'B', o el antídoto de las memorias de Rajoy

Cuatro años después de su estreno se ha proyectado por primera vez en abierto en La Sexta

B, la película sobre la confesión testifical de Luis Bárcenas en 2013, se estrenó el 18 de septiembre de 2015 en un puñado de salas de España y no fue hasta ayer, cuatro años después, que proyectó en La Sexta. En su momento, no duró mucho en las pantallas. Pero durante algunos meses, el director David Ilundain y servidor, que publicaba en aquellos mismos días Queríamos tanto a Luis (Grupo Planeta), hicimos una gira conjunta por varias ciudades españolas, incluyendo Barcelona, para promover el debate, con gran éxito de público. Fue toda una gira a la vieja usanza.

Ya cuando se estrenó, y el actor Pedro Casablanc estuvo entre los nominados al Goya al mejor actor protagonista, se pudieron advertir las consecuencias de la existencia del gobierno de Mariano Rajoy- según Bárcenas, cobró 322.231 euros en negro bajo las siglas de “M.R”., ”M.Rajoy”, “M. Raj.”, “Mariano”, “Mariano Rajoy” y “Mariano R”-, en el telediario de TVE, que anunció a los actores Luis Tosar, por El desconocido, a Asier Etxeandia, por La Novia, a Ricardo Darín, por Truman, y a Pedro Casablanc, pero sin mencionar que era por la película "B".

En una de las escenas del film, Casablanc-Bárcenas entrega al juez Pablo Ruz, el 15 de julio de 2013, durante su declaración-confesión en la Audiencia Nacional, el pendrive que contiene los ejercicios faltantes en la contabilidad manuscrita publicada por EL PAÍS el 31 de enero de 2013, es decir, los años 1993, 1994 y 1995. Este pendrive completa la versión original en papel aportados al juez.

El 22 de marzo de 2013, en su primer encuentro con el juez Ruz por esta causa, la pieza separada de los llamados Papeles de Bárcenas, el extesorero se había negado a declarar. En aquellos días, Bárcenas actuaba de acuerdo con el PP y negaba ser el autor del manuscrito o caja B del PP.

Según explicaba el crítico Carlos Boyero en una entrevista con Carles Francino, días antes del estreno, estamos ante una película. 

No es lo que podría llamarse teatro filmado. Esto es cine. O si se quiere,se trata de la adaptación cinematográfica de una obra teatral, la que dirigió Alberto  San Juan en el madrileño Teatro del Barrio.

El director David Ilundain localiza el metraje completo en una sola sala. Y la sucesión de planos y contraplanos funcionan como un imán que aferra al espectador a la butaca. El diálogo es la reproducción literal de tramos de la declaración que prestó Bárcenas ante el juez con la participación del fiscal Antonio Romeral, las acusaciones populares y la defensa.

Y funciona. Hay intriga, hay socarronería -quizá un punto menor a la que suele emanar del Bárcenas real - y desprende lo que se exige de una película de no ficción de este genero: perplejidad y alucinación.

Es una catarsis. Casablanc no imita a Bárcenas. Lo interpreta. Se aproxima al timbre de su voz, haciéndolo más grave para presentarlo acorde con lo que podríamos llamar el physique du rôle -expresión francesa que define al tiempo el aspecto exterior y el interior de una personalidad-, del extesorero.

La inspiración de Casablanc abreva en fuentes públicas: las idas y venidas de Bárcenas entre su casa y los juzgados, las declaraciones ante las televisiones, la salida de prisión, todo el material que ha hecho del extesorero un personaje familiar. La velocidad con la que habla es algo mayor a la del extesorero. Pero su ritmo se corresponde con la vehemencia. Casablanc ha construido un Bárcenas de carne y hueso. 

Más difícil lo tenía Manolo Solo. Porque interpreta a un juez, Pablo Ruz, que se prodiga muy poco. Todo lo más algún paseíllo, entre la Audiencia Nacional y una cafetería cercana.

El actor, empero, intuye la personalidad discreta, cuidadosa, de un juez que tiene 37 años en el momento de la declaración, y que depende para seguir instruyendo la causa de la renovación de mandato que cada seis meses hace una politizada comisión permanente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ. Su presidente, Carlos Lesmes, se lo quiere quitar de en medio, objetivo que finalmente conseguirá en diciembre de 2014. El Ruz de Manolo Solo, como el Bárcenas de Casablanc, capta muy bien al juez. 

Casablanc-Bárcenas es el encargado de tirar la bomba en el juzgado y Solo-Ruz el que tiene la obligación de extraer las consecuencias.

El resultado es una película de acción dentro de las paredes de una sola habitación. Son ochenta minutos que condensan cinco horas de de la confesión original, transformándola en una sala de despiece de las prácticas del Partido Popular. 

El clima que crea Ilundain con la pareja Casablanc-Solo es como no podía ser de otro modo el de la novela negra americana de los años treinta, el célebre juicio de evasión fiscal en el que la declaración de Leslie (Louis) Shumway, contable de Al Capone, va desgranando las anotaciones de su cuaderno que terminarán por condenar al gánster en 1931 y recluirlo en prisión.

Ahora, Mariano Rajoy se aparta de las anotaciones de Bárcenas -causa reabierta por el juez José de la Mata- y nos dice en sus frescas memorias que "la corrupción fue el talón de Aquiles del PP". Si en en el juicio Gürtel 1999-2005 Mariano Rajoy declaró como testigo, el 26 de julio de 2017, no es raro suponer que volverá a prestar declaración en el de los Papeles de Bárcenas cuando toque celebrar juicio, previsiblemente en 2020.