Albert Pla: "Los que me regañan como si todavía fuera al cole son unos gilipollas"

No ha dicho ni una verdad en toda la vida 

"De pequeño era un inútil. Como ahora, supongo". Intentar llevar el cantante Albert Pla al terreno de la autobiografía es todo un reto. Cuesta ahuyentar los silencios en este bar donde hablamos, donde ha querido probar el pastel de zanahoria para compararlo con el que hace su mujer, la actriz y DJ Judit Farrés, con quien comparte oficio y dos hijos.

Dice que en la escuela "era un superviviente", intentaba adaptarse. Aquella etapa lo marcó. "Tengo la sensación de que todavía no he terminado el cole, que la sociedad me regaña como si todavía estuviera ahí. Los que lo hacen son unos gilipollas, como los maestros", dice el cantautor, que a raíz de su personalidad artística provocadora e irónica está acostumbrado a ser el centro de polémicas. "No tienen razón", dice sobre los que lo regañan. ¿Esto significa que tienes la autoestima bien puesta? "No, yo soy un inútil, ya lo he dicho. Pero no tolero que otro inútil me diga cómo poner orden en según qué cosas".

"Soy un inútil. Pero no tolero que otro inútil me diga cómo poner orden en según qué cosas"

La música, asegura, fue una casualidad. "Había algo que quería decir y no sabía muy bien cómo. Cuando llegó esto de la música pensé, fantástico, lo canalizo todo hacia aquí". ¿Referentes? "Nunca tuve ídolos ni tengo ahora. Me tocó la época del punk y me gustaban los grupos que había. Bueno, más bien escuchaba a los cantantes y pensaba, mira, haré una canción que no sea así. Nunca he sido un gran mitómano. Quizás me gustaba aquella letra, aquel trozo de guitarra, pero nadie me ha acompañado desde siempre. Sólo la música mexicana".

Albert Pla no tiene tele en casa, ni lee los diarios, ni escucha la radio. "Nunca he sido un gran fan de la actualidad". Decidió dejar de lado los medios por salud mental: "Muchas veces también siento que me están regañando, o me dicen una imbecilidad que no me trago ni con todas las estadísticas y todos los dibujitos que quieran". A veces, sin embargo, no le queda más remedio que ser él el que sale en la tele, en la radio, en las páginas del diario, por la obligación de difundir el trabajo. Entonces se blinda. "Yo no he dicho una verdad en mi vida", asegura, así que cualquier cosa que podamos publicar sobre él le parece "una idiotez", porque no entiende que para promocionar un espectáculo o un disco deba responder preguntas "sobre Shakira, la independencia o la economía de Grecia".

Así que hoy la maquinaria que rodea su trabajo le lleva a atender a los medios para hablar de 'Miedo'. Su última creación es un espectáculo multimedia con música y canciones suyas y de Raül Refree, diseño de arte de Mondongo, visuales de Nueveojos y espacio sonoro de Judit Farrés. 'Miedo' se estrenó en Buenos Aires, agotó entradas en el Grec y del 18 al 21 de octubre lo lleva a la sala Barts. Pobre de mí, me meto en la boca del lobo cuando le pregunto de qué tiene miedo Albert Pla, que se supone que de eso va el espectáculo: "Toma", dice, mientras me ofrece un sobre de azúcar que le ha sobrado del cortado. "Te lo has ganado, eres la periodista un millón que me hace esta pregunta. Pero no lo interpretes como un desprecio hacia los periodistas", añade, firme pero amable.

"Nunca he sido un gran fan de la actualidad"

Los planes de Albert Pla para el otoño y el año que viene giran alrededor de 'Miedo'. Y de la necesidad de mantener a raya todos los proyectos que lo tientan, al menos hasta que llegue el momento de materializar alguno. "Yo siempre estoy pensando y escribiendo. Tengo muchas cosas pensadas, y suelo hacer la que me resulta más sencilla. Siempre tengo 45 o 50 ideas, y al final cuadra alguna porque la haces con un amigo que viene a vivir al lado de casa o porque te liga con el tipo de vida que haces". Quiere ser realista: "Normalmente hago un espectáculo cada dos años. Por edad, pienso que me quedan diez espectáculos por hacer. No quiero que se me ocurra nada más, ya tengo stock. Pero es inevitable ", afirma.

Una de las cosas buenas que le ha dado la música es la posibilidad de dar vueltas al mundo. "Viajar es una parte importante del oficio de cantar. Si no me gustara, no haría tanto tiempo que me dedico a esto. Yo tengo una vida en Sevilla, una vida en Vigo, una vida en Buenos Aires... He vivido en muchos lugares. Cuando vuelves, tienes amigos", valora. En cambio, no ve ninguna erótica especial en la actuación en vivo. "A mí me gusta el directo, me gusta mucho tocar, pero no me produce adrenalina, ni me pongo nervioso, ni antes de subir necesito una concentración especial, ni rezo, ni hago movimientos extraños con la boca ni aspavientos con el cuerpo . Y cuando se acaba el concierto estoy tan ancho. No, no me gusta especialmente encontrarme con el público", se sincera -o no- mientras se termina el pastel de zanahoria. "El de Judit es más bueno", sentencia.

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