Las grandes mentiras y despropósitos que han definido la carrera de Boris Johnson hasta llegar a Downing Street

El nuevo 'premier' británico ha perdido tres empleos por haber mentido o maquillado la verdad

El flirteo de Boris Johnson con la falsedad y la falta de honestidad le ha hecho perder el trabajo hasta tres veces. Como declaró él mismo en una entrevista a 'The Independent' en 2002, un año después de haber sido elegido por primera vez miembro del parlamento británico: "Mis errores son demasiado numerosos para hacer la lista completa". A continuación, pues, ofrecemos solo una muestra de las mentiras y despropósitos más clamorosos del populista y nuevo mandatario del Reino Unido.

La citación falsa al 'The Times', 1987

Su padrino, el historiador Colin Lucas, lo denunció por haberle atribuido falsamente unas declaraciones en un artículo sobre el descubrimiento arqueológico del Palacio de la Rosa, de Eduardo II. "El problema fue que en algún lugar de mi copia conseguí atribuir a Colin que Eduardo II y Piers Gaveston habrían ido juntos al palacio", se justificó Johnson. Atribución difícil, sin duda, porque Gaveston fue ejecutado trece años antes de la construcción del palacio.

Las 'euroexageraciones'

Cuando Johnson tuvo que responder ante el parlamento sobre las informaciones que había publicado en su etapa de corresponsal del 'Daily Telegraph' en Bruselas -desde la introducción de los "euroataúdes" para que fueran todos del mismo tamaño hasta la creación de la "policía de los plátanos", para regular su curvatura, pasando por la prohibición de los "cócteles de gambas con patatas fritas"-, Johnson se limitó a decir: "se hace un gran esfuerzo por despreciar a todos los que pensamos que deberíamos salir de la Unión Europea y todo lo que decimos es un poco mito".

El lío con Liverpool, 2002

En 1999, Johnson fue nombrado editor del semanario de derechas 'The Spectator', muy próximo al Partido Conservador. En 2002 escribió un editorial acusando a los "borrachos seguidores" del Liverpool del desastre de Hillsborough, que causó 96 muertos y 766 heridos en la celebración de la semifinal de la FA Cup de 1989. Johnson insinuó en la editorial que "la población de Liverpool se había deleitado en su condición de víctima". En 2002 ya era diputado y el líder del partido en ese momento, William Hague, le obligó a ir a la ciudad a pedir perdón. "Cualquiera, político o periodista, debería disculparse con la gente de Liverpool, como yo hago, por haber tergiversado lo que pasó a Hillsborough", dijo entonces.

El primer asunto extramatrimonial, 2004

En 2003 Michael Howard, entonces nuevo líder conservador, nombró a Johnson vicepresidente del partido y secretario de estado de Cultura en la sombra. Un año después, 'The Mail on Sunday' informó de la relación extramatrimonial que mantenía con la columnista de 'The Spectator' Petronella Wyatt. Howard le pidió si eran ciertas las insinuaciones y Johnson le aseguró: "No he tenido ninguna aventura con Petronella. No tiene ningún sentido. Es una pirámide invertida de sandeces". Cuando se demostraron que eran ciertas -Petronella Wyatt quedó embarazada y decidió abortar, con un coste de 1.650 euros-, Howard lo cesó inmediatamente después de que Johnson amenazara a un periodista si publicaba la información.

Las ideas alocadas del exalcalde 

Ya como alcalde de Londres, y durante la campaña de la reelección, Johnson prometió que ninguna de las casi 450 estaciones del metro de Londres quedaría sin ventanilla para comprar billetes. Ahora quedan sólo la mitad. Como alcalde también han sido famosos sus proyectos exagerados, como él mismo. El más polémico, el puente-jardín sobre el Támesis en el centro de Londres. El proyecto finalmente se desestimó, pero el coste incluso antes de poner una sola piedra fue de 53 millones de libras. La otra gran idea de Boris Johnson como alcalde ha sido el aeropuerto en el estuario del Támesis, en una isla artificial conocida como Boris Island. El nuevo aeropuerto era la alternativa de Johnson a la tercera pista de Heathrow, a la que se opuso a lo largo de los ocho años de mandato: incluso llegó a declarar que pondría su cuerpo "ante los bulldozers" para impedir el inicio de las obras. Posteriormente, como ministro de Asuntos Exteriores, fue a Afganistán en un viaje no programado para no tener que votar a favor de la ampliación -o en contra, lo que le habría costado el cese- del parlamento, siguiendo las directrices del gobierno de Theresa May.

El islam y Johnson, una historia que viene de lejos

En un ensayo de Johnson de 2007, revelado por 'The Guardian' la semana pasada, el nuevo 'premier' publicaba que el mundo musulmán está "siglos atrás" de Occidente debido a un "conservadurismo religioso fatal" que impide el desarrollo del capitalismo liberal y de la democracia. Según Johnson, "prácticamente todos los lugares calientes [del planeta] que se puedan imaginar, desde Bosnia a Palestina, pasando por Irak y Cachemira", se definen por "alguna queja musulmana". Haciéndose eco de la misma opinión que uno de sus héroes, Winston Churchill, según el cual no había "una fuerza retrógrada más fuerte" que el Islam, Johnson cree que "el verdadero problema con el mundo islámico es el Islam". No resulta extraño, pues, el artículo del 'Telegraph' en el que hablaba de 'buzones' en relación con las mujeres que llevan burka y hacía otras consideraciones sólo comprensibles por la educación reaccionaria y eurocentrista que recibió en Oxford como estudiante de clásicas.

El poco diplomático ministro de Asuntos Exteriores

En dos años como ministro de Asuntos Exteriores, entre julio de 2016 y julio de 2018, los despropósitos que ha soltado han sido tan lamentables como espectaculares.

En octubre de 2017, durante el congreso del Partido Conservador, bromeó sobre el tipo de inversiones que las compañías británicas podrían hacer en Libia: "Tienen una gran visión para convertir Sirte [ciudad situada entre Trípoli y Bengasi] en el próximo Dubai. Lo único que tienen que hacer es limpiar las calles de muertos". Según Johnson, Libia es "un lugar increíble".

La ciudadana británica Nazanin Zaghari-Ratcliffe, prisionera en Irán desde hace más de dos años, visitaba el país para "enseñar a la gente periodismo", dijo Johnson. Estas declaraciones sirvieron para que el régimen iraní considerara que "espiaba" y "hacía propaganda". Zaghari-Ratcliffe fue detenida en 2017 mientras estaba de vacaciones en el país visitando a su familia; trabaja para la Fundación Thomson-Reuters pero no enseña periodismo en ninguna parte.

Al principio de 2017, en los últimos meses del mandato de François Hollande como presidente francés, Johnson comparó su actitud respecto al Brexit como la de un campo de prisioneros de la Segunda Guerra Mundial. Dijo: "Si el señor Hollande quiere castigar a cualquiera que quiera huir [de la Unión] como si fuera una película de la Segunda Guerra Mundial, no creo que sea el camino a seguir y no creo que interese a nuestros amigos y compañeros".

En un viaje a Birmania a principios del 2018, Johnson fue grabado por un cámara durante una visita en un templo, la pagoda de Shwedagon, en Rangún, la capital del país, recitando un poema colonial de Kipling. El embajador británico le advirtió de la inconveniencia del lugar elegido para mostrar su vasta cultura.

Finalmente, los insultos y el desprecio hacia Theresa May han sido constantes por parte de muchos miembros de su gobierno, Johnson incluido. En una grabación secreta durante una cena con el grupo conservador de inspiración thatcherista Conservative Way Forward, Johnson aseguró que el presidente estadounidense habría conducido mucho mejor las negociaciones del Brexit. "Soy un creciente admirador de Donald Trump", dijo, y añadió: "Estoy cada vez más convencido de que hay un método en su locura. Imagínese Trump haciendo el Brexit. Sería jodidamente duro. Habría todo tipo de baches y mucho caos. Todo el mundo pensaría que se ha vuelto loco. Pero, en realidad, llegaría a un lugar concreto. Es un pensamiento muy muy bueno".

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