El apoyo numérico a la independencia

Pueden repasarse los datos de las votaciones del 9-N, el 27-S, el 1-O y de las manifestaciones

A medida que el Estado español profundiza en la violación de los derechos fundamentales, cuestan más y más de entender los artículos equidistantes que abundan en los medios de comunicación catalanes. No voy a entrar en las motivaciones de cada uno, que pueden ir desde la ideología hasta el miedo, pasando por la buena fe o la conveniencia. Dos argumentos recurrentes en estos posicionamientos son pedir diálogo a ambas partes –obviando que hay una parte que explícitamente reclama diálogo y otra que se niega a dialogar– y poner en duda que el apoyo de la población a la independencia sea claro, con alusiones a una supuesta mayoría silenciosa contraria a la independencia. Como el primer argumento cae por su propio peso, intentemos averiguar la cuestión del apoyo de la población repasando los datos que tenemos a nuestro alcance.

En la consulta del 9-N de 2014, en la que podían votar los mayores de 16 años, hubo 2.305.290 votantes, de los cuales 1.861.753 fueron para la independencia ( 'sí-sí'), es decir, un 80,76%. Los votos contra la independencia ( 'no' y 'sí-no') sumaron un 14,61%. Aunque el 'sí' ganó claramente, se podría alegar que la consulta no era oficial, que no había censo y que la participación no fue suficientemente alta.

El sí ganó el 1-O y habría ganado también en un escenario de alta participación

Vamos a las elecciones plebiscitarias del 27-S de 2015. En este caso, la participación fue de las más altas que se recuerdan, un 77,4%. Los partidos del 'sí' obtuvieron 1.957.348 votos, es decir, un 47,74%. Los partidos del 'no' sumaron 1.605.563 votos, que era un 39,17%. El resto de votos, un 11,4%, fueron para partidos no explícitamente alineados ni con el 'sí' ni con el 'no'. Podríamos especular qué parte de los votantes de estos partidos no alineados habrían votado 'sí' en un referéndum pactado: sólo que lo hubiera hecho uno de cada cuatro (lo plausible, dadas las encuestas disponibles y el número de votantes del 'sí-sí' el 9-N y del 'sí' del 1-O) el 'sí' ya habría superado el 50%. Si vamos a la realidad y nos centramos en los votos relevantes en un plebiscito –los 'sí' contra los 'no'–, la proporción de' sí 'fue de un 54,9% de, frente a un 45% de 'no': la diferencia fue de casi 10 puntos porcentuales a favor del 'sí', y, por tanto, muy clara, especialmente debido a la alta participación.

Llegamos al referéndum del 1-O de 2017, en el que, a diferencia del 9-N, sólo podían votar los mayores de 18 años, lo que daba un censo de 5,3 millones de votantes. Hubo 2.286.217 votos emitidos y no secuestrados, que supusieron una participación del 43,1%, que es más alta, a pesar del secuestro de votos, que la del 9-N, porque el censo era más pequeño. De los votos que se pudieron contar, 2.044.038 fueron para el 'sí' (90,18%), y 177.547, para el 'no' (7,83%). Es fácil de ver que para que el 'no' hubiera superado al 'sí' habrían hecho falta 1.866.491 votos adicionales para el 'no', que habrían elevado la participación al 78,3%. Sin embargo, que se hubiera podido encontrar este número de votos negativos en un referéndum pactado es inverosímil por dos razones. Por un lado, entre los votos que no se pudieron contar se puede estimar que había un 90% a favor del 'sí' –es lógico suponer la misma proporción de 'sí' que entre los votos no secuestrados–. Por tanto, el número de votos negativos adicionales habría tenido que ser más alto aún si no hubiera habido secuestro de votos, lo que nos habría llevado a una participación de más del 80%, nunca vista en Cataluña. En definitiva, el sí ganó el 1-O y habría ganado también en un escenario de alta participación –caso probable de un referéndum pactado.

Finalmente, tenemos todavía los números de asistentes a las manifestaciones del 11-S de 2017 –que podríamos asimilar a la manifestación del 'sí' a la independencia– y del 8-O de 2017 –que podríamos asimilar a la manifestación del 'no'–. Tomando la cifra de participación que dio la Guardia Urbana de Barcelona en ambos casos, la manifestación del 'sí' tuvo 1 millón de asistentes, mientras que la del 'no' tuvo su poco más de una tercera parte (350.000, para ser más precisos). No es necesario entrar en cuantos manifestantes del 8-O venían de fuera de Cataluña: la ventaja de la movilización del 'sí' es clamoroso.

Vistas estas cifras, parece que los partidarios de la equidistancia deberían dejar de poner en duda el apoyo popular a la independencia. A falta de podernos contar en un referéndum pactado –lo que la parte española rechaza de plano–, los números que tenemos al alcance parecen bastante claros y consistentes a lo largo del tiempo para que salga adelante con legitimidad la proclamación del nuevo estado.

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