Siete días de octubre: las 140 horas que cambiaron Cataluña

Este es el relato reconstruido de los siete días que van del 25 al 31 de octubre

Este reportaje está elaborado por David Miró, Maiol Roger, Dani Sánchez Ugart, Laia Forés, Gerard Pruna, Aleix Moldes, Núria Orriols, Marc Toro, Xavi Tedó, Anna Mascaró, Ot Serra, Mariona Ferrer Fornells y Mireia Esteve.

¡Nos joderán! ¡Nos volverán a joder!" Puigdemont grita en su despacho. Es jueves 26 de octubre y hace 24 horas que intenta convencer a los dirigentes independentistas de que tiene que haber elecciones para frenar el 155. Pero el compromiso escrito del Estado no llega, él teme un engaño y el independentismo lo presiona. Rectifica. Habrá declaración de independencia y 155, y el Govern entre el exilio y la cárcel. Lo que sigue es el relato de esos días, reconstruido a partir de las entrevistas a más de una treintena de personas que vivieron y protagonizaron los hechos.

Miércoles 25

Cuatro personas llegan a Vitoria para encontrarse con el lehendakari Iñigo Urkullu. El empresario e ingeniero Joaquim Coello, que en los 90 había trabajado en Euskadi, se ha puesto en contacto con Andoni Ortuzar, presidente del PNV, y con el de Petronor, Emiliano López Achurra. A las puertas de la declaración de independencia, Ortuzar organiza un encuentro al que, además de Coello, asisten el empresario Marian Puig, el notario Juan José López Burniol y el abogado Emili Cuatrecasas. El objetivo: evitar el choque de trenes que supondrá la declaración de independencia y la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Faltan tres días para el pleno del Parlament en el que se votará la DUI, y el del Senado que constatará la suspensión autonómica.

El miércoles 25 al mediodía, la mayoría de personas involucradas en la negociación tienen asumido que habrá declaración. El 'conseller' Santi Vila, en contacto permanente con Urkullu durante todo el mes de octubre, comienza a recoger las cosas de su despacho y prepara la dimisión: Puigdemont ha convocado una reunión para la noche y teme que todo lleve a la proclamación.

El temor lo comparte el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, otro de los dirigentes políticos que hace semanas que construyen puentes entre Barcelona y Madrid. Acaba de recibir noticias de la alcaldesa de L'Hospitalet, la socialista Núria Marín, bien conectada con el PSOE, que ha ido al despacho de Puigdemont y ha recibido una taxativa bienvenida del 'president':

-Ya sé lo que me vienes a pedir, pero no lo haré.

El 'president' sigue insistiendo en las cuatro garantías que exige para convocar elecciones. El paso que quiere dar es trascendental y puede suponer el fin del Procés y de su carrera política. Los nervios están a flor de piel, y él quiere poder justificarlo con el fin de la represión. Las condiciones que exige son: que no se aplique el 155, que la fiscalía baje el ritmo -se está preparando la querella por rebelión-, la retirada de los cuerpos policiales españoles que habían pegado a los votantes del 1 de octubre y la libertad de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart.

Los presidentes no hablan personalmente desde agosto

Las conversaciones Barcelona-Madrid echan humo

Han pasado tres semanas desde el día 1 y se ha constatado que el Govern tenía un plan detallado para lograr que se votara, pero que a partir de la noche en que Puigdemont prometió llevar los resultados al Parlament, nada está calculado. La calle hierve, convertida en un manifestódromo de unos y otros. El españolismo ha salido al grito de "Puigdemont, a prisión", espoleado por un discurso del rey Felipe VI que le ha dado alas. El 16 de octubre el independentismo se ha manifestado con rabia por el encarcelamiento de Sànchez y Cuixart, y lo vuelve a hacer el día 21 clamorosamente para que se proclame la independencia.

Los partidarios del diálogo también se han hecho escuchar, tímidamente. Diálogo no hay, pero conversaciones hay muchas. Se intensifican a partir del día 10, cuando Puigdemont proclama la independencia y la suspende con ocho segundos de diferencia, a la espera de una mediación, y se hace lo posible para evitar el choque.

Las conversaciones Barcelona-Madrid echan humo. La negociación principal la lideran Vila y Urkullu. Iceta encabeza otro flanco, en contacto con Soraya Sáenz de Santamaría. Todos los que pueden situarse entre la Generalitat y la Moncloa hacen llamadas. Desde el periodista Manuel Campo Vidal hasta el defensor del pueblo catalán, Rafael Ribó, pasando por el arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, y varios empresarios. En Madrid, a parte de la vicepresidenta, tienen un papel destacado la presidenta del Congreso, Ana Pastor, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, y el portavoz del ejecutivo, Íñigo Méndez de Vigo. En Bruselas mueve hilos del eurodiputado del PP Santiago Fisas, buen amigo de Vila y en contacto con Méndez de Vigo y la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. Los únicos que no hablan esos días, aunque se habían intercambiado el número de móvil en agosto después de los atentados de Barcelona, son Puigdemont y Rajoy. El contacto más cercano que tienen es a través de sus jefes de gabinete, Josep Rius y Jorge Moragas.

La reunión de Vitoria: llamadas de Urkullu a Puigdemont

El ‘president’ acepta reducir las cuatro condiciones a una

La reunión en Vitoria entre la delegación empresarial y Urkullu dura desde la una del mediodía hasta las seis de la tarde. El lehendakari les hace saber que está molesto por el trato que ha recibido de los independentistas, y defiende las gestiones hechas por la cuestión catalana desde el inicio del Procés. Les planta un dosier con correos y apuntes de encuentros con personalidades de la sociedad civil. Destaca la Iglesia, en quien Urkullu confía.

Durante la reunión, el lehendakari habla cuatro veces por teléfono con Puigdemont, a quien convence para que haga caer todas las condiciones y solo exija la paralización del 155. Con quien no consigue contactar Urkullu es con Rajoy, ni con nadie de la Moncloa. Esto inquieta a los empresarios, que lo intentan por su lado: llaman a Iceta para que hable con Pedro Sánchez, pero el líder del PSC les recuerda la respuesta que el ‘president’ le ha dado a Marín por la mañana.

-No me fío de Puigdemont -responde el socialista.

Lo intentan con José Montilla. Y también llaman a otros empresarios con hilo directo con la Moncloa. La mayoría de los grandes nombres del empresariado del Estado hablarán con el gobierno español esos días. A pesar del silencio de la Moncloa, el paso de Urkullu parece haber convencido a Puigdemont. Hace días que el escenario electoral está sobre la mesa y tiene muchos partidarios en el Govern y en el estado mayor del Procés. Ahora falta tener consenso y dar el paso.

El ‘president’ convoca a los principales dirigentes independentistas -excepto a la CUP- a las siete de la tarde, pero hasta las ocho y media no se empieza. Los momentos previos son de nerviosismo, en un Pati dels Tarongers que concentra a la amalgama propia del Procés: miembros del Govern, dirigentes de los partidos, diputados independientes, los responsables de las entidades y el sanedrín -el círculo de confianza de Puigdemont que se encargó de organizar el 1-O-. Todos esperan a que empiece la reunión. Los últimos en llegar son Lluís Corominas y Marta Rovira, presidente y portavoz parlamentarios de Junts pel Sí, que tienen un mensaje inequívoco de los diputados: "Hay que cumplir el mandato y resistir". El mandato es la DUI.

"¿Cómo lo explicamos, ‘president’?"

Tenso encuentro para consensuar la convocatoria electoral

Puigdemont explica a los presentes que ha tomado la decisión de convocar elecciones a cambio de paralizar la aplicación del 155. El ‘president’ desgrana uno de los argumentos para frenar la DUI: la falta de preparación de las estructuras de estado. Las acusaciones mutuas entre socios durante la legislatura respecto a la falta de compromiso en los trabajos previos a la independencia resultan ciertas en ambos lados: se había avanzado poco. Puigdemont prioriza paralizar el 155 y se parafrasea a él mismo recordando el inicio de legislatura, cuando había prometido llevar al país de la posautonomía la preindependencia:

-No quiero llevar al país de la preindependencia a la preautonomía.

El ‘president’ insiste en que la independencia solo sería simbólica. Según el relato de Santi Vila en el libro 'De héroes y traidores', confirmado por otros dirigentes presentes en la reunión, el ‘president’, tirando de ironía, menciona Freedonia, la república que había soñado Groucho Marx.

-No me veo siendo un presidente virtual, de un país virtual, en una sociedad anímicamente e institucionalmente devastada. Me niego a ir por el mundo repartiendo tarjetas de una república inexistente -apunta.

Curiosamente, meses después Puigdemont envía comunicados con el sello del Govern de la República, y los territorios inventados, como Tabarnia y Sant Esteve de les Roures, están de moda.

Marta Rovira hace una de las intervenciones más vehementes. La republicana recoge el posicionamiento del partido, aunque algunos 'consellers', como Carles Mundó y Dolors Bassa, avalan la convocatoria electoral. ERC acaba prometiendo que respetará la decisión a pesar de no compartirla. Pero Rovira pone condiciones: una rueda de prensa conjunta del PDECat, los republicanos y la CUP para explicarlo; un acuerdo político sobre el relato, destinado a no tirarse los trastos a la cabeza en las elecciones, y que Puigdemont se lo explique a los diputados de Junts pel Sí, una última condición que también le pide Lluís Corominas. Mientras se hace la reunión, algunos parlamentarios protagonizan actos por el país prometiendo que el Parlament declarará la independencia. La republicana insiste en que si se convocan elecciones se tiene que justificar muy bien.

-¿Cómo lo explicamos, ‘president’?

Rovira no se ahorra reproches. Llega a acusar a Puigdemont de traicionar a los suyos. Artur Mas lo defiende, tomando la palabra para defender elecciones y la oportunidad de una decisión que muchos no entienden:

-No seremos recordados por la cantidad de críticas que ahora podemos recibir, sino por las consecuencias de nuestros actos -describe en una frase que resume la dicotomía que los dirigentes políticos tenían esos días: tomar una decisión difícil de digerir pero segura, o bien arriesgarse a un abismo que continúa abierto seis meses después de la declaración.

Los argumentos de Puigdemont

"Lo puedo asumir todo menos muertos en la calle"

En la reunión también hablan Miquel Buch, presidente de la Asociación Catalana de Municipios, y Oriol Soler, jefe de campaña de Junts pel Sí y uno de los miembros de peso del sanedrín, con reproches que indignan a algunos miembros del ejecutivo:

-Es obvio que el Govern no tiene ningún tipo de complicidad internacional ni ha contado con ninguna estructura de estado que permita que una eventual declaración de independencia tenga ninguna consecuencia práctica. Consiguientemente, convocar elecciones puede ser razonable.

Soler tenía que ser el encargado de elaborar el argumentario de la convocatoria electoral. La alusión a las estructuras de estado influye. Pero lo que acaba teniendo más peso en el adelanto electoral es la posibilidad de violencia en la calle. Puigdemont hace un relato muy crudo de lo que puede pasar, y pronuncia una frase que a muchos se les queda grabada:

-Lo puedo asumir todo menos muertos en la calle.

El ‘president’ alerta de la presencia militar en el cuartel de Sant Climent Sescebes, y afirma que están llegando más dotaciones. La advertencia la corrobora el defensor del pueblo catalán, que entra en la reunión dos horas después de que empezase. Viene de Madrid, donde, a parte de comer con el defensor del pueblo español, ha tenido varios contactos y coincide con el miedo del ‘president’. Las fuentes discrepan sobre las palabras exactas de Ribó. Algunos le atribuyen expresiones duras, tales como "Os aplastarán, habrá un baño de sangre" y "Esta vez no vendrán con pelotas de goma". Pero Ribó desmiente que se refiriese de manera tan explícita a la violencia y afirma que solo habló de "reacción contundente". Lo que es evidente es que la afirmación afecta profundamente a muchos de los presentes, que ven confirmados los rumores de una posible acción militar del Estado.

Ribó también traslada un mensaje de Jordi Sànchez, a quien ha visitado en la cárcel de Soto del Real y que le ha dado un mensaje para la reunión: la cárcel no sirve para nada; hay que mantener las instituciones, y convocar elecciones. El mensaje no es bien recibido por los partidarios de la DUI, que critican al expresidente de la ANC.

Ante las discrepancias de ERC, Puigdemont les hace una oferta: él renunciará y Junqueras asumirá la presidencia y se encargará de proclamar la independencia. La opción se descarta y el ‘vicepresident’, poco activo en el encuentro, insiste en que ERC respetará la decisión a pesar de no compartirla. Pocos minutos después de las dos de la madrugada, interpela a Puigdemont:

-Pues si lo tienes que hacer, hazlo pronto. Convoca elecciones ahora mismo.

Santi Vila piensa en la estética:

-En los países serios no se convocan elecciones de madrugada.

Algunas fuentes apuntan que Vila, que ha explicado esta frase con posterioridad, no la expuso en estos términos. Ya sea un recuerdo edulcorado o una cita textual, el caso es que el trámite se aparca hasta el día siguiente. Todo el mundo da por hecho que habrá elecciones. Solo queda el compromiso explícito de Madrid de no aplicar el 155.

El mensaje de Vila a Urkullu

"Esta vez Madrid no puede equivocarse"

Pero los partidarios de los comicios cantan victoria: los negociadores se intercambian mensajes, como el que Puigdemont envía a uno de los mediadores:

-Mañana por la mañana seguramente convocaré elecciones.

Vila se lo comunica al lehendakari:

-Acabamos de acordar convocar elecciones autonómicas. Esto tiene que ser correspondido con la no aplicación del 155. Mañana intentarán contrastar este escenario a través de ti. Esta vez Madrid no puede equivocarse. Buenas noches.

Jueves 26

Urkullu responde a las seis de la mañana asegurando que todo va según lo previsto. O casi. Expone que hay un compromiso para frenar el 155, pero no queda claro cómo se concreta. No está por escrito, un aspecto que se revelará decisivo en las próximas horas. La noticia de la marcha atrás y el adelanto electoral aún no ha trascendido a la prensa, ni a la mayoría del Parlament. Los diputados de Junts pel Sí se despiertan con un mensaje de Lluís Corominas, que los cita en el Palau de la Generalitat a las 10.30 h. Puigdemont reúne una hora antes al consejo ejecutivo, un paso necesario para convocar elecciones. El decreto ya está escrito, y es muy similar al de cualquier convocatoria autonómica.

El ‘president’ habla con los mediadores para insistir en que, antes de anunciarlo, necesita el compromiso de que no habrá 155. Manda un mensaje a Iñigo Urkullu, uno de los muchos que se intercambiarán esa mañana, recogidos por el periodista Enric Juliana en ‘La Vanguardia’.

-Convocaré.

El verbo va acompañado de una promesa: lo haría haciendo explícito que acataba la ley orgánica de régimen electoral general. Desde la Moncloa se insistía en que los comicios no podían llevar a sorpresas, y que todo el mundo tenía que dejar claro que eran autonómicos. Puigdemont comunica lo mismo a varios mediadores.

A esa hora, justo antes de que tenga lugar el encuentro de los diputados, se producen reuniones simultáneas. ERC concentra a sus diputados para pedirles calma ante el inminente anuncio que se producirá. En Estrasburgo, Fisas se reúne con Ernest Urtasun (ICV), Javi López (PSC) y Francesc Gambús (Unión) para ponerlos al día y celebrar el freno a la DUI. Pero nada está cerrado.

Inquieto por la falta de respuesta de Madrid, Puigdemont llama a Miquel Iceta a las 10 de la mañana. Le pide si puede hacer gestiones para tener garantías por escrito de que si adelanta los comicios no aplicarán el 155. El dirigente socialista se activa en tres frentes. Habla con Soraya Sáenz de Santamaría, con quien ha tenido un contacto permanente; se coordina con el PNV, a través de Andoni Ortuzar, y mueve hilos en el PSOE para redactar una enmienda a la aplicación del 155 que especifique que la intervención autonómica cae si hay elecciones.

La reunión del Govern acaba con la convicción de que todo sigue según lo previsto. Anticipándose a lo que después sería la reacción furibunda de un sector del independentismo, Meritxell Borràs escribe un tuit que no se entenderá hasta minutos más tarde.

-El compromiso se demuestra con los hechos. Ayer, hoy y siempre, al lado del ‘president’.

Borràs es de las pocas que le muestran un apoyo inequívoco en esos momentos. Puigdemont tiene el aval mayoritario del Govern, ha conseguido controlar el de los cabecillas del Procés y ahora le queda convencer a los diputados que lo hicieron ‘president’. La reunión se celebra en el auditorio del Palau de la Generalitat, una sala oscura, de butacas rojas, con una palestra donde está la mesa presidencial. Allí se sienta Puigdemont. A su lado, Oriol Junqueras. En la primera fila, el resto de miembros del Govern. Detrás, unos diputados que el día antes habían dejado claro que querían la DUI y que ahora no están dispuestos a ceder.

"Salid al balcón a decir que dimitís por incompetencia"

Puigdemont recibe presiones del PDECat y ERC

Puigdemont repite los argumentos del día anterior, y se encuentra con una reacción mayoritariamente contraria. Una de los que toman la palabra es la presidenta del Parlament, Carme Forcadell. Ella tiene que abrir el pleno convocado para la tarde para debatir sobre la aplicación del artículo 155, la sesión que la mayoría puede aprovechar para proclamar la independencia. La expresidenta del ANC le pide si las cuatro condiciones previstas inicialmente se cumplirán, y la respuesta es que solo una: la retirada del 155.

-¿Por qué, ‘president’? -implora Forcadell.

-Porque no tenemos estructuras de estado, ni el control de los Mossos, ni ningún apoyo internacional- responde Puigdemont.

Antoni Castellà, líder de Demòcrates, estalla:

-No te lo he podido decir en privado, porque nos habéis excluido del estado mayor del Procés, así que te lo diré en público. Aquí no se trata de convocar elecciones, sino de salir al balcón y decirle a la gente que dimites por incompetencia -y añade, señalando a Puigdemont y Junqueras-: que dimitís por incompetencia.

La resistencia es alta, también interna. Lluís Corominas hace una intervención vehemente defendiendo la proclamación de la independencia. Diputados convergentes como Albert Batalla, Jordi Cuminal y Joan Ramon Casals se suman a él. Neus Lloveras, presidenta de la Asociación de Municipios por la Independencia y también diputada, interviene para decir que no entiende la decisión. La dureza también llega de ERC, donde, además de Forcadell, Marta Rovira repite reproches y acusa al ‘president’ de no querer llegar hasta el final. Anna Simó aporta otra crítica:

-No puedes tomar una decisión así en solitario.

-Soy el ‘president’- la corta tajante Puigdemont.

La tensión es evidente. Algunas fuentes hablan de gritos, incluso llantos. Los diputados van comunicando el resultado a compañeros de partido, y la noticia salta a los medios, que hace rato que hacen guardia en la puerta. Twitter empieza a llenarse de mensajes en contra del ‘president’. Una manifestación de estudiantes que se había concentrado en la plaza Universitat para protestar contra el 155 cambia el rumbo: se dirige a la plaza Sant Jaume, donde está la Generalitat, y sube de volumen: "Puigdemont, traidor". En el otro lado de la balanza, la bolsa da un salto en positivo.

Dentro de la sala, el ‘president’ tiene algunos apoyos. Montserrat Candini u Oriol Amat -la primera, del PDECat, y el segundo, un independiente propuesto por este partido- lo apoyan. También Irene Rigau, en una escena narrada por Vila que revela hasta qué punto los nervios están a flor de piel, y la relación entre Junqueras y Puigdemont, deteriorada.

-Tenemos que apoyar al ‘president’ -exige Rigau, partidaria de convocar elecciones "sin dudas ni dilaciones". Pero añade que la situación requiere "auténticos hombres de estado". Una apelación que ofende a Junqueras, que le pide que no le falte al respeto. Puigdemont salta contra su ‘vicepresident’, al que acusa indirectamente de atizar la reacción contra él.

-Lo que es una auténtica falta de respeto son las acusaciones de cobarde y traidor que algunos esparcen por las calles.

"Los de Convergència nos han vuelto a joder"

Los republicanos abandonan abruptamente la reunión de la Generalitat

La reunión dura poco más de una hora. A las once y veinte, los primeros diputados de ERC salen de la Generalitat por la calle Sant Sever. Las caras son muy graves, y nadie quiere atender a los medios. Solo el independiente Eduardo Reyes, expresidente de Súmate y uno de los parlamentarios más heterodoxos, hace una breve declaración en la que asegura que la decisión no es firme. Pero, alejados de los micrófonos, todos los republicanos dan por perdida la declaración de independencia. Algunos, al explicarlo, derraman lágrimas.

-Los de Convergència nos han vuelto a joder. Dos años avisando de que se echarían atrás y nos decían que no pasaría. Ha pasado, nos han jodido -se queja a la salida un diputado republicano.

Gabriel Rufián, siempre hábil lanzando dardos en Twitter, lo resume en un mensaje que cae como una losa sobre todos los partidarios de convocar elecciones: "155 monedas de plata".

Poco después, y lo sigue manteniendo, el republicano dirá que se refería al PP y el PSOE y sus intenciones en el Senado. Nadie lo entiende así, ni entonces, ni ahora. La CUP, que no ha sido invitada a la reunión pero que ya había sido advertida de las intenciones de Puigdemont, también estalla. Carles Riera, por aquel entonces diputado raso, afirma que el paso que quiere dar el ‘president’ sería "una deslealtad al pueblo". A los reproches públicos se suman algunos de los que habían alzado la voz durante la reunión, como Batalla y Cuminal, que anuncian por Twitter que abandonan el Parlament y el partido. Ambos en los mismos términos: respetan la decisión pero no la comparten. Otros dirigentes del PDECat, e incluso miembros del Govern, también tienen el móvil en la mano y están tentados de escribir. Pero no lo acabarán haciendo.

La rabia de los partidarios de la DUI contrasta con la alegría de los que llevaban días negociando en la sombra para conseguir ese paso. En Estrasburgo, los eurodiputados reunidos por Fisas siguen la reunión por la radio. Núria Marín va informando a Pedro Sánchez durante toda la mañana. En Vitoria, el lehendakari recibe un mensaje de Santi Vila.

-Me parece que lo hemos conseguido. Nunca te podremos agradecer lo suficiente lo que has hecho por Cataluña. ¡Doy gracias a Dios por tu intervención!

-Estoy emocionado por ti, por Marta [se refiere a Pascal, según Vila], por Cataluña. Sigo estando a vuestra disposición.

Puigdemont convoca a la prensa a las 13.30 h para hacer una declaración institucional. Se siente traicionado por ERC, que el día anterior había insistido en que respetarían la decisión. Los republicanos ya han marcado distancias con la salida en tromba de los diputados. Ahora falta el próximo paso para hacer más énfasis en ello. El partido reúne a su ejecutiva, a sus diputados y representantes del consejo nacional, que se añaden improvisadamente a su sala de prensa. Hay diferentes propuestas sobre la mesa, pero ninguna fructifica. Una de las ideas que se plantean es salir del Govern de manera inmediata. Aunque no hay consenso ni se vota, el partido explica a varios medios que si Puigdemont no cambia de idea los republicanos se irán del ejecutivo.

Tres declaraciones clave antes del giro

Albiol, Barreiro y Arenas aseguran que se aplicará igualmente el 155

En la plaza Sant Jaume la temperatura sube. Los manifestantes aumentan, y un grupo ha decidido mostrar su rechazo también ante la sede del PDECat. Dentro de la Generalitat, la inquietud crece. Más allá de los mensajes públicos, los dirigentes de ERC insisten a Puigdemont en que la Moncloa no le ha dado las garantías suficientes. Dos pesos pesados del Govern y del partido, Jordi Turull y Josep Rull, se acercan al despacho de Puigdemont para pedirle que no se eche atrás. Pero el ‘president’ sigue resistiendo las presiones políticas y de la calle, y prepara una intervención en la que debe explicar a los dos millones de personas que 25 días antes se habían jugado la cara para votar que no proclamará la independencia y convocará elecciones.

Puigdemont cita a la prensa a la una y media. Pocos minutos antes, el Palau de la Generalitat abre las puertas a los periodistas y los sitúa en la galería gótica, donde se suelen hacer los anuncios más solemnes. En paralelo, en Madrid los senadores entran en la comisión de la cámara alta que discute sobre la intervención autonómica. Tres dirigentes del PP atienden simultáneamente a los medios. Y el mensaje es el mismo: Xavier García Albiol, el portavoz del PP en el Senado José Manuel Barreiro y el dirigente popular Javier Arenas avisan de que no habrá contrapartidas:

-Independientemente de otros factores, el Senado seguirá con los encargos que tiene previstos -dice Albiol.

-Un posible anuncio de elecciones no implica que se resuelva la parte fundamental que ha dado lugar al 155, que es el restablecimiento de la legalidad -añade Barreiro.

-Hay un problema de restablecimiento de la legalidad constitucional y estatutaria -asegura Arenas.

Iceta lo sigue por televisión, y tiene ganas de descargar su rabia contra el aparato. Pocos minutos después, lo llama el ‘president’. Puigdemont suspende una hora la rueda de prensa y exige a los mediadores que dediquen ese tiempo a hacer que las famosas garantías por escrito lleguen: Urkullu e Iceta empiezan una hora de llamadas frenéticas.

Iceta y Urkullu hacen el último intento desesperado

"No lo he podido conseguir"

La respuesta que reciben de la Moncloa no es la que desea Puigdemont. El gobierno de Mariano Rajoy no se fía del presidente catalán. Quiere escuchar su comparecencia y, en todo caso, decidir después. Legalmente, argumentan que la tramitación en el Senado no se puede paralizar, pero añaden que si Puigdemont demuestra que cumplirá con su palabra, el ejecutivo puede decidir no aplicarlo una vez superado el trámite parlamentario. La realidad es que no están seguros de que en su convocatoria de elecciones Puigdemont no haga alusiones que puedan interpretarse como un deseo para seguir adelante con el Procés. El decreto, sobre la mesa presidencial, no hace ninguna de esas alusiones, pero no verá nunca la luz. Poco antes de las dos y media, hora de la segunda convocatoria del ‘president’, Urkullu e Iceta responden sobre las gestiones. Las palabras del dirigente socialista resumen el fracaso de ambos.

-No lo he podido conseguir.

Puigdemont estalla en su despacho. Está dando el giro. Meses más tarde, unos lo atribuyen a la falta de garantías del PP, otros a la presión de ERC, del PDECat y de los manifestantes. El cóctel está empezando a hacer efecto, y a Puigdemont se le oye gritar:

-¡Nos joderán! ¡Nos volverán a joder!

Puigdemont envía mensajes a diferentes mediadores explicitando que no tiene garantías y que no convocará. Y cita a la plana mayor del PDECat y a algunos miembros del Govern en la Casa dels Canonges, la residencia oficial anexa a la Generalitat. Allí están Marta Pascal, David Bonvehí, Artur Mas, Elsa Artadi, Turull, Rull y Corominas. También el secretario del Govern, Víctor Cullell, y Josep Rius, el jefe de gabinete del ‘president’. Poco antes de las cuatro, hace llamar a Oriol Junqueras. El jefe de gabinete del líder republicano le pasa el teléfono, en la sede de ERC. Junqueras escucha y avisa a Marta Rovira.

-Vete a saber qué han decidido. Acompáñame.

"Marta, llama a Ana Gabriel. Haremos el pleno"

Mas no puede convencer a Puigdemont para que cambie de idea

Rovira y Junqueras acceden a la Casa dels Canonges y suben por el ascensor privado hasta la sala, donde los esperan los dirigentes del PDECat. Puigdemont se levanta del sofá y les da la noticia:

-Celebraremos el pleno.

El Parlament estaba convocado a las 18 h con la idea de incorporar la propuesta para la independencia, pero horas antes Puigdemont ya había pedido a Forcadell que lo desconvocara. Rovira no se lo cree.

-¿Cómo que celebraremos el pleno?

-Celebraremos el pleno -insiste Puigdemont.

-¿Te han dado alguna garantía?

-No. Celebraremos el pleno- repite el ‘president’, que ordena a Rovira que avise a la CUP-: Marta, llama a Anna Gabriel para decirle que celebraremos el pleno.

Puigdemont sale de la sala. Dentro, Artur Mas habla con Junqueras y le explica que no hay manera de convencerle de que vuelva al escenario electoral. Rovira no ve claro celebrar el pleno, convocado para pocos minutos después: ni siquiera saben dónde están los diputados. De hecho, Corominas y ella comienzan a llamarlos, y algunos ya se han ido de Barcelona, indignados por la marcha atrás. Avisan a Carme Forcadell, que abandona la sede de ERC y se dirige a la cámara catalana. En Madrid, ajenos aún al giro, el PP advierte al PSOE de que no aceptará su enmienda para detener la DUI si Puigdemont convoca elecciones porque no se garantiza el retorno a la normalidad.

A las cinco, tres horas y media después de lo previsto inicialmente, Puigdemont hace una breve intervención en la galería gótica:

-En estas últimas horas, antes de que expire mi potestad para convocar elecciones al Parlament como resultado de la entrada en vigor de las medidas propuestas por el gobierno español en aplicación del 155, he considerado la posibilidad de ejercerla y convocar elecciones. Es mi potestad y diversa gente me ha interpelado estos días sobre si pensaba ejercerla o no [...]. He estado dispuesto a convocar estas elecciones siempre que se dieran unas garantías que permitieran su celebración con absoluta normalidad. No existe ninguna de estas garantías que justifiquen hoy la convocatoria de elecciones al Parlament.

Se consuma el giro de 360 grados: de la DUI a la DUI pasando por unas elecciones que se descartan. Entre el independentismo, la figura de Puigdemont vuelve a valorarse. En Madrid, la aplicación del 155 sigue sin obstáculos en la comisión del Senado, donde comparece Soraya Sáenz de Santamaría con la dureza habitual, justificando el 155 para "proteger" el autogobierno de Cataluña. Fisas, el mediador de Bruselas, y el resto de eurodiputados se enteran en pleno vuelo, de casualidad, porque José Blanco no ha puesto el móvil en modo avión y recibe el mensaje: habrá DUI.

Los manifestantes de la plaza Sant Jaume se trasladan al Parlament, ahora en un tono más festivo tras la rabia de la mañana. Forcadell ha reconvocado el pleno a las 18 h, una sesión que muchos daban por hecho que no se haría y que se produce en un ambiente enrarecido por la tensión de las horas -y los días- previos. Puigdemont renuncia a hablar, aunque antes de iniciarse el pleno había estado valorando que dirigiera unas palabras. Forcadell lo hace evidente ante las cámaras:

-¿Habrá intervención por parte del Govern?

El ‘president’ le responde que no. La pregunta lo disgusta, había quedado suficientemente claro que no tiene intención de participar. Forcadell también pone de manifiesto su desaprobación con un gesto que recogen las cámaras. El pleno dura tres horas, e Iceta insiste desde el atril en que hay tiempo para evitar la colisión. Pero el destino ya está marcado. Forcadell suspende el pleno y da tiempo hasta las 10 de la mañana para presentar las propuestas de resolución. Una de ellas, la declaración de independencia.

Cuando termina la sesión, el líder del PSC se reúne diez minutos con Puigdemont para insistir. Nada que hacer. Lo intentan otros mediadores, y la respuesta siempre es la misma, la que otros mediadores escucharán las siguientes horas. "Sin Esquerra no se puede hacer. Hay que convencer a Esquerra". Santi Vila tira la toalla y dimite. Pocos minutos antes de las diez, lo hace público por Twitter.

-Dimito. Mis intentos de diálogo nuevamente han fracasado. Espero haber sido útil hasta el último minuto al ‘president’ Puigdemont y a los catalanes.

La última dimisión del día, y la única que fue realidad: los partidarios de convocar elecciones pierden la batalla. La DUI se votará la mañana siguiente.

Viernes 27

"Artículo único. El señor Santiago Vila y Vicente cesa, a petición propia, como 'conseller' de Empresa y Conocimiento, y se le agradecen los servicios prestados". La jornada empieza con esta lacónica referencia a los hechos del día anterior en el ‘Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya’, la frialdad de un trámite que había representado la guinda de un día agitado. Vendría otra jornada maratoniana. Si el jueves el futuro bailaba entre elecciones o DUI, el viernes 27 de octubre la dicotomía era entre una mayoría en el Parlament que reclamaba que Cataluña era una República independiente y una mayoría en el Senado que decidía que ya no era ni una autonomía.

Varias reuniones de la mañana acaban de definir el rumbo del pleno del mediodía y de las horas siguientes.

El Govern se reúne a primera hora, ya sin Santi Vila, para discutir sobre la aplicación del 155. Una muestra de hasta qué punto nada está preparado, como había explicado Puigdemont el día anterior, es que en el encuentro aborda pocos aspectos de la declaración de independencia y, en cambio, se pone sobre la mesa la opción de que los 'consellers' dimitan. El ‘president’ es partidario de ello y lo plantea como una forma de evitar la humillación de que lo haga Rajoy con el 155. La idea se descarta rápidamente, argumentando que Puigdemont solo podrá defender la legitimidad de su cargo si no renuncia a él. Sí que decidirán, como plasmará el DOGC después, destituir a cinco altos cargos (secretarios y directores generales) que lo habían pedido.

"Hablad con el ‘vicepresident’"

Los últimos intentos de mediación fracasan

Con la DUI en el orden del día del Parlament y el 155 en el del Senado, la mayoría de mediadores ya lo dan todo por perdido, pero hay intentos desesperados para que se dé la vuelta a la tortilla. Uno de estos lo hacen los empresarios que habían forjado el frente con Iñigo Urkullu. Marian Puig y Emili Cuatrecasas hablan con el ‘president’. Inicialmente Puigdemont les da largas. Se esperan desayunando cerca del Palau de la Generalitat. Finalmente los atiende, pero se los quita de encima rápidamente insistiendo en que tienen que cambiar el posicionamiento de ERC:

-Hablad con el ‘vicepresident’. Es a él a quien hay que convencer.

La reunión de los empresarios con Junqueras es muy tensa, según narra el periodista Oriol March en ‘Los entresijos del Procés’. Reclaman al ‘vicepresident’ que se detenga la DUI argumentando que el país sufrirá las consecuencias. Junqueras les responde airado:

-A vosotros el país no os importa para nada.

Y dispara una batería de argumentos, entre los que incluye el reproche a los empresarios por no haber alzado la voz durante la crisis, cuando el Govern recortaba en políticas sociales.

-¿Dónde estabais en ese momento? -les espeta, y los echa-. No tengo nada más que hablar con vosotros.

Mientras todo esto ocurre, Rajoy ya está en el Senado para justificar ante el pleno la aplicación del 155:

-La situación es excepcional y con consecuencias muy graves para muchas personas. En Cataluña se ha pretendido, y de hecho se ha hecho, ignorar las leyes, la Constitución y el Estatuto: desconocerlas, derogarlas, incumplirlas. Cualquier término es válido.

El presidente español habla durante tres cuartos de hora. El PP está envalentonado, y la bancada estalla en una ovación cuando Rajoy anuncia la medida más drástica: el cese de todo el Govern. "No pueden tener este ánimo de revancha y venganza", les reprocha, en el turno de réplica, el senador de Podemos Ramón Espinar.

En Cataluña llegan las noticias del Senado mientras miles de ciudadanos van llenando los alrededores del Parc de la Ciutadella. Muchos ya estaban ahí el día 10, cuando Puigdemont declaró la independencia y la suspendió en diez segundos. Hoy, después de los sobresaltos de la jornada en la que todo estuvo a punto de detenerse definitivamente, están esperanzados.

La ilusión de los ciudadanos que esperan la República contrasta con la preocupación del Govern y la mayoría parlamentaria: están cumpliendo el mandato del 1 de octubre pero no podrán evitar la suspensión de la autonomía y temen las consecuencias penales para todos los dirigentes y diputados independentistas. Muchos en el Govern son conscientes de que se arriesgan a ir a la cárcel, y en el grupo parlamentario también los hay que ven a los diputados en peligro.

"Señor Carrizosa, ¿por qué me pide la palabra?"

El pleno definitivo comienza con reproches y alboroto en los pasillos

En los despachos de Junts pel Sí hay un debate intenso sobre el método de votación. Hay quien defiende que sea voto secreto en urna. Otros quieren que se haga a cara descubierta. Una de las más insistentes en reclamar el voto secreto es Irene Rigau. La ‘exconsellera’ insiste en que las personas señaladas por la justicia -ya había sido condenada por el TSJC por desobediencia- no pueden volvérsela a jugar. Los que son partidarios de hacerlo a cara descubierta argumentan que no se fían de que, con voto secreto, todos terminen avalando la propuesta. Finalmente se decide que se hará así: la CUP y el sector soberanista de los ‘comuns’ acceden a ello. Se acuerda que el diputado Roger Torrent pedirá la lectura del punto en el que se declara la independencia.

La encargada de leerla será Carme Forcadell. Ella, que el día anterior ya había mostrado sus discrepancias con el ‘president’ y ya tiene varios requerimientos del Constitucional, no lo entiende y plantea que debería hacerlo el presidente del Govern. Sus intentos son en vano, y cuando convoca la mesa del Parlament ya sabe que será la protagonista del momento. La reunión del órgano que regula el funcionamiento de la cámara mantiene la tensión que estalló el 6 de septiembre. Forcadell sostiene una acalorada discusión con la oposición, especialmente con Ciudadanos. También con el letrado mayor, a quien niega la palabra alegando que la única persona que la puede interpelar es el secretario general del Parlament. Antes de que termine la reunión, Anna Simó, secretaria primera de la mesa, pide que conste en acta que las propuestas de resolución no tienen efectos jurídicos. Finalmente, a pesar de los avisos de los letrados, se mantiene la declaración. Las propuestas de reconsideración que el PSC, el PP y Ciudadanos presentan acabarán en nada.

Desde la reunión de la mesa se oye el alboroto de los 700 alcaldes que van entrando en el Parlament, agitando el ambiente con más intensidad que en cualquiera de los otros plenos bautizados como días históricos. Entran con la vara en la mano y entre gritos de apoyo de la gente, al igual que Puigdemont, que a esa hora sale del Palau de la Generalitat. En los pasillos de la cámara Torrent atiende a la prensa para detallar los principales elementos de la propuesta de resolución, haciendo énfasis en lo mismo en que insistía Simó: que la declaración está en el preámbulo, lo que la deja sin efectos jurídicos. Cuando pasan 20 minutos de la una, y mientras en el Senado continúa el debate -es el turno de Jon Iñarritu, de Bildu-, suenan los timbres que avisan de que el pleno está a punto de empezar.

La sesión se inicia con lo que ya es un clásico de la legislatura.

-Señor Carrizosa, ¿por qué me pide la palabra?

A Forcadell se le escapa la sonrisa cuando lo dice, fruto de los nervios. El diputado de Ciudadanos lamenta que los alcaldes griten consignas en la sala de actos y afirma que se sienten "coaccionados" por los invitados de la mayoría independentista. La presidenta asegura que han pedido respeto por la sesión. Alejandro Fernández, del PP, también critica la presencia de los alcaldes. En la calle, donde casi 10.000 personas se llegan a concentrar para seguir el pleno, se increpa a los dos diputados.

Carrizosa y Eva Granados, del PSC, son los primeros en intervenir. Los discursos, con matices, son similares: la mayoría independentista está a punto de llevar a Cataluña a la rotura. La socialista apunta, eso sí, que "nadie" quiere el 155 y que su aplicación es culpa del Govern. Marta Ribas, de Cataluña Sí que es Pot, reparte los reproches entre Junts pel Sí y la CUP y el ejecutivo español. Los dardos unidireccionales vuelven cuando habla Alejandro Fernández, que critica al soberanismo por, según dice, calificar de "fachas" a todos sus detractores. Incluso hace burla de Puigdemont por la situación vivida el día anterior:

-Una pregunta, señor Puigdemont: ¿hay alguien en el planeta Tierra a excepción de ustedes y el señor Nicolás Maduro que no sea facha, uno al menos? De hecho, ¡usted ayer fue durante tres horas facha, y ‘botifler’!

La referencia a Venezuela, otro clásico de la legislatura para denunciar la influencia de la CUP, no podía faltar en el pleno definitivo. Puigdemont lo mira y niega con la cabeza mientras los diputados del PP y algunos de Ciudadanos aplauden a Fernández. El ‘president’ no intervendrá en ningún momento en el hemiciclo.

"Constituimos la República Catalana"

El Parlament, con medio hemiciclo vacío, declara la independencia

Los encargados de defender la propuesta de resolución son Carles Riera, por la CUP, y Rovira, por Junts pel Sí, ambos ovacionados en la calle. En medio, una rareza de la legislatura: el diputado no adscrito Germà Gordó, apartado de Junts pel Sí por corrupción, también tiene su momento de gloria en el pleno y anuncia que votará ‘sí’. El debate termina con una breve intervención de los líderes de todos los grupos.

Cuando quedan pocos minutos para las tres de la tarde, las propuestas de la oposición quedan rechazadas y se procede a la votación de la de Junts pel Sí y la CUP. Los diputados del PSC, el PP y Ciudadanos abandonan los escaños entre vivas a España y Cataluña.

La mitad derecha del hemiciclo queda decorada con banderas españolas y catalanas, mientras Anna Gabriel y Lluís Corominas justifican la demanda de votación secreta. Tras unos segundos de expectativa -se tiene que buscar la urna-, Forcadell lee la declaración de independencia. Pasan tres minutos de las tres de la tarde:

-Nosotros, representantes democráticos del pueblo de Cataluña, en el libre ejercicio del derecho de autodeterminación de acuerdo con el mandato recibido de la ciudadanía de Cataluña, constituimos la República Catalana como estado independiente y soberano de derecho, democrático y social.

La propuesta incluye la promesa de aplicar la ley de transitoriedad jurídica y el inicio del proceso constituyente. Pero también la demanda de una negociación con el estado español y la referencia a instancias internacionales para que tutelen las conversaciones, poniendo énfasis en el europeísmo de Cataluña. Ninguno de los cuatro elementos se ha cumplido seis meses después, pero en ese momento el estallido de alegría en las calles es el de una República a punto de proclamarse.

El trámite del voto se alarga hasta veinte minutos. Uno a uno, los diputados van depositando un papel en la urna. La primera en hacerlo es Jéssica Albiach, de CSQP, que enseña claramente su voto: "No". Los diputados independentistas no lo muestran. Coscubiela, también de CSQP, lo hace bien visible a las cámaras, un gesto que repite Lluís Rabell. Albano Dante Fachin, del mismo grupo, se les encara cuando le toca votar. ¿Por qué? Los diputados creen que si la justicia no puede saber qué opción votaron, podrán librarse de ella. Por eso se hace el voto secreto. En cambio, si los que votan ‘no’ lo enseñan claramente, será más difícil justificar que en la urna hay tres opciones. La propuesta de resolución queda aprobada por 70 votos a favor, 10 en contra y dos votos en blanco. Los números no cuadran, porque significa que dos parlamentarios independentistas no han votado. El momento lo tapa todo.

A las 15:25 el Parlament proclama Cataluña como una República independiente. En la calle hay un estallido de alegría contenido durante 25 días de rabia por la represión, decepción por la suspensión inicial de la declaración y desasosiego por las dudas del último día. Los diputados aplauden y cantan ‘Els segadors’. En los pasillos se abrazan con alcaldes e invitados. Algunos lloran de emoción, se oyen gritos y hay euforia en casi todos los rincones. Excepto en el centro: los miembros del Govern mantienen un rictus grave. Es la última vez que se les verá a todos juntos.

"Se acercan horas en las que nos tocará mantener el pulso"

La última imagen del Govern en pleno, en la escalinata del Parlament

Puigdemont y Junqueras se dirigen a los diputados, alcaldes e invitados en un acto en la escalinata del Parlament que presenta la actriz Sílvia Bel. El ‘president’, mudo desde la declaración en la que volvía a la DUI, no tiene previsto hablar en un primer momento, pero finalmente recapacita y hace un discurso ante una bandera de la ONU y otra que reclama la libertad de los Jordis. En el Senado se está votando el 155 en ese momento.

La primera en hablar en el acto en la escalinata del Parlament es Dolors Sabater, alcaldesa de Badalona, con quien se quiere ejemplificar la transversalidad de un gesto que muchos no ven claro. Después es el turno de Junqueras, que hace un llamamiento al entendimiento con España y celebra el cumplimiento del mandato del 1-O. Cierra los parlamentos Puigdemont:

-Hoy el Parlament ha dado un paso largamente esperado y largamente luchado. La inmensa mayoría de los representantes políticos legítimamente elegidos han culminado un mandato validado en las urnas. Ciudadanos de Cataluña: se acercan horas en las que a todos nos tocará mantener el pulso del país. Mantenerlo en el terreno de la paz, del civismo y de la dignidad [...]. Está en vuestras manos continuar fortaleciendo las bases que hacen de Cataluña no solo una vieja nación de Europa, con una lengua y una cultura y un derecho que duran siglos, sino sobre todo una sociedad que siempre ha respondido pacíficamente y cívicamente a sus grandes retos democráticos. Estos retos se han convertido después en conquistas. Seamos conscientes, y seamos dignos, de ello.

Los invitados se deshacen en aplausos y se vuelve a cantar ‘Els segadors’. El rictus de Puigdemont es serio. También los de Forcadell y Junqueras, que lo flanquean. La mayoría de miembros del Govern tienen cara de circunstancias, cosa que contrasta con la euforia y las lágrimas de emoción de quienes no han participado en la decisión. Un miembro del ejecutivo lo verbaliza así en los pasillos:

-Ahora ya está. A esperar.

"¿Vaya lío, eh?"

Rajoy sorprende convocando elecciones autonómicas para el 21-D

La respuesta es inminente. Instantes antes de iniciarse el acto, el Senado confirma la aplicación del 155 por 214 votos a favor, 47 en contra y una abstención. Rajoy convoca el consejo ejecutivo, mientras empiezan a llover los primeros alineamientos a favor de la unidad de España, empezando por la UE, la OTAN y la OCDE. Ningún país reconoce la República recién declarada, pero en la calle la fiesta continúa y se traslada a la plaza Sant Jaume, donde se alarga hasta la tarde.

El Govern, ampliado con miembros del sanedrín, se reúne en el Palau de la Generalitat justo cuando tiene que comparecer Mariano Rajoy para anunciar el despliegue. Se sugiere encender la televisión, pero según algunas fuentes Puigdemont se niega y las declaraciones del presidente español no se escucharán en la sala.

Poco antes del anuncio, Iceta llama a Soraya Sáenz de Santamaría, y el presidente español quiere ponerse al teléfono.

-Ahora que tenía la economía encauzada, ¿vaya lío, eh? -dice Rajoy al líder socialista.

El tono socarrón no se mantiene en la rueda de prensa. Al contrario, Rajoy es fiel a la gravedad del momento. Y suelta la bomba:

-He disuelto el Parlament, el 21 de diciembre habrá elecciones. Es urgente devolver la voz a los catalanes.

El 155 solo deja libre a TV3. Rajoy destituye al Govern en pleno y a 141 altos cargos y personal de confianza. Algunos de ellos se enteran fuera del Palau de la Generalitat, donde esperan la reunión que está teniendo lugar dentro. La noticia no les sorprende: hace días que se vacían despachos y se preparan cajas. Otros están dentro. Según el testimonio de un alto cargo, incluso tienen sacos de dormir por si se activa lo que se conoce como la operación Castillo: quedarse en el Palau y convocar a los ciudadanos a proteger al ejecutivo. De hecho, a los diputados de JxSí se les ha pedido que lleven una muda por si se tienen que quedar en el Parlament. Pero la cámara ya no les parece el lugar más idóneo para quedarse. Justo antes de ir al Palau de la Generalitat, Toni Comín participa en una reunión de los diputados de ERC en la que recomienda a Anna Simó que se vaya de la cámara inmediatamente -donde los pueden detener- y no duerma en casa.

"Si tenéis que hablar de eso, mejor que nos vayamos"

La reunión en el Palau de la Generalitat tras la declaración

En la Generalitat está casi todo el Govern. Falta Carles Mundó, uno de los 'consellers' más decepcionados con el rumbo que han tomado los acontecimientos. Del Parlament se va directamente a casa, y ni siquiera es citado ahí. Tampoco está Oriol Junqueras, que delega en Marta Rovira. Muchos de los consultados hablan de un ‘vicepresident’ en estado de ‘shock’ durante gran parte del día. Él se excusa en ese momento afirmando que se encuentra mal.

En la reunión están Xavier Vendrell y Oriol Soler. También los representantes de las entidades. Carme Forcadell llega después, aunque no se la ha convocado. El encuentro termina solo con los miembros del ejecutivo. Forcadell se va porque no le gusta lo que escucha. El resto de presentes también abandonan la sala cuando se empieza a plantear la posibilidad del exilio, que defienden con especial énfasis Toni Comín y Clara Ponsatí. En la reunión hay cierta psicosis: alguno de los 'consellers' cree que la policía les detendrá esa misma noche. Cuando sale el tema del exilio, Agustí Alcoberro afirma:

-Si tenéis que hablar de eso, mejor que el resto nos vayamos.

La posibilidad del exilio la tienen todos en la cabeza desde hace días. De hecho, la semana anterior un grupo de dirigentes del PDECat y del entorno de Puigdemont han estado debatiendo qué es mejor, si el exilio o la cárcel. Se exploran diferentes escenarios para el ‘president’, centrados en una dicotomía: puede ser o Mandela o Tarradellas.

El debate iniciado días atrás no se resolverá hasta el fin de semana. En el encuentro del Palau se toman cuatro decisiones. La primera, que ya se había abordado en la reunión de la mañana, es no desplegar los 41 decretos necesarios para impulsar la República. Un trabajo realizado por los departamentos de la Generalitat, en colaboración con los arquitectos legales del Procés, Carles Viver Pi-Sunyer y Josep Maria Reniu, que tienen que quedarse en pura teoría porque no existen las estructuras de estado ni se puede garantizar el control efectivo del territorio para aplicarlos. Rull defiende de todas maneras su aprobación, pero recibe pocos apoyos.

La segunda es no retirar la bandera española del Palau de la Generalitat. Los argumentos que se esgrimen son que el gesto, que ofendería a parte de la población catalana, no puede ser el único símbolo de un consejo ejecutivo que ha presumido durante dos años de tener la voluntad de construir puentes con España y de gobernar a un solo pueblo.

La tercera decisión que se toma es que esa noche nadie duerma en su casa, por motivos de seguridad. No se explicitan las fuentes, pero parece que se podrían haber activado algunos grupos ultras que supondrían un peligro real. En ese momento, por ejemplo, decenas de personas acosan Cataluña Radio.

El cuarto acuerdo, a pesar de haber puesto sobre la mesa el exilio, es que el lunes siguiente todos irán a sus departamentos a las nueve de la mañana. Si pueden, intentarán acceder al Palau de la Generalitat y reunirse durante el día. Y, si no, lo harán en el Parlament, con todos los medios convocados.

Pero el exilio ya está en marcha.

Sábado 28

Cataluña se despierta desconcertada, en un escenario difícil de definir, casi a la carta ideológica: los hay que se despiertan creyendo que viven en una República independiente; otros, en una autonomía intervenida por el gobierno central para recuperar la legalidad. La resaca del día anterior lo enturbia todo, y el futuro es incierto. Nadie sabe cómo continuará el choque. Aparentemente nada ha cambiado en Cataluña desde que se ha proclamado la independencia. Pero todo se mueve: parte del Govern ha cruzado la frontera durante la noche y otros lo están haciendo por la mañana. Algunos no volverán al país.

El ejecutivo ha sido convocado cerca de Prada de Conflent. Se ha hablado la noche anterior, tras establecer que el Palau de la Generalitat en los momentos posteriores a la DUI no era el lugar más adecuado para tomar decisiones. El objetivo es reunirse con tranquilidad, sin el temor a una detención inmediata. El escenario de la prisión sigue presente en muchos 'consellers', mientras en Madrid se madura la querella por rebelión.

Encuentro sin Puigdemont, Junqueras ni Mundó

El ‘vicepresident’ pasa el fin de semana con la familia

La cita es cerca de Prada, un lugar seguro que se les pide que no revelen. Han tenido que dejar los móviles en casa, para no ser localizados en la Cataluña Norte, donde los guían personas que algunos de los altos cargos no conocen. Se dirigen hacia allí nueve 'consellers' y también algunos miembros de la mesa. Puigdemont no se presenta, ni Carme Forcadell. También es baja Carles Mundó, que se ha desentendido de la acción del ejecutivo desde el día anterior. Tampoco está Oriol Junqueras. Ha decidido pasar el fin de semana con la familia, en una casa rural, celebrando el cumpleaños de su hijo Lluc. Cumple cinco años el día 2 y tiene miedo de no poder celebrarlo con los suyos. Todavía sin saberlo, acertará: ese día será citado en la Audiencia Nacional, y desde allí lo llevarán a la cárcel de Estremera, de donde todavía no ha salido.

Consciente de lo que le podría pasar, pasa todo el fin de semana desconectado, y la única señal de vida exterior que da es un artículo publicado en ‘El Punt Avui’ sobre la República y un tuit a media tarde: "Hoy los más convencidos deberán acompañar especialmente a aquellos que tienen dudas e inquietudes. Con serenidad, humildad y respeto. Todos somos y debemos ser conscientes de las dificultades que nos han puesto y nos pondrán. Los grandes retos siempre exigen esfuerzo y perseverancia". No da ninguna pista.

El aislamiento de Junqueras contrasta con la exposición de Puigdemont. El ‘president’ no se presenta en Prada, pero se deja ver en los medios y en la calle. Después de una mañana de calma aparente -solo rota por el cese de Josep Lluís Trapero, en el punto de mira de la Moncloa desde los atentados del 17 de agosto-, Puigdemont anuncia que TV3 emitirá un discurso suyo a las dos y media. Es la última convocatoria que se envía a su lista de distribución oficial, que ese día quedará muda.

Es el enésimo mensaje institucional que el ‘president’ pronuncia desde el 1 de octubre. A falta de planes definidos, Puigdemont ha ido reivindicando el mandato de las urnas y poniendo épica a cada paso incierto desde el Palau de la Generalitat. El 27 de octubre el mensaje se aleja de la pompa gótica: el discurso se pronuncia detrás de un atril de madera con el logo de la institución, una bandera catalana y una bandera europea. De decoración de fondo, la escalinata que da acceso a la Delegación de la Generalitat en Girona.

El mensaje no aclara nada, pero da alguna pista, descorazonadora para los que esperan resultados efectivos de la declaración de independencia. El foco ya no está puesto en la DUI, a la que solo alude brevemente. Tampoco defiende la República. El llamamiento es a resistir el 155:

-Nuestra voluntad es continuar trabajando para cumplir los mandatos democráticos y al mismo tiempo buscar la máxima estabilidad y tranquilidad, entendiendo las dificultades lógicas que conlleva una etapa de esta naturaleza, que nuestro país no ha recorrido nunca, en todo caso nunca antes en los términos en que lo hace ahora. El mensaje que quisiera dirigiros es que tengamos paciencia, perseverancia y perspectiva. Por eso tenemos claro que la mejor manera para defender las conquistas alcanzadas hasta hoy es la oposición democrática a la aplicación del artículo 155.

Que la declaración institucional del 'president' aclara poco, más allá de que la única hoja de ruta parece ya resistir, lo muestra el mensaje que poco después le escribe Miquel Iceta. El socialista está preocupado por un rumor que circula con fuerza durante aquellos días: que el 'president' puede hacer su propia convocatoria electoral, trasladando el choque de legitimidades entre la República y la autonomía suspendida a una cita en las urnas paralela. Los políticos independentistas que no temen por su futuro penal están debatiendo ya si hay que presentarse a las elecciones de Rajoy. Puigdemont lo tiene claro, y responde a Iceta que quiere aprovechar el 21-D para iniciar una nueva etapa.

El ‘president’ sale por televisión mientras come en el restaurante Plaça del Vi, 7, de Girona, con su mujer, la periodista Marcela Topor, y dos parejas de amigos. Uno de ellos es Josep Maria Matamala, en ese momento un desconocido para el público pero ahora omnipresente en el exilio belga y alemán de Puigdemont.

"Esta no es la imagen de un presidente cesado"

Puigdemont recibe el último baño de multitudes en Cataluña

El lugar, céntrico, demuestra que Puigdemont se quiere dejar ver. Las cámaras de La Sexta son las primeras en localizarlo y enseguida se concentran en la puerta decenas de curiosos y periodistas.

El 'president' recibe un baño de multitudes, el último antes de irse de Cataluña para -de momento- no volver. El paseo cuenta con los obstáculos propios de la multitud que lo sigue, que grita eufórica y entre aplausos:

-¡Gracias, 'president'!

-¡Viva la República!

-¡No estás solo!

-¡No desistas!

Cuesta pensar que hace apenas 48 horas un sector del independentismo lo ha vilipendiado y lo ha tachado de "traidor". Ahora, para aquellos mismos que lo criticaban, es un héroe. El 'president' se hace fotos en uno de los puentes del río Onyar, y saluda a los que lo aclaman desde los icónicos balcones de la ciudad. El mensaje que quiere transmitir a los catalanes y al Estado, por si no queda lo suficientemente claro, lo explicita a uno de sus acompañantes:

-Esta no es la imagen de un presidente cesado.

A los periodistas no les dice nada, pero les dedica un gesto, socarrón: señala la placa de la plaza de la Independencia, donde se detiene a tomar un café antes de irse.

Puigdemont pone rumbo a Vilaür, hacia una casa rural donde ha citado a diferentes dirigentes independentistas. Curiosamente, los 'consellers' siguen en Prada, pero las instrucciones se envían desde este municipio del Alt Empordà. El 155 empieza a notarse: Trapero se despide como jefe de los Mossos en una carta en la que emplaza a los agentes a seguir su tarea. "Tenéis que continuar escribiendo el futuro". La de la policía autonómica no es la única competencia amenazada. TV3, salvada del 155 a última hora, recibe el primer aviso del gobierno español porque se ha referido a Carles Puigdemont como ‘president’ de la Generalitat y está cesado.

"Tenemos una oportunidad en Bélgica"

La reunión en la que Puigdemont lo deja caer

El estado mayor del Procés se cita en Vilaür, en un encuentro donde están Oriol Soler, Marta Rovira -que durante el día también pasa por Prada de Conflent-, Sergi Sabrià, David Bonvehí, Agustí Alcoberro -del ANC- y Marcel Mauri y Jordi Bosch -de Òmnium Cultural-. En la cita se debate entre dos escenarios: mantener las actividades del Govern y resistir, o el exilio. El relato que proporcionan la mayoría de los presentes es que Puigdemont pide que se traslade a los 'consellers' que esperan instrucciones en la Cataluña Norte que hagan los actos previstos y que se dejen ver, como ha hecho él. Pero la realidad acabará yendo hacia otro lado, y el ‘president’ lo deja caer.

-Tenemos una oportunidad en Bélgica.

El sábado por la noche se mantienen abiertas las dos posibilidades. Hay quien no ve la opción del exilio. Uno de ellos es Raül Romeva, 'conseller' de Exteriores, al que trasladan esta frase en la reunión de Prada. Romeva tiene claras dos cosas: que Bélgica no dará asilo político y que el mensaje de 'consellers' encerrados en la cárcel es muy potente para el relato internacional. En todo caso, una vez termina la reunión de Vilaür y se les traslada el resultado, Josep Rull vuelve a cruzar la frontera. Los que se quedan esperan: siguen las noticias y cenan allí, a la espera de más instrucciones. Duermen repartidos, algunos en la casa, otros en un hotel. La mayoría esperan que Puigdemont se traslade a la Cataluña Norte la mañana siguiente. El ‘president’, que cena en su casa con unos amigos, tomará otra dirección.

Domingo 29

Puigdemont y el gobierno belga siempre han negado que hubiera contactos para el exilio. Pero el domingo, poco después de las nueve de la mañana, el secretario de estado de Inmigración del país, Theo Francken, abre la puerta a conceder asilo político a Carles Puigdemont. Francken es miembro de los independentistas flamencos del N-VA, el partido que luego facilitará la infraestructura del 'president' y el Govern en el exilio.

-Los catalanes que se sienten políticamente amenazados pueden solicitar asilo en Bélgica. Puigdemont también es uno de ellos. Esto es totalmente legal -tuitea.

¿Una pista? Muy pocos conocen los planes de Puigdemont. De hecho, en Prada la opción de Bélgica es solo una de las que hay sobre la mesa. Si se elige exilio, hay varios países, incluso fuera de la Unión Europea, como Uruguay. Muchos 'consellers' todavía piensan que la elección se acabará decantando por una de las otras posibilidades: presentarse todos en Barcelona el lunes y ofrecer una rueda de prensa. De hecho, algún alto cargo cree que los dos planes son compatibles, y que se exiliarán tras comparecer.

El domingo el único que se deja ver en público es Josep Rull, que preside la celebración del centenario de la llegada del ferrocarril en Sant Cugat. Rull cita a Nelson Mandela. "Un ganador es un soñador que nunca se ha rendido". Sus palabras vienen precedidas y terminan con una larga ovación.

En la Cataluña Norte sigue la reunión, en la que los 'consellers' hablan abiertamente de la opción del exilio. Se habla de diferentes países donde hay posibilidades de éxito: Suiza, Noruega, Bélgica, Uruguay... Entre ellos se produce una conversación que reproduce en una entrevista al ARA, meses más tarde, Comín:

-Quedamos en que la decisión sería personal. Que cada uno evaluara los riesgos que buenamente pudiera. Tomamos el compromiso entre los 'consellers', que recordaré toda la vida, de que respetaríamos por siempre más la decisión que tomara cada uno de nosotros.

Una vez termina el encuentro, Jordi Turull y Raül Romeva bajan al Principado. Aseguran que van a Girona a reunirse con Puigdemont, pero que volverán a Prada. De hecho, dejan ahí la maleta. A pesar de eso, van a Barcelona.

En las calles de la capital, el unionismo se hace escuchar:

-¡Puigdemont, a prisión, Puigdemont, a prisión!

Societat Civil Catalana convoca una marcha a las 12 del mediodía para protestar contra lo que la entidad cree que es un golpe de estado. Hay 300.000 personas. La protesta está secundada por los tres partidos constitucionalistas, que rubrican su unidad contra el independentismo con un ‘selfie’ que marcará la futura campaña electoral, con los candidatos del PSC, el PP y Ciudadanos -Miquel Iceta, Xavier García Albiol e Inés Arrimadas-, el delegado del gobierno español, Enric Millo, y la ministra Dolors Montserrat como protagonistas. Los discursos mantienen la tónica habitual. Críticas al nacionalismo, al independentismo, llamamientos a respetar la ley. El socialista Josep Borrell, tras señalar a medios como el ARA y culparlos de fomentar el odio, exclama:

-Tenemos que extremar el respeto y restablecer el afecto aunque nos cueste.

Y cuesta. La manifestación termina con un grupo de ultras increpando e intentando golpear a los ‘mossos d’esquadra’ que hacen guardia en la Generalitat.

Mientras la marcha discurre por las calles de Barcelona, la operación Bélgica se pone en marcha definitivamente. En Prada hay 'consellers' inquietos por la falta de contacto con Puigdemont. Finalmente llega el mensaje, en la mayoría de casos a través de intermediarios, alguno en persona:

-Todos a Bruselas.

En la Cataluña Norte no todos intuyen que supondrá el exilio definitivo. Pero son conscientes de que la orden de Puigdemont puede comprometerlos personalmente. De hecho, algunos consultan a sus abogados por si les puede traer problemas cuando se presente la querella. Comín ve clara la opción belga y comparte un informe de Gonzalo Boye que la describe como la mejor opción para la extradición. Todos cogen el coche camino a Bruselas.

La maniobra para camuflar a Puigdemont

La operación Bruselas ya está en marcha

Puigdemont está a punto de salir de casa. Uno de los sargentos de los Mossos llega con un coche de la flota oficial hasta la residencia del 'president', en Sant Julià de Ramis. La maniobra para conseguir que Puigdemont se vaya sin levantar sospechas es descrita meses más tarde primero por Pedro Águeda, en ‘Eldiario.es’, y después por Mayka Navarro, en ‘La Vanguardia’.

El sargento no formaba parte del equipo de escoltas del ‘president’, pero cuenta con su confianza. Según Navarro, Puigdemont lo había citado el día antes para preguntarle si estaría dispuesto a ayudarlo a salir del país discretamente, sin que ni siquiera todo su equipo de escoltas se enterara. El domingo lo llama para activar la misión, y el sargento lo encuentra acompañado de su mujer y Jami Matamala.

El encargado de la misión requiere ayuda, y piensa en un miembro de la Brigada Móvil, a quien va a buscar a Llinars del Vallès. Antes, pasa por casa a dejar el arma reglamentaria. Son las seis de la tarde, y en la casa de Llinars se celebra una fiesta en la que hay diferentes agentes. El responsable del operativo de Bruselas hace un aparte con su compañero y otro ‘mosso’ presente en la comida, también del área de escoltas. Sin dar más pistas, les pide que lo acompañen con un vehículo particular.

Mientras tanto, Puigdemont se está despidiendo de su mujer y sus hijas. El sargento deja a sus dos compañeros en la entrada de la urbanización donde vive el 'president' y se dirige a la casa con el coche de la Generalitat. Pide entrar al garaje para dejar unas cajas con documentos. A los pocos minutos, Puigdemont sale, tumbado en el asiento trasero. Los escoltas asegurarán después, ante Asuntos Internos, que no ven nada. Ya es oscuro y no sospechan que el 'president' puede estar saliendo de casa.

El vehículo llega hasta el lugar donde lo esperan los dos agentes con el coche particular. Allí intercambian los vehículos, y Puigdemont, con el sargento al volante, pone rumbo a Francia. El jefe del operativo ordena a sus compañeros que devuelvan el coche oficial al Complejo Policial de Egara, y lo comuniquen todo a su superior. A las nueve de la noche los llama: no tiene la documentación del vehículo particular y se la tienen que subir. Quedan en la primera área de servicio después de cruzar la frontera, donde hay una tercera persona: Jami Matamala.

La operación Bruselas, pues, ya está en marcha. Casi en paralelo, Oriol Soler y Sergi Sol reúnen a un grupo de periodistas -José Antich, Pilar Rahola, Mònica Terribas, Toni Soler, Ferran Casas y Vicent Partal- para explicarles que el plan, al día siguiente, será presentarse a los departamentos.

Cinco ‘consellers’ no están en la carretera, y la falta de respuesta de algunos de ellos inquieta a Puigdemont. Cuenta con que Romeva, Rull y Turull irán al día siguiente, pero no localiza ni a Oriol Junqueras ni a Carles Mundó. Un emisario del 'president', ya de noche, va a ver a Marta Rovira. Es tarde y la republicana abre la puerta en pijama. El enviado le da un mensaje: debe localizar a sus compañeros de partido para darles la orden de ir a Bruselas. La republicana mueve hilos en el partido para que personas de su confianza busquen a los 'consellers'.

Ninguno de ellos irá a Bélgica. Mundó ya se había desentendido de las maniobras desde el viernes por la noche. Junqueras tampoco ha estado con el Govern durante el fin de semana. Romeva cree que la prisión tiene que ser una herramienta política y Rull quiere dar la cara.

Ya casi es lunes, y quedan pocas horas para que todos los ojos se fijen en lo que pasa en el Palau de la Generalitat.

Lunes 30

Una pareja vestida de boda cruza la plaza Sant Jaume. Normalmente a las siete y media de la mañana el eje del poder en Cataluña está tranquilo, y pocos pasan por ahí mientras la plaza se despereza. Pero este lunes, en que el otoño ya refresca, la pareja de casados no se pueden hacer una foto tranquilos. Desde primera hora de la mañana un enjambre de cámaras se plantan en la puerta principal de la Generalitat, y hay grupos de periodistas haciendo guardia en todos los accesos. No se darán cuenta de que, en un restaurante cerca, desayunan juntos Raül Romeva y Jordi Turull, ambos con despacho en el Palau de la Generalitat. En ningún momento se dejarán ver por su Departamento.

Justo después de las ocho, una foto en Instagram del ‘president’ comienza a generar comentarios: Puigdemont cuelga una imagen del cielo visto desde el Pati dels Tarongers, y un simple "Buenos días" -con emoticono de sonrisa incluido- que multiplica la inquietud de las decenas de periodistas que se amontonan ahí. El 'president' alimenta las especulaciones e agita las tertulias: no sería raro que hubiera dormido en la Casa dels Canonges, como hace cuando se tiene que quedar en Barcelona, y que hubiera ido hasta el despacho por el puente de la calle del Bisbe. Pero al igual que el puente, el secreto son los detalles: la foto de Puigdemont muestra el cielo manchado por alguna nube, y el día es soleado por todos lados.

Curiosamente, en Bruselas hay alguna nube que enturbia el día inusitadamente claro en la capital belga. Puigdemont llega durante la mañana. Entonces se asegura que lo ha hecho volando desde Marsella, pero la mayoría de fuentes afirman ahora que llegó en coche. Los 'consellers' que han cruzado Francia también han llegado. Lo primero que tienen que hacer es preparar la logística: cada uno busca en la red personal y de partido lugares donde poder instalarse, hasta que acabarán compartiendo residencia en un apartotel, primero, y cada uno por separado, después.

A esa hora, pocos en Cataluña saben dónde están. La falta de contacto con los altos cargos incrementa la inquietud en Barcelona, donde los líderes de opinión tienen la información de que los 'consellers' irán a trabajar con normalidad. La única que cumple esta premisa es la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, que a las ocho y media cruza las puertas del edificio y acata formalmente el 155: da la cámara por disuelta por la convocatoria electoral. Es la señal más inequívoca de que la declaración de independencia de hace unas horas era un símbolo lejos de materializarse.

En los despachos la actividad es casi nula, inversamente proporcional a la expectación a las puertas de cada departamento. La atención se multiplica a cada entrada, y aún más cuando los Mossos hacen acto de presencia en los departamentos -el primero es el de Educación- para notificar a sus titulares que tienen que recoger sus pertenencias y abandonar los despachos. El gobierno español ya controla a la policía catalana, y lo quiere hacer notar desde el primer día.

"En el despacho, ejerciendo las responsabilidades"

Josep Rull, el único que acude al departamento aquella mañana

La duda, durante gran parte de la mañana, es si los 'consellers' acatarán la orden o desafiarán el 155 con su presencia. La ausencia de movimientos en la plaza Sant Jaume y el gesto de Forcadell en el Parlament envían el mensaje de que se asume la suspensión. Pero poco antes de las 10 de la mañana hay un indicio en dirección contraria: el 'conseller' de Territorio, Josep Rull, sale de su despacho, en medio de una gran ovación. Pocos minutos después cuelga una foto en Twitter donde se lo ve trabajando con un periódico del día sobre la mesa, ‘El Punt Avui’, que titula en portada: "A trabajar". La realidad se encargaría poco después de estropear el titular, así como el tuit de Rull. "En el despacho, ejerciendo las responsabilidades encomendadas por el pueblo de Cataluña".

Rull va después a la sede del PDECat, donde el partido celebra un comité de dirección. Junto a la silla del presidente del partido, Artur Mas, hay un asiento reservado para Carles Puigdemont, que permanecerá vacío: el ‘expresident' de la Generalitat se entera de que su sucesor está en Bruselas esa misma mañana. A las diez y media, la hora en que lo esperan en la sede, todo el mundo empieza a ser consciente de que Puigdemont no se presentará ni a la reunión ni a su despacho.

En cambio, en Esquerra no falta su líder, Oriol Junqueras, que está reunido desde las ocho con la plana mayor del partido para celebrar la ejecutiva y decidir los pasos siguientes. También van Raül Romeva y Carles Mundó y, una vez disuelto el Parlament, Forcadell, que ha tenido varias reuniones con personal de la institución, también se acerca. No están ni Meritxell Serret ni Toni Comín ni Dolors Bassa. La sensación es de sorpresa. Incluso muchos dirigentes que sabían que se estaba hablando del exilio no pensaban que el lunes ya se habría confirmado.

Muchos tenían claro que el plan pasaba por presentarse en los despachos a primera hora de la mañana y comparecer juntos en Barcelona. Hasta entonces, los mensajes entre asesores iban y venían y se preguntaban si se debía convocar a la prensa. ¿Por qué Puigdemont cambia de criterio? La mayoría de consultados no tienen respuesta a la pregunta, pero algunos intuyen que el ‘president’ sospechaba que la detención de los miembros del gabinete podía ser inminente.

De hecho, la acción judicial avanza a pasos agigantados. Al mediodía, el fiscal José Manuel Maza comparece. Es el elemento que completa toda la ofensiva del Estado. El ejecutivo está satisfecho con la operación, como muestra la euforia con la que, pocos minutos antes, la ejecutiva del PP ha recibido a Rajoy. Maza anuncia una querella que se preparaba desde antes del 10 de octubre.

-A partir de ahora la fiscalía continuará ejerciendo sus funciones desde la imparcialidad y con estricta observancia de lo dispuesto en la ley, para garantizar el respeto al estado de derecho, el orden constitucional y nuestro sistema de convivencia, gravemente afectado por las conductas que motivan las querellas.

La imparcialidad promesa por Maza ya cae con el título que pone al archivo donde escribe la querella: "Más dura será la caída". Diecinueve días después, con la mayoría del Govern en prisión, el fiscal general del Estado muere por una insuficiencia renal.

La sede de la ALE, primer cuartel en Bruselas

El ‘president’ y los 'consellers' sopesan pedir el asilo

En la capital belga, el 'president' y los 'consellers' se encuentran en la sede de la Alianza Libre Europea, partido político europeo que integra a partidos nacionalistas, entre los cuales ERC. La sede de la ALE se convierte en el primer cuartel general del Govern en Bruselas. En esta reunión están todos excepto los que se han quedado en Barcelona y Clara Ponsatí, que aún no ha llegado a Bruselas.

Algunos 'consellers' aún no saben que en la mente de Puigdemont el exilio es definitivo, porque muchos han ido con la idea de que el objetivo del 'president' es reunir al Govern con tranquilidad y poder pronunciarse desde el corazón de la UE. En este encuentro comienza a visualizarse. Hablan sobre todo de cuestiones legales relativas al exilio, y se plantean pedir asilo. Lo que no está decidido es si se quedan en Bélgica; Suiza todavía tiene posibilidades. Según los presentes en el encuentro, allí se les informa de que los 'consellers' que quedan en Cataluña se reunirán con ellos pronto.

Poco antes de la una y media del mediodía, en Cataluña la noticia se hace pública: Puigdemont está en Bruselas.

Se sabe poco antes de una reunión del grupo parlamentario de JxSí, que ya ha decidido concurrir separadamente al 21-D. Junqueras, presente en el encuentro, consigue mantener su habitual rictus imperturbable. También lo hace cuando, siguiendo la estela del 'conseller' Rull y las instrucciones que se habían emitido el fin de semana, se deja ver en su departamento. Pocos minutos después de las cuatro el ‘vicepresident’ entra en la sede del departamento acompañado de uno de sus hombres de confianza, Sergi Sol. Solo permanece ahí 37 minutos, hablando con el personal de Economía. En la salida, casi se cruza con la comitiva enviada por el gobierno español para hacerse cargo de la cartera, que ocupa posiciones en el departamento.

La Moncloa exhibe satisfacción

Millo: "Mucha gente en Cataluña quería decir basta a los secesionistas"

La Moncloa está satisfecha con el despliegue del 155 y, tras el consejo de ministros de la tarde, para hacer balance de la situación, Enric Millo celebra lo que es visto desde el ejecutivo como una victoria:

-Nos hemos encontrado una gran receptividad y colaboración. No hemos encontrado ninguna oposición ni rechazo. Hay mucha gente en Cataluña, más de la que parece, que quería decir basta a estos secesionistas. Quieren ser catalanes, españoles y europeos.

El choque en Bruselas al saber que Junqueras se queda

Los 'consellers' se enteran por televisión del plan del ‘vicepresident’

En la reunión de Bruselas, Puigdemont les habla del abogado que cree que debe llevar los asuntos del Govern en el país: Paul Bekaert. El 'president' muestra a los 'consellers' la tarjeta de un abogado conocido por su especialidad en extradiciones y pone rumbo a Tielt para reunirse con él, acompañado del 'conseller' Joaquim Forn.

El resto se quedan en la sede de la ALE, siguiendo las noticias toda la tarde y la noche y esperando a que lleguen los otros a Bruselas. Se les ha informado de que el ‘vicepresident’ también irá y de que Rull, Turull y Romeva están juntos en Barcelona esperando un coche que los deje en la capital belga. De hecho, las maletas de los dos últimos han viajado hasta Bélgica.

Pero la realidad va por otro lado. Cuando ponen el telediario ven a Oriol Junqueras. Y su mensaje les deja claro que tiene previsto quedarse y asumir la querella judicial:

-Si me meten en la cárcel no convencen a nadie, no dejaré de defender lo que me parece que es justo y se nos ha de juzgar por lo que hemos hecho. Que nos amenacen con la cárcel no hará que dejemos de actuar en conciencia -afirma Junqueras.

Se quedan en ‘shock’, y la decepción aumenta más tarde. Forn vuelve de Tielt solo, sin Puigdemont, y les comunica que los de Barcelona se quedan. La noche cae y algunos duermen en casas de amigos, otros en un hotel.

Martes 31

El puente entre los que se quedan en Barcelona y los que se van empieza a construir a primera hora. Puigdemont anuncia a la prensa que comparecerá en el Club de Prensa. La primera imagen del ‘president’ es ante la sede de la ALE, el primer cuartel general. En la entrada, acompañado de Jami Matamala, lo abordan un grupo de periodistas.

-¿Tiene planes de quedarse en Bruselas?

En la sede del partido, los 'consellers' comienzan a rehacer puentes con los compañeros que se han quedado en Barcelona. Hacen las primeras llamadas para preguntar por qué se han quedado justo antes de que comience la rueda de prensa en la que el ‘president’ deja claro que volver a Cataluña es complicado:

-Si se pudiera garantizar un juicio justo y con separación de poderes, volveríamos inmediatamente.

La conferencia se hace en un lugar pequeño, más de lo previsto inicialmente, que se tiene que cambiar porque el gobierno belga pone pegas. La localización es una muestra evidente del caos y la improvisación que han acompañado a la delegación bruselense desde la llegada.

Dolors Bassa casi se cae intentando superar a un enjambre de periodistas. Lluís Puig no cabe en la mesa, y los altos cargos tienen que amontonarse para aparecer. El mensaje de Puigdemont, en francés, inglés, castellano y catalán, es el más claro: emplaza a Europa para que se implique en el conflicto. A pesar de haber estado días defendiendo que no existían las estructuras de estado preparadas para desafiar al Estado, en público asegura que el Govern podría haber mantenido el pulso de la República -de hecho, algunas fuentes apuntan a que se habría hecho sin la represión del 20-S y la brutalidad del 1-O-, pero que prefirió no hacerlo para evitar violencia. Y, a aquellos que esperaban algo más de la declaración de independencia, les envía otro mensaje:

-Al pueblo de Cataluña le pido que se prepare para un camino largo.

Por la televisión lo siguen miles de personas. Entre ellas cinco que podrían estar allí pero que han elegido quedarse en Barcelona: Junqueras, Mundó, Romeva, Rull y Turull lo ven, juntos, en una sala en el Parlament donde también está Carme Forcadell. El mensaje no les acaba de gustar. Cuando termina la rueda de prensa, en Bruselas y en Barcelona se conecta el Skype. Los exiliados insisten en preguntar por qué los otros quieren quedarse.

-Si tuvierais el 100% de garantías de que en el exilio no os extraditarían, ¿también os quedaríais en Barcelona? -les pregunta Comín.

La respuesta es afirmativa, y no son los únicos que lo piensan. Forn, Bassa y Puig cogen un avión por la noche, en medio de mucha confusión porque en Barcelona se cree que Puigdemont también viaja en ese avión. Se van de Bruselas asegurando que solo van a saludar a la familia. Solo Puig, que pasa inadvertido en el Prat -mientras que a sus compañeros los esperan unos ultras que les llaman "perros" y "traidores"-, volverá a la capital belga. Bassa y Forn, que se enteran en el aeropuerto de Bruselas de que la citación de la Audiencia Nacional es para dos días después, se quedarán.

También volverá Meritxell Borràs, que pasará un día más en Bruselas pero se encaminará, de nuevo, hacia Barcelona.

El jueves, los 'consellers' declaran en la Audiencia Nacional. Una semana antes, su grupo parlamentario redactaba la propuesta de resolución de la DUI con precaución, para evitar consecuencias legales y poder defenderse de un juez. Siete días después, ante una magistrada que no aceptaría ningún matiz legal, aquellos esfuerzos se revelan inútiles. Como los de todos aquellos mediadores que habían hecho lo imposible para evitar el choque. El choque ya era el pasado, y las consecuencias han llegado hasta el futuro: una autonomía descabezada y un Govern repartido entre la cárcel y el exilio después de 140 horas que cambiaron la historia de Cataluña.

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