SERIE VENEZUELA (1/10)

Gasolina más barata que una botella de agua

En Venezuela se puede llenar el tanque de un vehículo con menos de un céntimo de euro

Un litro de gasolina en Venezuela cuesta un máximo de 6 bolívares, unos 0,000007 euros. Esto significa que se puede llenar el tanque de un vehículo con menos de un céntimo de euro. Sí, lo han leído bien. ¡ Menos de un céntimo de euro! La gasolina en Venezuela es más barata que el agua -una botella de un litro y medio vale 111.337 bolívares, unos 13 céntimos de euro-, a pesar de que el país debe importar combustible porque su propia producción de petróleo no es suficiente actualmente para cubrir la demanda. Todo parece una locura.

Los empleados de las gasolineras de Caracas, la capital venezolana, admiten que obtienen más beneficios de las propinas que les dan los conductores que del sueldo que ganan. Un problema grave en Venezuela es que casi no hay dinero en efectivo debido a la trepidante hiperinflación -los precios ya han subido un 897% entre enero y abril-, y las gasolineras son uno de los poquísimos lugares del país donde no se puede pagar con tarjeta de crédito o débito.

"¿Cómo quiere que aceptemos tarjetas, si la gasolina vale una miseria?", responde el trabajador de una gasolinera. El conductor de un todoterreno pide que le llenen el tanque. En total, 33 litros de gasolina, que cuestan 198 bolívares. El cliente paga con un billete de 500 bolívares y no pide el cambio. Otros conductores pagan con un billete de 1.000 bolívares y tampoco reclaman que les devuelvan dinero. De hecho, 500 o 1.000 bolívares también son una minucia en este país. Un euro equivale a unos 850.000 bolívares. Una barra de pan vale 70.000 bolívares.

El recuerdo del 'caracazo'

"La gasolina siempre ha sido baratísima en Venezuela. Desde los años 40 el gobierno decidió que la gente casi no tuviera que pagar por el combustible en un país que es productor de petróleo", argumenta el ingeniero petrolero Rafael Gallegos. "Los gobiernos posteriores siempre han tenido miedo de subir el precio", añade.

De hecho, el presidente Carlos Andrés Pérez decretó en 1989 un aumento del coste de la gasolina, así como del transporte público, la electricidad, el gas y el agua, y la respuesta social fue el llamado 'caracazo': miles de personas se lanzaron a las calles de Caracas para protestar, y las manifestaciones terminaron con graves enfrentamientos y el saqueo de tiendas.

Por eso, actualmente las facturas de la electricidad, el gas y el agua en Venezuela también son ínfimas, y el transporte público de la capital es directamente regalado: el billete del metro vale 4 bolívares -también menos de un céntimo de euro -, pero como nadie tiene dinero en efectivo para pagarlo, la mayoría de los pasajeros entran sin pagar. Los tornos están abiertos. Hay revisores, pero no dicen nada a los que no tienen billete.

Sin embargo, la gallina de los huevos de oro de Venezuela, que es su industria petrolera, está de capa caída. En 1998 Venezuela producía unos 3,5 millones de barriles diarios. Ahora, veinte años después, la producción apenas llega a 1,4 millones de barriles al día, según datos de la OPEP. Y, aún peor, hay una auténtica desbandada de los trabajadores de Petróleos de Venezuela (PDVSA), la empresa estatal que tiene el monopolio de la explotación, producción y refinamiento del petróleo en el país.

"Es mentira que la crisis haya comenzado ahora. [Hugo] Chávez ya puso los cimientos del actual desastre", asegura el ingeniero petrolero Gallegos. "Para que una empresa del petróleo crezca, primero hay que hacer prospecciones, después iniciar la perforación y finalmente realizar tareas de mantenimiento al cabo de seis o siete años en los pozos de crudo, para que la producción se mantenga. Para ello se necesitan profesionales de calidad", enumera el experto.

En 2003 Chávez despidió a unos 23.000 profesionales de los 45.000 que entonces trabajaban en PDVSA. Todos los despedidos eran empleados que habían protagonizado una huelga de tres meses que consiguió paralizar la industria petrolera de Venezuela y casi todo el país. Los profesionales protestaban contra la aprobación de la ley de hidrocarburos impulsada por Chávez.

"La ley ponía fin a la independencia de PDVSA y pretendía politizar la empresa, que es lo que ha pasado", explica Iván Freites desde su despacho en la Federación Unitaria de Trabajadores del Petróleo de Venezuela (FUTPV), en Caracas. La FUTPV es un sindicato en teoría independiente, pero en su sede hay murales con los retratos de Chávez y Nicolás Maduro por todas partes.

PDVSA llegó a tener 111.452 trabajadores en agosto de 2016, pero más de 50.000 sólo habían cursado educación primaria o bachillerato, según datos de la misma empresa. Además, contrató unas 30.000 personas más que tenían como único mérito ser militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), la formación de Chávez, explica el sindicalista. "La empresa ha dejado de estar formada por profesionales expertos. Su actual presidente es un general, Manuel Quevedo, y el resto de la junta directiva también son básicamente militares", lamenta Freites.
El resultado ha sido la caída en picado de la producción del crudo en Venezuela.

Petróleo más caro, pero pocos beneficios

"El precio del barril de petróleo ahora es excelente, unos 65 dólares. Y con la crisis en Irán, quizás todavía aumentará más", pronostica Gallegos. Pero Venezuela se beneficiará poco del posible incremento. De los 1,4 millones de barriles que el país sudamericano produce cada día, envía 450.000 a China para pagar un préstamo de 60.000 millones de dólares que Pekín hizo a Chávez. Además, vende unos 550.000 barriles a Estados Unidos y la India, y con los restantes no basta para cubrir la demanda nacional.

En Caracas hay combustible, pero fuera de la capital las colas en las gasolineras son kilométricas. Actualmente Venezuela importa combustible de Estados Unidos y Europa. Por su parte, hay venezolanos que revenden a la vecina Colombia la gasolina que compran en su país por un precio de ganga. Al otro lado de la frontera, el litro de gasolina se vende a más de un euro. El negocio es redondo.

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