Nuestro Maquiavelo en pantuflas

Era el político que menos vicios de los profesionales del poder tenía

"Lo que inclina a Gramsci hacia Maquiavelo es su 'realismo político', pensamiento del florentino que nos conduce, no a trabajar con 'pedantescas' disquisiciones de principios, sino que se buscará consagrar una posición crítica y unitaria como voluntad  colectiva y nacional, bajo principios de una ciencia independiente. Esto constituye para Gramsci un motivo para consagrar al florentino como “el político verdadero”", señala el profesor de la Universidad de Chile Afshin S. Iraní Cereceda en su trabajo sobre Gramsci y Maquiavelo Il condottiero Gramsci: Maquiavelo, la sociedad civil y el príncipe moderno.

Conocí a Alfredo Pérez Rubalcaba, nuestro Maquiavelo, en 1986 cuando era secretario general de Educación, uno de los primeros cargos políticos que le propulsarían hasta el estrellato del partido Socialista Obrero Español. Fue en una rueda de prensa magistral a la que asistí como redactor en jefe del diario La Vanguardia en Madrid.

Y desde entonces nos hemos tratado, tanto desde la cima de su poder como desde su cátedra de químicas en la Universidad Complutense de Madrid.

Repaso nuestra amplia correspondencia por WhatsApp y veo una cita del 5 de febrero de 2018. Acaba Alfredo, hace quizá algunos meses, de ingresar en el comité editorial del grupo Prisa. Aunque es amigo de Juan Luis Cebrián, entonces el presidente del grupo, quiere saber más. El encuentro tiene lugar después de su clase, en la cafetería de la Casa do Brasil. Quiere conocer mi punto de vista sobre Prisa y sobre El País. Le doy algunas pistas. Me mira sorprendido. Hay algunas cosas que no entiende. Y pasamos a un tema que le apasiona: hablemos de lo que tú conoces bien y yo regular. ¿A qué te refieres? La justicia.

Tenemos una larga cambiada. Sus ojillos brillan. Parece el doctor Watson preguntando a Sherlock.

Y entonces le digo que una compañera de mi hijo en el colegio Ramiro de Maeztu, muy guapa, por cierto, ahora, es alumna suya…

   - ¿Cómo se llama? -interrumpe

   - Claudia.

Me mira como adivinando de quién se trata.

   - Dice que eres el mejor profesor que ha tenido. No se lo puede creer. Quiere ser farmacéutica.

Esto le emociona.

Repaso algunos de sus comentarios en watsapp. Nunca da puntada sin hilo. Si se trata de mi comentario en EL PAÍS sobre el libro de Luis de Guindos  España amenazada, apunta un detalle. Allí donde yo señalo que el entonces ministro solicitó al FMI hacer público en su comunicado del 25 de abril de 2012 los conceptos que señalan a Bankia, Alfredo precisa un poco más: “Ahora te leo lo de Guindos. A Valeriano [Gómez, exministro, exportavoz de Economía del PSOE en el Congreso y muy próximo a Rubalcaba] le contó que el párrafo de marras de la nota del FMI lo había metido él”.

Pero el maquiavelismo que han denunciado aquellos que como Mariano Rajoy quisieron meterlo en la cárcel (operación Faisán) es una fantasía. Según ese maquiavelismo, Alfredo era el cocinero, mucho antes de llegar al Ministerio del Interior, que estaba en todas las salsas. Y no es verdad.

Era el político que menos vicios de los profesionales del poder tenía. Ese era Alfredo para mi.

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