Piensa en tu madre

"Piensa en tu madre", le dicen en la residencia cuando pide sacarla a pasear después de seis meses de aislamiento protector. Y este "Piensa en tu madre" resuena en su cabeza como un martillo, como si fuera una sentencia de muerte. ¿Y si saliendo a la calle se contagia? ¿Y si la abraza y le transmite la enfermedad sin saberlo? La madre cumplirá 90 años en octubre y ha vivido desde marzo protegida en una burbuja que solo han atravesado algunas llamadas por videoconferencia y algunas visitas al otro lado de un metacrilato. Sin tocarse. A cada llamada, a cada visita, el terror que el Alzheimer haya avanzado. "Piensa en tu madre", y precisamente porque piensa en su madre la sacará a la calle, a los jardines donde se puede llegar con la silla de ruedas, y será una hora, pero tomarán el sol y comerán cruasanes de chocolate. La madre le dirá que quiere pasar todo el día con ella de camino de regreso a la residencia. La abrazará. Precisamente porque piensa en ella la sacará a pasear aunque sea una hora y la abrazará y pensará que la vida es que pueda tomar el sol, ser abrazada, peinada y escuchar en bucle las virtudes de los nietos más inteligentes del mundo. "Piensa en tu madre", que cuando llega a la residencia tendrá que recibir todas las atenciones de las cuidadoras para garantizar que no entra el coronavirus. Y así, asumiendo algunos riesgos y con más trabajo que nunca de los cuidadores, habremos asumido que nunca más podemos condenarlos a la soledad como hicimos con muchos ancianos en el pico de la pandemia.

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