Martin Blas declara que Pino ha mentido al juez: "Nunca tuvo ningún USB con datos de Pujol"

“Pino y Martín Blas seguirán despedazándose. Están en guerra”, señala una fuente jurídica

El comisario Marcelino Martín Blas, exjefe de Asuntos Internos de la Policía, ha explicado al juez José de La Mata que su exjefe, Eugenio Pino, ha mentido. Es falso, declaró en calidad de testigo Martín Blas, que él le entregara un USB procedente de la agencia de detectives Método 3, simplemente porque dicho dispositivo no existe. Pino dijo al juez el jueves pasado que Martín Blas se lo había dado en mano.

Enfundado en un elegante abrigo de lana color avellana y tocado con un Fedora, el sombrero asociado en los años veinte a los gánsters de la Prohibición, Martín Blas explicó que él había obtenido datos –chismes o cotilleos- sobre la familia Pujol  que le aportaron verbalmente dos empleados –Julián Peribañez y Antonio Tamarit- de la agencia de detectives Método 3, que colaboraron con la Policía. Esos datos se pasaron a un amplio informe en papel, y nunca tuvo acceso a dispositivo USB alguno.

Martín Blas dio cuenta de que la primera vez que salió el asunto del pendrive fue en julio de 2016. Le llamó primero el comisario general de Policía Judicial, José Santiago Sánchez Aparicio El Chati, y más tarde el subdirector general del gabinete técnico de la Policía, José Manuel Pérez Pérez. En el despacho de este último estaban presentes los dos citados y el jefe de la UDEF, José Manuel García Catalán.

Como quiera que el juez De la Mata había requerido a la UDEF sobre el pendrive, en la citada reunión preguntaron a Martín Blas de dónde había salido y dijo desconocer su existencia. Explicó que le habían dado unos datos de forma verbal y que los había incluído en un informe registrado en Asuntos Internos en 2013.

El juez De la Mata, que investiga la posible introducción por parte de la Policía de pruebas espurias que pudieran contaminar al menos parte de las actuaciones, preguntó a Martín Blas por qué razón Pino podía haber dado información que, según afirmaba el testigo, no era verdad. El exsubordinado de Pino no necesitó mucho tiempo para explicarlo. Dijo que él formaba parte de una comisión judicial formada por el juez Arturo Zamarriego, que investiga una grabación ilegal entre agentes del CNI y agentes de Asuntos Internos –el departamento que dirigía Martín Blas- en el caso del llamado pequeño Nicolás. Dicha comisión, explicó Martín Blas, ha calificado la grabación presuntamente ordenada por Pino y el ex comisario José Villarejo como actos de revelación de secretos y organización criminal. Martín Blas explicó al juez que la grabación implicaba a dos medios de comunicación digitales: Información Sensible, vinculada al propio Villarejo, y OK Diario.

Pino ya había anticipado en su declaración del jueves pasado que lo que afirmaba sobre el tema del pendrive en su escrito del pasado 3 de noviembre –dirigido al juzgado- “no era demasiado cierto” y que carecía de “seguridad”, al tiempo que admitió tener “una imaginación poderosa”.

El juez De la Mata ha citado para el jueves 23 de febrero a los dos exdetectives de Método 3, Peribañez y Tamarit. Fuentes consultadas señalan que ambos coincidirán con la versión de Martín Blas.

El juez deberá, asimismo, decidir qué hace con una denuncia contra estos detectives y policías como Pino, interpuesta por el antiguo propietario de la agencia Método 3, Francisco Marco, sobre la cual tiene pendiente pronunciarse la fiscal Belén Suárez.

Una fuente jurídica con conocimiento de ambos personajes en liza señaló ayer a ARA: “Pino y Martín Blas seguirán despedazándose. Están en guerra”.

Esta guerra ha permitido aflorar cinco largos años de utilización de los recursos del ministerio del Interior para los fines de una camarilla que consideró una prioridad de seguridad nacional criminalizar a dirigentes independentistas de Cataluña como “solución final” de la amenaza soberanista. Utilizaron los métodos del poderoso jefe del FBI, la policía federal norteamericana, Edgard J. Hoover, y del senador republicano por Wisconsin en los años cincuenta del siglo pasado Joseph McCarthy.