SERIE VENEZUELA (5/10)

Los cadáveres se acumulan en Caracas

La ciudad es una de las más violentas del mundo y los cuerpos se amontonan de forma deplorable

Dos cuerpos sin vida en la morgue del hospital Domingo Luciani, en Caracas. / M. BERNABÉ

Cuando se llega a Caracas, la capital venezolana, hay dos cosas que llaman la atención. Por un lado que los cristales de todos los vehículos son de color oscuro por razones de seguridad. Es imposible ver quién viaja dentro. Y por otro, que hay rejas por todas partes. Incluso las ventanas de viviendas situadas en una octava planta tienen esta protección. Siempre por la misma razón: evitar robos y agresiones.

Caracas fue la segunda ciudad más violenta del mundo en 2017, según la organización mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (CCSPJP), que hace un cálculo anual comparando el número de homicidios que se registran por cada 100.000 habitantes y sin tener en cuenta las ciudades donde hay un conflicto armado. En la capital venezolana se documentaron el año pasado 3.387 homicidios, a pesar de que su población apenas supera los tres millones de personas.

Caracas, sin embargo, no parece una ciudad peligrosa a simple vista, más allá de que todo el mundo recomienda no hablar por teléfono móvil en la calle si uno no quiere ser atracado, y que los cuerpos se acumulan en las morgues.

En el hospital Domingo Luciani, en Caracas, la peste es vomitiva a más de cien metros del depósito donde se almacenan los cuerpos sin vida. Las enfermeras se cubren la nariz con el brazo para protegerse del hedor y las moscas revolotean por los pasillos de un lado para otro. El espectáculo es esperpéntico dentro del depósito de cadáveres.

Varios cuerpos yacen en camillas desvencijadas cubiertos con sábanas sucias o mantas. Las paredes y el suelo están llenos de inmundicia, equipos fuera de uso se amontonan uno encima del otro, la luz es escasa y no hay ningún tipo de ventilación. El ambiente es irrespirable. Un trabajador de la morgue accede a que esta periodista tome algunas imágenes de semejante desastre, pero me advierte con la mirada que hay una cámara de vigilancia en una esquina de la sala y me aconseja que me sitúe justo debajo para evitar ser filmada. La cámara parece un aparato de última generación, que contrasta con la condición deplorable de la morgue.

"Yo creo que todo esto empezó a degradarse durante el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez", calcula un operario del hospital que hace más de treinta años que trabaja y que hace referencia así al presidente que gobernó Venezuela entre 1974 y 1979, y después entre 1989 y 1993. "[Hugo] Chávez no llevó a cabo ninguna mejora", asegura. Y es evidente que Nicolás Maduro, el actual presidente, aún ha hecho menos.

El trabajador asegura que antes en la morgue había cámaras frigoríficas para los cadáveres, pero se fueron estropeando una tras otra y nadie se preocupó de arreglarlas. Ahora el lugar donde estaban las cámaras se amontonan en el suelo los llamados residuos patológicos dentro de bolsas de plástico, o sea vísceras y todo tipo de órganos y otros restos humanos.

"Sólo nos quedan siete camillas. El resto están fuera de uso", detalla un forense, que reconoce que tienen que hacer lo imposible para almacenar los cadáveres. "Los apilamos uno encima del otro en una misma camilla. El administrador del hospital no nos permite ponerlos en el suelo", dice.

El depósito de cadáveres del hospital Domingo Luciani recibe cada día una media de diez cuerpos, algunos de los cuales son de personas que han perdido la vida por enfermedad y otros, por violencia. En la morgue de Bello Monte, la única de toda la capital donde se hacen autopsias, la situación es aún peor, según un trabajador. Allí los forenses deben lidiar cada día con unos sesenta cuerpos y las condiciones, aseguran, no son mucho mejores.

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