ANÁLISIS

Pirotecnia fallera hasta el cónclave Sánchez-Iglesias

Unidas Podemos pierde el miedo a una repetición electoral

Hasta que Pedro Sánchez no coja el teléfono, marque el número de Pablo Iglesias y diga “Pablo, vente pa’ Moncloa”, todo es fuego de artificio, circo o, simplemente, pirotecnia fallera. Los encuentros entre negociadores, ¿han arrancado acaso tras una reunión entre los dos líderes? No. Por tanto, carecen de fuerza ejecutiva alguna. Llenan el vacío de los días y noches que faltan hasta el 16 de septiembre, día en el que el Rey recibirá en la Zarzuela a los representantes de los partidos.

Ese es el Día y la hora H. Pero antes deberá estar claro lo que debe estar claro para que el lunes 16 el monarca oiga lo que debería oir para confiar a Pedro Sánchez la tarea de negociar una segunda investidura.

Pablo Iglesias cree, según fuentes conocedoras de sus últimas reflexiones en voz alta, que las ofertas lanzadas por el PSOE -programa y cargos para las “instituciones del Estado”- podrían ser el comienzo del típico castillo de fuegos artificiales que culminaría hacia el final de la semana próxima con alguna forma de reflotamiento de las ofertas de ministerios que encallaron el 25 de julio pasado.

En esta creencia, pues, Iglesias no cedería -no se rendiría-, ante las presiones y exhortaciones. Y Sánchez tomaría la decisión en el último minuto en función de los trackings electorales.

Iglesias y su equipo están ahora animados al punto de pensar menos dramáticamente de lo que lo hacían tras el fracaso de la investidura en julio sobre una repetición de elecciones.

La dirección de Unidas Podemos se ve fuerte en los sondeos y es sensible al hecho de que la militancia estaría encantada de hacer una campaña en la cual uno de los ejes centrales sería la denuncia de que Sánchez quiere hacer exactamente lo contrario de lo que le pedían los simpatizantes la noche de la victoria socialista, el 28 de abril, frente al balcón de Ferraz: “Con Rivera, no”.

Y que si el deseo de Sánchez no se materializa es sencillamente porque Rivera no quiere. 

Si en esas elecciones UP mantiene su caudal electoral en torno a los 40/42 escaños y el PSOE crece a expensas de Ciudadanos, Iglesias, según las fuentes consultadas, estima que tal escenario permitiría no solo renovar la batalla por el gobierno de coalición sino destruir el veto de Pedro Sánchez y el PSOE a la persona de Iglesias.

El líder de UP, por tanto, encontraría nuevas fuerzas políticas para combatir un veto al que se sometió para hacer pedagogía: lo que importaba no era su presencia sino la de UP en el consejo de ministros. Iglesias está convencido de que el gobierno de coalición es el gran objetivo que UP no debe abandonar y aunque, según las fuentes, dice entender que desde fuera no sea fácil de comprender, por ese gobierno pasa el crecimiento de su partido. Al menos entrar al Gobierno, aprobar los presupuestos y tener dos años mínimos de estabilidad.

Esos nuevos resultados permitirían empezar otra vez las negociaciones desde una posición más favorable a UP - posible mayoría absoluta de la izquierda- sin depender de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), tributaria a su vez de la bomba de efecto retardado que supondrá la sentencia del Tribunal Supremo sobre el procés,cuya notificaciónse prevé para el mes de octubre.

Problema: el reseteo tras tirar otra vez los dados el 10 de noviembre es imprevisible.

Porque la primera derivada esperada -la caída en picado de Ciudadanos- puede tener segundas y terceras derivadas. Desde una explosión y cambio de orientación en el partido de Rivera –hacia “Con Sánchez, sí”- hasta un fortalecimiento del Partido Popular, y un debilitamiento de ERC. Pedro Sánchez tendría, pues, un abanico de posibilidades en el campo de una derecha cuya consigna hacia él ha sido “ni agua”.

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