarra como copresidente del BBVA en diciembre de 2001, como en su nombramiento, en 1996, contó González con el mismo padrino: el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar.
Pedro Luis Uriarte, que formó con Ybarra lo que algunos bautizaron como "la fantástica dupla", acaba de denunciar en el diario Cinco días los apoyos del Partido Popular y terminales mediáticas a González en los últimos meses de 2001.
Sin embargo, unos de los agujeros negros del relato -la posibilidad de utilizar contra Francisco González la situación anómala por mal contabilizada del estado de los créditos al Grupo Rato,  entonces ministro de Economía y vicepresidente del Gobierno, originados en Argentaria y aprobados por González allí- sigue sin ser asumido. He aquí los hechos basados en documentación interna reservada del BBVA. No es la serie House of cards... pero se le parece.

La relación entre Francisco González y Rodrigo Rato llena un largo capítulo en la historia de las relaciones perversas del poder donde se cruzan la economía, los negocios y la política.

González llegó a la presidencia de Argentaria el 17 de mayo de 1996, doce días después de que José María Aznar asumiera la presidencia de Gobierno el 5 de mayo de 1996. Aunque procedía del sector financiero, carecía de experiencia como banquero. Rodrigo Rato, a su vez, era en aquellos días el todopoderoso vicepresidente del gobierno, el máximo responsable del área económica.

Fue el entonces presidente de Ibercaja y de la Bolsa de Madrid, Manuel Pizarro, quien sugirió a Aznar ese nombramiento como otros que tuvieron lugar en el ámbito de las empresas públicas.  

Francisco González favoreció desde Argentaria un incremento en la  concesión de créditos al Grupo Rato, que poseía una financiación de 50 millones de pesetas (301.000 euros) en el Banco Exterior de España (BEX), a finales de los años ochenta, primeros de los noventa, del siglo pasado, hasta casi 1.000 millones de pesetas a finales de los años noventa (6 millones de euros).

El BEX fue una de las seis entidades que se fusionaron en la Corporación Bancaria de España, en 1991, entidad que cambió su nombre por el de Argentaria. En 1999, tres años después de llegar el PP al Gobierno, se fusionaban el Banco Bilbao Vizcaya (BBV) y Argentaria con dos copresidentes: Emilio de Ybarra y Francisco González.

El Grupo Rato, creado por los hermanos Rodrigo, Ramón y María Ángeles, se basó en negocios de radio (Cadena Rato), distribución de bebidas (Schweppes), actividades inmobiliarias y viajes. 

La llegada de González a la presidencia de Argentaria, según se ha señalado, redundó en un incremento notable del riesgo crediticio de la entidad con el citado grupo. La expansión se basó también en un préstamo a Constructora Inmobiliaria Urbanizadora Vasco Aragonesa SA (CIUVASA), que presidía Luis Alberto Salazar Simpson, cuñado de Rato; en ella era consejero Ramón Rato.

Tres eran las empresas del grupo Rato con riesgos en BBVA: Muinmo y Aurosur (actividad inmobiliaria) e Ibermar (agencia de viajes). Y junto a ellas la citada CIUVASA, que mantenía vínculos financieros con el grupo Rato. A Aurosur, en el sector inmobiliario, se le otorgo financiación en 1998 para cancelar deudas impagadas de Rebecasa, sociedad dedicada a la distribución de bebidas que suspendió pagos en noviembre de 1997 al retirarle Schweppes la distribución.

El 22 de febrero de 2001, en el BBVA se perfiló un informe de la auditoria interna sobre los riesgos domiciliados en la oficina 5290 (Madrid Puerta de Alcalá) donde se concentraba la llamada banca de empresas.

La oficina tenia riesgos por 5.736 millones de pesetas (34,5 millones de euros) y la auditoria analizo el 96,64% de ellos. La calidad del riesgo fue calificada como “muy deficiente” y del total fueron considerados como “preocupantes-peligrosos”  948 millones de pesetas (5,7 millones de euros) 

Todos ellos correspondían al grupo citado: 635 millones de pesetas  (3,8 millones de euros).  Muinmo con 258 millones de pesetas; Aurosur con 321 millones de pesetas e Ibermar con 56 millones de pesetas. A estos riesgos  se añadían 313 millones de pesetas adicionales para CIUVASA. 

El origen de estos riesgos era antiguo, remontándose a diciembre de 1997, cuando se concedieron el equivalente de 650 millones de pesetas en francos suizos para CIUVASA y una parte (250 millones de pesetas) para Muinmo. 

Los riesgos venían sufriendo continuos impagos, renovaciones y refinanciaciones. Y el grupo presentaba una estructura patrimonial con  generación decreciente de resultados.

El cruce de participaciones entre las empresas, asimismo, dificultaba la valoración de la solvencia del Grupo Rato. Los préstamos a Muinmo se habían concedido con garantía personal de los tres hermanos; los de CIUVASA con garantía de Muinmo y los de Aurosur con una promesa de hipoteca sobre un inmueble de la madrileña calle Santa Engracia que no pudo llegar concretarse por problemas registrales. 

En las fechas en las que se está evaluando al Grupo en BBVA, en octubre de 2001, precisamente, estalla estallado un escándalo que afectó al gobierno de Aznar: Gescartera. Se evaporaron 20.000 millones de pesetas -120 millones de euros- en la citada sociedad gestora de carteras, con más de 2.000 inversores perjudicados. 

Rato compareció el 29 de octubre de 2001 para informar sobre la estafa y el papel de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en el Congreso de los Diputados. Y en relación con una de sus empresas, Muinmo, se le preguntó por un préstamo que le había  concedido el banco británico HSBC por valor de 525 millones de pesetas (3,1 millones de euros). Se daba la circunstancia de que el HSBC había creado para Gescartera una sociedad de inversión colectiva en Luxemburgo.

Rato, al contestar al diputado socialista Juan Fernando López Aguilar, señaló: “Sobre los préstamos quiero decirle una cosa —y se la digo a su grupo—, no encontrará usted un solo caso de un solo préstamo concedido a mí personalmente o a empresas de las que yo haya participado, que haya sido provisionado por el banco o que se haya pagado con un interés que no fuera el de mercado. Ni un solo caso”. 

En el BBVA se desarrollaba, según se ha apuntado, en aquellas fechas una guerra interna entre el sector que venía de Argentaria y el antiguo BBV. 

El 16 de noviembre de 2001, Manuel Méndez del Río, director general de BBVA, procedente de Argentaria, envía un informe, según escribe, “como me habíais solicitado”, y “muy confidencial”, para los co-presidentes De Ybarra y González, con copia al consejero delegado Pedro Luis Uriarte. Asunto: los riesgos con el Grupo Rato. 

La elaboración había sido obra de la llamada “Unidad Central de Riesgos de Crédito”. El informe señalaba: “Esta Subunidad de riesgos-empresas considera que las valoraciones realizadas en cada caso para soportar las decisiones tomadas se ajustan a los parámetros técnicos habitualmente utilizados, habiéndose seguido los circuitos y procedimientos establecidos para la concesión de los riesgos, y habiéndose aprobado las operaciones dentro de las facultades delegada. Asimismo, se estima que no existirán problemas para la recuperabilidad de los riesgos atendiendo a las características de las sociedades y las garantías establecidas”.

Esta opinión benigna con los riesgos del Grupo Rato, incrementados notablemente en Argentaria tras la llegada de Francisco González a la presidencia tendría, empero, su respuesta. 

El 30 de noviembre de 2001, José Pérez Fernández, director general de Auditoria y Control, se dirige a los co-presidentes De Ybarra y González para informar de las “posiciones crediticias con el Grupo Rato y las valoraciones de auditoria interna” a partir de la citada auditoria que había concluido en febrero de 2001.

El informe apunta “las circunstancias referidas sobre los riesgos asumidos (879,8 millones de pesetas al día 28 de noviembre de 2001): origen de los préstamos y créditos en refinanciaciones y renovaciones tras impagos de amortizaciones; empeoramiento de la situación financiera de las empresas, cruces de participaciones y financiaciones que dificultan una valoración adecuada de la solvencia del grupo; deterioro de los resultados y escasa calidad de la generación de recursos, que en buena medida se obtienen en la enajenación del inmovilizado, y, en fin, falta de aportación de garantías eficaces, hacen considerar preocupantes los riesgos con Muinmo, Aurosur, Ibermar y CIUVASA”.

Añadía: “Las prácticas bancarias seguidas en la gestión de estos riesgos no han sido adecuadas y necesitan mejoras… debiendo reconducir las posiciones y reforzarlas con garantías eficaces. En aplicación estricta de la norma décima, apartado 2.b y 5 de la Circular 4/1991 del Banco de España, los riesgos con estas empresas deberían ser calificados como dudosos y provisionarlos al menos en un 10%”

Si se hacía caso a este informe, el Banco de España era burlado en la calificación de los créditos del ministro de Economía, el vicepresidente Rato, cuyo grupo mantenía con el BBVA un riesgo de casi 1.000 millones de pesetas (6 millones de euros). 

Por tanto, el informe sostenía lo contrario de lo que el vicepresidente Rato había declarado en el Congreso de los Diputados hacía treinta días, a saber: los préstamos contraídos por él o sus empresas estaban mal contabilizados y debían ser recalificados a dudosos, según la auditoría interna antes citada.

Por aquellas fechas, a raíz del escándalo de Gescartera, un ejecutivo del sector BBV, muy próximo a De Ybarra, advirtió la preocupación por la repercusión pública, caso de que trascendiera la situación real del Grupo Rato.

Decía así: “Subrayar la preocupación por un tema de imagen, que no ha sido abordado en el informe de riesgos. Es, sin duda, un tema delicado. No sé hasta que punto somos conscientes de la información pública que puede haber sobre este tema. Resulta sorprendente que no haya saltado a la prensa o al Congreso de los Diputados. Si todavía no lo ha hecho puede que sea por motivos de ritmo o de tiempo. Es difícil convencer de que el historial de estos créditos se desenvuelve con “parámetros técnicos habitualmente utilizados”. Mi obligación y mi lealtad me obligan a subrayarlo”.

La guerra interna por el poder en el BBVA,  según se ha señalado, entre el sector de Francisco González y el de Emilio de Ybarra, llegaba a su apogeo. González sabía que el BBV había gestionado cuentas secretas en el paraíso fiscal de Jersey durante largos años, un tesoro de 37.850 millones de pesetas (227,5 millones de euros), ocultados en las cuentas hasta el año 2000, tesoro aflorado precisamente tras la fusión del BBV y Argentaria, cuando se repatriaron los fondos.

Una parte del dinero se usó para dotar 22 fondos de pensiones para los consejeros del antiguo BBV por valor de 19.244.187 dólares, de los cuales 2.982.558 dólares correspondían al propio De Ybarra. Era un regalo para robustecer las remuneraciones de los antiguos consejeros del BBV frente a los “advenedizos” de Argentaria.

Mientras González vio en este asunto de las cuentas ocultas la posibilidad de dar el golpe de gracia y acabar con De Ybarra y el poder del BBV, los colaboradores de De Ybarra intentaron persuadir a su líder de que para neutralizar a González se podía esgrimir el informe de la auditoría sobre la situación del Grupo Rato. 

Pero De Ybarra no siguió esas recomendaciones y se guardó el informe en un cajón.

De Ybarra renunció el 18 de diciembre de 2001 a la copresidencia del BBVA, lo mismo que Pedro Luis Uriarte a su cargo de consejero delegado. Eso sí: González decidió proponer el nombramiento de José Ignacio Goirigolzarri como consejero delegado para sellar “la paz interna”, hecho que no evitó la depuración del sector próximo a De Ybarra.

El 1 de marzo de 2002, el Banco de España, bajo el timón del gobernador Jaime Caruana, abrió expediente disciplinario al Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) por gestionar cuentas secretas en el extranjero (en el paraíso fiscal de la Isla de Jersey) por valor de 37.850 millones de pesetas (227,5 millones de euros) que no fueron reflejados en las cuentas hasta el ejercicio 2000, tras la fusión del BBV con Argentaria. 

Los personajes de esta historia han hecho un recorrido circular. Francisco González declara hoy como testigo después de mantener las relaciones contradictorias de poder con Rato y conseguir su salida de Bankia; Luis de Guindos, el ex secretario de Estado del vicepresidente en el gobierno de Aznar, fue el anfitrión de la cena en la que se fraguó la defenestración de Rato de la presidencia de Bankia y quien linchó a su antiguo jefe con la cuerda del Fondo Monetario Internacional (FMI), entidad a la que solicitó la publicación anticipada de las conclusiones que desnudaron a Bankia ante los mercados en pánico el 25 de abril de 2012. 

Y por último, pero no por ello menos importante, Jaime Caruana, quien extendió como gobernador del Banco de España la alfombra roja para acabar con Emilio de Ybarra en 2001, es miembro del consejo de administración del BBVA.  

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