Basta de maltratar a los autónomos

Se tienen que asumir responsabilidades políticas por el lío de las ayudas

Los autónomos se han convertido en el eslabón débil de la crisis económica provocada por la pandemia, puesto que su situación laboral no les ha permitido beneficiarse de medidas como la de los ERTE. La parada forzosa de la actividad en muchos sectores ha dejado a la intemperie a centenares de miles de autónomos, que han visto como de la noche a la mañana sus ingresos se reducían notablemente. En muchos casos, al no poder acreditar unas pérdidas del 75%, no han podido acceder a las ayudas por cese de actividad aprobadas por el gobierno español.

La Generalitat, consciente de este maltrato, quiso compensarlo con una nueva línea de ayudas. El problema es que tanto el diseño de la ayuda como su ejecución han resultado un fiasco de grandes proporciones. El departamento de Trabajo, Bienestar y Familias puso una ayuda directa de 2.000 euros a disposición, atención, de sólo 10.000 de los 100.000 autónomos que cumplían las condiciones. Cuesta de creer que alguien pensara que solo habría 10.000 demandantes. Y, en efecto, en solo una hora se registraron más de 400.000 peticiones para recibir la ayuda. Y encima, el único criterio que se estableció era que el primero que la pidiera a través de una plataforma digital sería quien se la llevaría. Por lo tanto, era evidente que se generaría un colapso monumental y muchos nervios entre los aspirantes.

Y es que la iniciativa también ha puesto a cuerpo descubierto las debilidades de la administración electrónica catalana, puesto que el alud de peticiones colapsó una web que, en sólo tres horas de funcionamiento, ya agotó las 10.000 peticiones. La situación ha sido tan caótica que la consejera de Presidencia, Meritxell Budó, tuvo que pedir disculpas después del consejo ejecutivo, y horas después ya se hizo una reunión para replantear las ayudas. Y si no hay dinero, que se diga y se denuncie en Madrid, pero lo que no se puede hacer es generar más frustración entre los autónomos.

Aun así, llueve sobre mojado en el departamento que dirige Chakir el Homrani, responsable de la deficiente gestión de las residencias durante la primera oleada y que creó una enorme confusión sobre el teletrabajo cuando quiso hacer creer que la Generalitat tenía la potestad de hacerlo obligatorio. Es cierto que en este caso comparte protagonismo con el departamento de Políticas Digitales de Jordi Puigneró, responsable de la plataforma digital, pero el grado principal de responsabilidad recae en quién aprobó una medida destinada a fracasar y a crear malestar. Por lo tanto, es él quien tendría que asumir la responsabilidad política del fiasco y poner el cargo a disposición de quien ahora ejerce de presidente, es decir, el vicepresidente Pere Aragonès, que, recordemos, no tiene la potestad de cesar consellers.

Dicho esto, resulta lamentable que estos episodios quieran ser aprovechados entre socios para sacar un rédito partidista. En un gobierno de coalición, la mala gestión acaba afectando al conjunto del ejecutivo, puesto que el porcentaje de población que sabe qué partido gestiona cada consejería es ínfimo. Por lo tanto, lo que tendrían que hacer tanto JxCat como ERC es ponerse las pilas para evitar más episodios como este, funcionar como un único gobierno y dejarse de maniobras de desgaste mutuo.

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